TAPA LIBRO DE LA COMUNIDAD PARA EL DESARROLLO HUMANO 1981

La Comunidad

(para el equilibrio y desarrollo del ser humano)


Derechos reservados por: La Communauté pour l‟équilibre et le développement de l‟être humain de Paris.

Se terminó de imprimir el 30 de Abril de 1981 en los talleres gráficos Ennio F. Ayosa Impresores. Vera 1459/61 – 1414 – Capital Federal.


El Libro de la Comunidad

Contenido

Objeto y plan del Libro 10

Capítulo I 11

  1. Explicaciones generales 12
  2. Explicaciones para los instructores 16

Sobre las distintas formas de presentar las experiencias 18

Capítulo II 21

Temas Formativos 21

  1. Temas varios 22

¿Por qué se considera imposible alcanzar la felicidad? 22

Las falsas soluciones. 22

Puntos de Doctrina 23

Sobre las experiencias guiadas. 23

El guía interno. 25

Los aforismos. 25

  1. Temas sobre la Comunidad 27

La Comunidad como ayuda. 27

Los trabajos de La Comunidad no son una terapia 27

  1. Temas sobre el sufrimiento 29

Felicidad y sufrimiento. 29

Las tres vías del sufrimiento. 29

El sufrimiento por el recuerdo. 30

El sufrimiento por la imaginación. 31

  1. Temas sobre la acción en general 32

Conducta externa y experiencia interna. 32

Unidad y contradicción. 32

Pensar, sentir y actuar en la misma dirección. 33

La verdadera solidaridad. 33

  1. Temas sobre la acción valida 35

1º El principio de adaptación. “Ir contra la evolución de las cosas, es ir
      contra uno mismo”. 35

2º El Principio de acción y reacción. “Cuando fuerzas algo hacia un fin,
      produces lo contrario”. 36

3º El Principio de la acción oportuna. “No te opongas a una gran fuerza.
      Retrocede hasta que aquella se debilite, entonces, avanza con resolución”. 38

4º El principio de proporción. “Las cosas están bien cuando
      marchan en conjunto, no aisladamente”. 40

5º El Principio de conformidad. “Si para ti están bien el día y la noche,
      el verano y el invierno, has superado las contradicciones”. 41

6º El Principio del placer. “Si persigues el placer te encadenas al sufrimiento.
      Pero, en tanto no perjudiques tu salud, goza sin inhibición
      cuando la oportunidad se presente”. 43

7º El Principio de la acción inmediata. Si persigues un fin te encadenas.
      Si todo lo que haces lo realizan como si fuera un fin en sí mismo, te liberas”. 44

8º El Principio de la acción comprendida. “Harás desaparecer tus conflictos
      cuando los entiendas en su última raíz, no cuando quieras resolverlos”. 45

9º El Principio de libertad. “Cuando perjudicas a los demás,
      quedas encadenado. Pero, si no perjudicas a otros, puedes hacer
      cuanto quieras con libertad”. 45

10º El Principio de solidaridad. “Cuando tratas a los demás como quieres
        que te traten, te liberas”. 46

11º El principio de negación de los opuestos. “No importa en qué bando
        te hayan puesto los acontecimientos; lo que importa es que comprendas
        que tú no has elegido ningún bando”. 46

12º El principio de acumulación de las acciones. “Los actos contradictorios
      o unitivos se acumulan en ti. Si repites tus actos de unidad interna,
      ya nada podrá detenerte”. 47

Capítulo III 51

  1. Experiencias guiadas 52

1º Experiencias de reconciliación con el pasado 53

El Niño 54

El Temor 56

El Enemigo 58

El Gran Error 60

La Nostalgia 64

La Pareja Ideal 66

El Resentimiento 69

Ejercicio de Descenso 72

Catarsis 74

2º Experiencias de ubicación en el momento actual 76

La Protectora de la Vida 77

Ejercicio de Avances y Retrocesos 79

El Trineo 81

Las Nubes 84

El Minero 86

Ejercicio de Transformismos y Expansiones 89

Configuración del Guía Interno 91

La Desorientación y el Guía Interno 93

La Vejación y el Guía Interno 94

La Indecisión y el Guía Interno 96

3º Experiencias de Propuesta a Futuro 97

La Acción Salvadora 98

Ejercicio de Ascenso 102

Las Falsas Esperanzas 104

4º Experiencias Sobre el Sentido de la Vida 106

La Repetición 107

El Viaje 109

El Festival 111

La Muerte 114

  1. Experiencias cotidianas y ocasionales 117

1º Experiencias Cotidianas 117

2º Experiencias Ocasionales 117

Notas Ampliatorias 119

 

Objeto y plan del Libro

Este libro, tiene por objeto aclarar procedimientos de La Comunidad en materia de difusión, organización y forma de trabajo. Ha sido concebido como manual de actividad práctica, eludiendo cuestiones de fundamento teórico. Tal fundamento, aparece en los libros La Mirada Interna y Autoliberación, por otra parte, recomendados por La Comunidad.

El lector podrá disponer de la obra con agilidad si tiene en cuenta su plan, articulado del siguiente modo: capítulo I, explicaciones; II, temas formativos; III, experiencias. Finalmente, las notas ampliatorias facilitarán su manejo del texto.

 

Capítulo I

Explicaciones

  1. Explicaciones generales

 

Nombre. La Comunidad (para el equilibrio y desarrollo del ser humano).

Definición. La Comunidad es el conjunto de personas orientado al estudio, perfeccionamiento y enseñanza de un sistema útil al equilibrio y desarrollo del ser humano. Tal sistema es una doctrina, un sentimiento y una forma de vivir.

Doctrina. La Comunidad explica que el equilibrio y desarrollo individual y social pueden lograrse si las personas adquieren un coherente sentido de la vida. De otro modo, toda existencia sin dirección o falseada en su sentido, genera sufrimiento personal y colectivo. La Comunidad, es el instrumento que ayuda a esclarecer ese sentido o a convertir un sentido falseado, en una orientación verdadera de vida.

Sentimiento. Los miembros de La Comunidad, coinciden en un mismo sentimiento de solidaridad. Advierten que sus experiencias son válidas si logran cambios positivos en ellos y en otras personas a las que llevan su enseñanza. Se sienten responsables de la desorientación de quienes los rodean y, por tanto, se consideran guías capaces de orientar a su medio inmediato.

Forma de vivir. La Comunidad propone normas morales de vida, basadas en acciones verdaderas y valiosas. El principio moral más importante que predica, se enuncia así: “Trata a los demás como quieres que te traten”. Existen otros principios de acción válida, que sirven de orientación en la conducta de los miembros de La Comunidad. 

Participación. La participación está abierta a todas las personas del mundo sin distinción. Puede ser miembro cualquier persona que profese o no, una determinada religión; igualmente, quien adhiera o milite en corrientes políticas, siempre que sus particulares convicciones no sean llevadas al seno de La Comunidad.

Cualquier persona puede participar de las reuniones de La Comunidad sin compromiso alguno, retirándose y reincorporándose tantas veces como sea su deseo. Pero, cuando alguien coincide en sus objetivos de vida con los que plantea La Comunidad tiene la oportunidad de participar activamente de su organización, expansión y dirección.

Régimen. La Comunidad respeta las normas vigentes de cada país, al par que solicita reconocimiento legal de sus actividades como institución cultural y social dedicada al progreso humano.

Antecedentes. La doctrina de La Comunidad, nació el 4 de Mayo de 1969 en Mendoza, Argentina. Silo, el fundador, dio en esa oportunidad una explicación pública conocida como “La curación del sufrimiento”. Posteriormente, escribió el libro titulado “La Mirada Interna”, que es la referencia doctrinaria de La Comunidad. Con el correr del tiempo, se fueron redactando numerosos trabajos en base a las enseñanzas iniciales. Las contribuciones producidas por los miembros de La Comunidad, continúan esclareciendo y ampliando las ideas originales.

Organización. La Comunidad se organiza de acuerdo a grados de participación, destacándose distintos niveles a los que se accede según cumplimiento de requisitos precisos. La Comunidad es una organización pública y abierta basada en criterios de amistad, ayuda y experiencia. Los miembros difunden su mensaje de acuerdo a los medios con que cuentan y explicitan con claridad sus fuentes de inspiración, fines y procedimientos.

Niveles de participación. Se destacan tres niveles de miembros. Miembro adherente es cualquier persona que asiste a las reuniones sin compromiso alguno, sin permanencia y sin participación en otras actividades de La Comunidad.

Un miembro adherente que asiste con regularidad a las reuniones y presenta a dos nuevos miembros, puede solicitar su promoción a miembro activo efectuando para ello una declaración verbal ante La Comunidad, en estos términos: “La Comunidad ha sido definida como el conjunto de personas orientado al estudio, perfeccionamiento y enseñanza de un sistema útil al equilibrio y desarrollo del ser humano. También se ha dicho que tal sistema es una doctrina, un sentimiento y una forma de vivir. He comprobado que esas afirmaciones coinciden con mis experiencias, por ello me intereso en una participación más activa que considero positiva para mí y para el engrandecimiento de la obra común”. Desde ese momento, participa de la organización de La Comunidad y contribuye en la colecta anual.

Instructor. Es aquel miembro activo que se ha capacitado, realizando tareas y estudios en base al libro Autoliberación. Esas tareas y estudios, son conocidos como “trabajos de Escuela”. El instructor orienta a su comunidad, en reuniones semanales de una hora de duración en base al presente Libro de La Comunidad. También cumple con la realización de reuniones estacionales cuatro veces por año, en los días de cambio de estación. En esos encuentros, efectúa promociones de adherentes a activos.

Economía. Una vez por año, se realiza la colecta de La Comunidad. En ella participan los miembros activos con una cuota fija y los instructores con el doble del aporte de aquellos. Para los adherentes no existe compromiso de colaboración. La economía de La Comunidad, funciona en base a la colecta mencionada. Con los recursos obtenidos, se sostienen locales y solventan los gastos de difusión.

Comienzo de las actividades de La Comunidad. Cuando un grupo de personas empieza a reunirse para trabajar con el presente libro, está naciendo La Comunidad. Ese grupo lograra permanencia y se decantarán distintos niveles de participación. Entonces estará en condiciones de gestionar su reconocimiento legal presentando ante las autoridades correspondientes: La Mirada Interna, como texto doctrinario: Autoliberación, como material de capacitación de los instructores, el presente Libro de La Comunidad, como manual de trabajo y los estatutos o carta orgánica, de acuerdo a los puntos citados anteriormente.

El grupo promotor de la legalización de La Comunidad, se adecuará en su organización a los requisitos que se exigen para las entidades culturales y sociales, respetando en todos los casos las diferencias entre miembros adherentes y activos, como asimismo estableciendo la orientación general en manos de un instructor debidamente capacitado.

La Comunidad legalizada abrirá tantos locales como permita su desarrollo, efectuando en ellos sus reuniones semanales y estacionales.

Difusión de La Comunidad. La Comunidad propicia conferencias públicas en sus locales, o en otros adecuados a esos efectos. También impulsa la difusión de sus ideas a través de los medios de comunicación social y de todos los canales aptos para el contacto personal o colectivo.

La difusión que desarrolla La Comunidad, se apoya en dos Ideas: 1º nunca hace confrontación. Se dedica exclusivamente a esclarecer sobre sus temas y por ningún motivo se aleja de ellos; 2º invita de inmediato a la realización de experiencias personales por sobre todo otro argumento.

Para su mejor identificación, La Comunidad usa un círculo como su representación y en su interior un triángulo equilátero cuya base significa “experiencia”; uno de sus lados “ayuda” y el otro “amistad”. El símbolo va en color negro sobre un campo anaranjado, como representación de servicio al prójimo.

Ubicación frente a La Comunidad. El punto decisivo para un miembro de La Comunidad, se refiere a cómo ubica a ésta entre sus diversos intereses personales.

Si considera a La Comunidad como un objeto permutable por otros, seguramente obtendrá resultados anecdóticos. Si, en cambio, utiliza a La Comunidad como referencia de vida, sus diversos intereses personales se ordenarán de acuerdo a primacías y obtendrán coherencia.

Utilizar una referencia fija en un mundo personal y social en continuo cambio, en lugar de limitar posibilidades da sentido, concentra fuerzas dispersas e impulsa el desarrollo.

Ubicar a La Comunidad como una referencia fija, es poner fin a la desorientación.

Algunas personas pueden entender las experiencias que se realizan en La Comunidad, bajo una faz terapéutica. Si reflexionan correctamente, comprenderán que su equilibrio y desarrollo personal no es cosa que pueda lograr una terapia sino que es cuestión más profunda referida al sentido de la vida, a referencias claras y al compromiso con actividades que trascienden lo personal.

Nadie soluciona sus problemas por pensar continuamente en ellos. Es la actividad bien orientada, la que termina superando a los problemas. Pero ello no es tan fácil de efectuar en base a simples propuestas individuales. Debe haber una actividad organizada que sirva de referencia a las actividades particulares y eso puede hacerlo La Comunidad, si una persona se ubica ante ella de modo adecuado.

Ubicación de La Comunidad en el medio social. La Comunidad estimula a sus miembros a la participación entusiasta en los medios en que desarrollan sus ocupaciones, destacando siempre la gran importancia que concede a la comunicación y el intercambio entre personas de distintas actividades.

Preguntas básicas sobre La Comunidad. ¿Qué ofrece La Comunidad? Ofrece un coherente sentido de la vida, atendiendo al equilibrio y desarrollo de las personas que se acercan a ella. Da la oportunidad de solucionar los problemas personales y de superar el sufrimiento.

¿Qué pide La Comunidad? Pide que aquel que toma las herramientas que se le dan, las utilice en la vida diaria y las ofrezcas a otras personas.

¿Cómo da lo que ofrece La Comunidad? Lo da a través de sus reuniones semanales, con una breve información cada vez y trabajando experiencias de equilibrio y desarrollo.

¿Sobre qué tratan las experiencias de La Comunidad? Sobre la reconciliación de las personas mismas, superando las frustraciones y los resentimientos pasados, ordenando las actividades presentes y dando un sentido de futuro que elimine las angustias, los temores y la desorientación. Trabajos sobre esos puntos, se realizan en cada reunión de La Comunidad.

¿Cuál es la idea principal de La Comunidad? Es esta: “La vida tiene un sentido y las acciones deben ser guiadas por ese sentido”.

¿Qué recomienda La Comunidad? Recomienda que se intente esta experiencia única en la vida. La Comunidad explica sus ideas sin discutir asuntos que desviarían de lo más importante, esto es la realización de la experiencia.

  1. Explicaciones para los instructores

Sobre este libro. El presente material, ofrece las siguientes ventajas: 1º su manejo es sencillo aún para el instructor de poca experiencia, o con dificultades en la trasmisión de los temas que nos ocupan; 2º está concebido para que los asistentes a los trabajos de Comunidad, se pongan en contacto con experiencias de cambio, con sólo seguir las lecturas que efectúa el instructor; 3º está integrado con elementos básicos suficientes, de los que puede derivar una adecuada difusión pública de la imagen de La Comunidad.

Si bien esta obra, no se adecua a la impresión y posterior entrega al gran público por medio de editoriales, distribuidoras y librerías, es importante que pueda disponer de ella cualquier persona que la solicite, sea o no miembro de La Comunidad. Por ello, tanto en las reuniones semanales, como en las conferencias públicas y en cualquier acto de difusión, debería estar expuesta ante los concurrentes, facilitándoles de ese modo su adquisición.

Sobre los temas formativos. Están tratados en el capítulo II. Son breves exposiciones que permiten acercar al lector o al oyente, al espíritu de La Comunidad. Esos temas están agrupados por materias del siguiente modo: Temas varios; temas sobre La Comunidad; temas sobre el sufrimiento; temas sobre la acción en general y temas sobre la acción válida.

Cada tema formativo, es un motivo de reflexión que ocasionalmente se utiliza en las reuniones semanales o estacionales, pero que puede ser estudiado individualmente; discutido con otras personas; expuesto en conferencias; o, por último, utilizado como motivo de inspiración en la producción de materiales de esclarecimiento y difusión.

Sobre las experiencias. El capítulo III está dedicado a dos grupos diferentes de experiencias. En primer lugar las experiencias guiadas que se desarrollan en las reuniones semanales y luego, las experiencias ocasionales y cotidianas.

Sobre reuniones semanales y experiencias guiadas. No se pretende que quien llegue por primera vez a una reunión, comprenda totalmente las propuestas de La Comunidad, sino que entienda bien el trabajo de ese encuentro, lo pueda seguir y de inmediato obtenga beneficios. Su posterior asistencia, aunque fuera discontinua, le permitirá una visión más amplia y una experiencia progresivamente enriquecida. Nada impedirá, por otra parte, que reciba información más completa de otros participes en cualquier oportunidad, o por medio de los materiales que La Comunidad prepara a esos efectos.

La colaboración de los miembros activos en la recepción de nuevos concurrentes y el esclarecimiento que pueden brindarles, es una ayuda valiosa que el instructor no puede suplir.

Se ha estructurado un número suficiente de reuniones semanales. Estas aparecen ordenadas no en secuencia sino en grupos temáticos, para facilitar la elección del instructor de acuerdo a las necesidades de La Comunidad que el orienta.

El esquema de toda reunión semanal, es el siguiente; 1º aclaración sobre la 


experiencia a llevarse a cabo; 2º experiencia guiada; 3º intercambio sobre la experiencia y 4º recomendación.

La aclaración explica el significado y los resultados que se pretenden de cada experiencia.

La experiencia guiada opera con elementos transferenciales y en ocasiones catárticos, que son presentados dando generalmente los continentes, las conectivas y las direcciones, de modo que los concurrentes puedan completarlas con sus propios contenidos. Las resistencias que se presentan, deben ser consideradas como lo más importante de la experiencia guiada. Vencerlas, es uno de los objetivos transferenciales.

Las experiencias guiadas consisten en una serie de frases mediante las cuales se describe la escenografía mental en la que el practicante debe emplazarse, produciendo climas afectivos que permitan el surgimiento de núcleos de problema. Las frases están separadas por puntos aparte, indicando al instructor que interrumpa la lectura de acuerdo a la dificultad de las imágenes. Por otra parte, los asteriscos (*), señalan silencios prolongados que debe hacer el instructor, dando al practicante la oportunidad de elaborar los núcleos de problema de acuerdo a sus particulares contenidos. Esas pausas varían desde algunos segundos a un máximo de dos minutos. Tal elasticidad, exige por parte del instructor, conocimiento y experiencia personal del texto que luego propone a su comunidad.

Durante la experiencia conviene el mayor silencio ambiental y una iluminación suave, de manera que los concurrentes puedan concentrarse bien en su trabajo. Por igual motivo, es recomendable que el ejercicio se realice con los párpados cerrados.

Uno de los objetivos de la experiencia es detectar resistencias, pero también superarlas. En una reunión las resistencias pueden quedar resaltadas sin ser vencidas. Frente a ese hecho, no parece adecuado dejar librado al practicante a que efectúe repeticiones por cuenta propia, en el intento de superar los inconvenientes. Lo indicado es que el instructor destine las siguientes reuniones a repetir la misma experiencia, hasta producir los resultados buscados.

El intercambio sobre la experiencia cumple con lo que en Operativa se conoce como “discusión vigílica” y sirve a la ampliación y cambio del punto de vista sobre la propia experiencia.

El intercambio tiende a una participación razonable de los concurrentes, limitada al tiempo que se dispone para que la reunión no exceda la hora de trabajo. En caso de una viva participación, o de un grupo comunicativo y numeroso, el instructor interrumpirá el intercambio con la “recomendación” que cerrará formalmente la reunión. Eso dejará en libertad a las personas que necesiten retirarse. Sin embargo, no se pondrá obstáculo a que otras puedan continuar el intercambio un tiempo más.

Es posible que algunos participes mencionen resistencias que no pudieron superar. Otros, comentarán las soluciones que encontraron. Dados esos dos casos, el intercambio adquiere el sentido de una ayuda y enriquecimiento grupal. Los miembros activos, pueden dinamizar considerablemente la participación general, si son ellos quienes comienzan el intercambio. Está claro que el mismo, debe referirse exclusivamente a la experiencia realizada en esa reunión.

La recomendación final, está orientada a fortalecer la elaboración post-transferencial, enfatizando en el vencimiento de las resistencias. Consiste en una propuesta que lee el instructor, en base a los núcleos de la experiencia trabajada en esa reunión. Casi siempre se trata de una invitación a observar en la vida diaria y en la propia conducta, el reflejo de las resistencias que se detectaron en la experiencia y, parejamente, a comprobar los cambios cuando las resistencias fueron vencidas.

De acuerdo a lo comentado en este punto, con excepción del intercambio que hacen entre sí los concurrentes, las otras tres partes de la reunión están preparadas para ser leídas por el instructor, evitándose de ese modo improvisaciones que pudieran ser desafortunadas.

Sobre experiencias ocasionales y cotidianas. Están tratadas en el capítulo III. Son breves experiencias que no se trabajan en las reuniones semanales sino en ocasiones precisas de la vida y en momentos del día en que los hitos de actividades aparecen marcados con mucha nitidez.

Algunas de ellas pueden ser aprendidas literalmente y evocadas luego, en el momento oportuno. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que en un completo aprendizaje habría que relacionar las frases que se memorizan con imágenes y experiencias de fuerte tono afectivo, de modo que la posterior evocación tenga el efecto de las experiencias guiadas.

Sobre las notas ampliatorias. Son desarrollos de los puntos del libro señalados con números de llamada. Algunas de las notas, suponen en el lector un nivel de conocimiento logrado en “Trabajos de Escuela”. En general, puede decirse que para una comprensión primaria del libro, la consulta de esas llamadas es innecesaria.

Sobre las distintas formas de  presentar las experiencias.

1º Experiencias guiadas fuera de la reunión de Comunidad. Nada impide en excepcionales ocasiones, que el instructor desarrolle una reunión de experiencia a una sola persona. En tal caso, deberá tener en cuenta que el intercambio habrá de efectuarse como un requisito de importancia, pero estará limitado a la comunicación que el practicante desee hacer y a observaciones que el instructor efectúe sobre dicha comunicación.

2° La experiencia guiada personal. Una persona puede grabar experiencias ya realizadas en reunión de Comunidad y escucharlas luego por propia cuenta, facilitando de ese modo el vencimiento de las resistencias originales. Pero se enfatiza en que las experiencias grabadas se trabajen luego de haberlas realizado en reunión, por cuanto las explicaciones, intercambios y recomendaciones, forman con las experiencias unidades de trabajo que, fragmentadas, pierden el objetivo para el cual han sido diseñadas.

Las experiencias personales (si son grabadas) pueden ser ambientadas con efectos especiales favoreciendo la escenografía mental y el clima afectivo que preparan a la elaboración de los núcleos de problema. Desde luego que en este caso, como en cualquier otro, habrá que respetar el texto original, si no se desea caer en improvisaciones que deriven hacia resultados diferentes a los previstos.

3º Experiencias guiadas y medios de comunicación. Un programa radial puede ser emitido semanalmente, en base a las reuniones de Comunidad. En tal caso, se tendrá en cuenta que los suspensos entre puntos aparte y los silencios marcados por asteriscos, deberán abreviarse en atención a las características propias del medio usado. Por otra parte, el instructor deberá suplir el intercambio, haciendo comentarios que permitan a los oyentes reconocer sus propias experiencias en materia de resistencias y vencimientos de las mismas. La recomendación se mantendrá como en cualquier reunión y al finalizar toda la tarea, se suministrará al oyente el conjunto de datos telefónicos y postales de La Comunidad, para que pueda solicitar el presente libro o la información que le fuera necesaria.

Un programa radial, puede ser ambientado sin inconveniente con los efectos especiales mencionados en el punto anterior.

El caso de la experiencia guiada y los programas de televisión ofrece algunas dificultades ya que la imagen visual propuesta al espectador desvirtúa la propia elaboración. No obstante, también aquí los efectos especiales y la insinuación de los paisajes pueden superar las dificultades.

Lo dicho anteriormente, vale para la cinematografía y, en alguna medida, para la producción gráfica historietista.

Este punto de “las experiencias guiadas y los medios de comunicación”, exige por parte de aquellos que trabajan en él un adecuado nivel técnico y desde luego, el toque artístico que pueda convertir a la experiencia en una presentación de calidad. Opuestamente una presentación de poco nivel técnico y artístico desmerecerá la experiencia cerrando posibilidades a públicos numerosos.

4º Reuniones de experiencia y comunidades espontáneas. Ateniéndose al presente libro, cualquier persona responsable está en condiciones de configurar una comunidad espontánea. Esa comunidad, obtendrá debido reconocimiento cuando alguno de sus miembros pueda ser capacitado en “Trabajos de Escuela”, en base al libro de Autoliberación. Mientras tanto, esta obra como asimismo La Mirada Interna, podrán ser utilizadas con indudable beneficio. De este modo, las comunidades espontáneas pueden erigirse en lugares donde aún no funciona La Comunidad, gracias a los medios de comunicación, a la correspondencia epistolar y al contacto ocasional que cualquier miembro puede hacer con personas de latitudes alejadas.

Se recomienda aquí releer el punto: “Comienzo de las actividades de La Comunidad”.

5° Conferencias-experiencia y reuniones estacionales. El estilo de una conferencia de La Comunidad no difiere del que se observa en una reunión habitual. La conferencia se realiza con el objeto de informar al público sobre los temas generales de La Comunidad, pero inmediatamente el expositor pasa a desarrollar la reunión completa que haya seleccionado para esa ocasión. La conferencia en cuanto tal, no deberá sobrepasar los diez minutos. Inmediatamente, se procede como en cualquier reunión.

Por lo anterior, La Comunidad jamás invita a una “conferencia” simplemente, sino a una “conferencia-experiencia”, destacando que se trata de una breve exposición acompañada por prácticas en las que el público participa. Las conferencias-experiencia, admiten algunas variaciones en el intercambio de acuerdo a la cantidad de asistentes. En el caso de un nutrido número, se invita a los concurrentes a efectuar el intercambio alrededor de mesas de trabajo separadas, orientada cada una por un instructor. Queda en claro, la dificultad práctica de un intercambio multitudinario.

Las conferencias-experiencia se desarrollan exitosamente en locales públicos y de La Comunidad, en instituciones y en casas particulares, conservando siempre el mismo estilo.

En cuanto a la reunión estacional, debe advertirse que su estructura es similar a la de cualquier conferencia-experiencia, con el agregado de la promoción de miembros adherentes a la calidad de activos y con la conclusión del acto, en un ágape de camaradería.

 

Capítulo II

Temas Formativos

  1. Temas varios

¿Por qué se considera imposible alcanzar la felicidad?

A veces por prejuicios. Por ejemplo: desde niños se nos explica que vivir es casi lo mismo que sufrir; que todo lo que se logra es en base a sufrimiento; que el sufrimiento da sabiduría, etc.

Hay otros que afirman que al primer paso que uno da, se encuentra con inconvenientes… Pero, es claro, nosotros no confundimos los inconvenientes que pueden ser reducidos a su real pequeñez (y que a veces dan a la vida un interesante sabor), con el sufrimiento como sensación que acompaña a la contradicción profunda.

Tampoco confundimos el dolor físico con el sufrimiento mental, según hemos visto en alguna otra oportunidad.

Por lo demás, hay muchas personas que desean conservar el sufrimiento. Este hecho, es aparentemente imposible a menos que se lo piense en una perspectiva patológica. Sin embargo, cuántos hay que frente a la posibilidad de cambio positivo en sus vidas, la rechazan porque sienten que al sufrir reciben algún tipo de beneficio de su medio. Pero eso es una trampa de la mente y un círculo vicioso que lleva a la destrucción.

Finalmente, están aquellos que realmente aspiran a la felicidad, pero que no harían el mínimo esfuerzo por lograrla y, por tanto, se les aparece como un ideal deseable pero imposible de realizar.

No se trata de malinterpretar estas cosas y suponer que la felicidad se logra de una vez y definitivamente. Sabemos que se puede ir derrotando el sufrimiento, sabemos que se puede ir logrando un estado de satisfacción creciente con uno mismo y sabemos que esto depende del esclarecimiento que vayamos haciendo del real sentido de la vida. No hablemos de imposibles en este campo. Tampoco digamos que esto puede ser válido para una minoría que tiene sus cosas materiales resueltas, porque la experiencia no demuestra eso. Lo que si demuestra la experiencia es que miles de personas se encaminan en esta dirección que proponemos, porque comprueban que estos planteos les son beneficiosos en la vida diaria.

Las falsas soluciones.

Si alguien dice: “¡yo con más dinero sería feliz!”, debería consultar a los que tienen más dinero para saber que ellos no han logrado la felicidad.

Se podría revisar una larga lista de actividades y al final de la cadena, hallaríamos siempre el sufrimiento.

Por cierto, muchos confunden un breve instante de felicidad, con un estado creciente de felicidad, a medida que pasa el tiempo.

Por ejemplo, un poeta podría decir: “me basta con mirar una flor, para ser feliz”. Es claro que será feliz… por un corto instante. Eso mismo vale para cualquier actividad placentera. El placer del instante, muere en el instante. En cambio, el estado de felicidad por pequeño que sea si se continúa en el tiempo, va creciendo. Eso es posible si tal estado está orientado por un sentido de la vida, no por un acto que muere inmediatamente.

 

Nosotros no decimos que el placer sea perjudicial, sino que es corto. Decimos que está bien en su momento, pero que no puede dar fundamento a la vida.

Uno debe saber si su vida se hace más plena o más vacía a medida que pasa el tiempo. Entonces, comprenderá si su felicidad crece o disminuye. ¿Pero, cómo saber eso?

Hay que aprender a comparar momentos, de un modo justo. Si mis buenos momentos actuales son inferiores a los de otra época, algo anda mal. Si son mejores, estoy bien orientado. También hay que saber comparar los aspectos negativos. Si mis malos momentos actuales, son peores que los malos momentos de otra época, entonces algo falla. Si estos malos momentos, de todas maneras no me afectan como en otras épocas, es que estoy avanzando, estoy creciendo internamente.

A medida que un nuevo sentido orienta a la propia vida, la comparación con momentos anteriores positivos y negativos, deja un saldo favorable. Haga lo que haga, si al comparar, el saldo no es favorable, está claro que estoy viviendo falsas soluciones que me llevaran tarde o temprano al sin-sentido.

Puntos de Doctrina.

Podemos sintetizar la doctrina de La Comunidad en sus puntos más importantes: 1° El ser humano tiende a lograr su felicidad. 2º El dolor y el sufrimiento se oponen a la felicidad. 3º El dolor es físico y su retroceso depende del avance de la sociedad y de la ciencia. El sufrimiento es mental y su retroceso depende de la reconciliación consigo mismo. 4° Se sufre por vivir situaciones contradictorias, por recordarlas y por imaginarlas. Esas son las tres vías del sufrimiento: 5º Únicamente, un verdadero sentido de la vida proporciona unidad, logra reconciliación, esto es: rompe la contradicción en las tres vías.

Resumiendo: cuando surge el verdadero sentido, el ser humano se reconcilia consigo mismo, haciendo retroceder el sufrimiento y despejando el camino de la felicidad.

Sobre las experiencias guiadas.

Las experiencias guiadas permiten a quienes las practican, reconciliarse consigo mismos superando las frustraciones y los resentimientos pasados; ordenando las

actividades presentes y dando un sentido de futuro que elimine las angustias, los temores y la desorientación.

Las experiencias guiadas, se presentan con gran variedad pero todas tienden a lo mismo: movilizar los pensamientos con referencia a conflictos o dificultades, para que se puedan manejar, reorganizándolos de un modo positivo.

Las experiencias guiadas se trabajan en las reuniones de Comunidad pero también están aquellas cotidianas y ocasionales, que cada individuo utiliza según sean las situaciones.

Podríamos definir a las experiencias guiadas como “modelos de meditación dinámica, cuyo objeto es la propia vida del que medita, con la intención de llegar a los conflictos a fin de superarlos”.

El guía interno.

A veces, uno se encuentra en momentos de soledad y considera sus dudas y proyectos, estableciendo una especie de conversación en voz alta, como si hablara con otro. Pero en general, uno se pregunta y responde en silencio, formulando también deseos o arrepintiéndose de haber hecho mal las cosas.

Hay quienes imaginan a sus padres o a personas queridas y respetadas a las que dirigen sus preguntas, no importando siquiera si esos seres están vivos.

En ocasiones, también pensamos qué hubiera hecho otra persona en nuestro lugar.

A veces, tendemos a seguir lo que consideramos buenos ejemplos, e imitamos actitudes y comportamientos de otros, imaginando a menudo diálogos con ellos.

Todos los casos que hemos mencionado, responden a un mecanismo útil de la imaginación: el mecanismo del guía interno.

Cualquier persona puede advertir guías internos por los que tiene especial preferencia. Es un trabajo muy interesante ese de reconocer el o los guías que sirven de referencia. Pero en esa tarea se debe tratar de encontrar una imagen que cumpla con tres requisitos: 1º sabiduría, 2º bondad y 3º fuerza. Si falta alguno de ellos nuestra relación con esa imagen no es constructiva. Si no encontramos una persona real que tenga esos atributos, podemos imaginar alguna que los tenga, aunque haya muerto o no exista. En tal caso, en los momentos de duda o confusión, poder conectar con el guía interno es una gran ayuda por las respuestas o la compañía que proporciona.

Los aforismos.

Vamos a desarrollar unas pocas ideas que están sintetizadas en frases breves a las que llamamos “aforismos”.

El primero, dice así: “Los pensamientos producen y atraen acciones”.

¿Qué quiere decir que los pensamientos producen acciones? Quiere decir que de acuerdo a las cosas que siento, o recuerdo, o imagino, actúo en la vida. Es evidente que cualquier actividad que desarrolle será según la haya ejercitado antes y funcionará en relación a que tenga claro qué hacer. Si mis pensamientos son confusos, es muy posible que mis actos sean confusos y así siguiendo. En cuanto a que los pensamientos “atraen” acciones, es evidente que si han producido actos de confusión, se creará confusión en mis actividades y en las personas a las que me dirija. Como consecuencia volverán sobre mí, resultados de ese tipo. Si pienso con resentimiento y actúo de ese modo, seguramente crearé resentimiento y atraeré hacia mí esas acciones desde las otras personas. Basta que una persona crea en su “mala suerte” para que sus acciones y las de los demás, le  terminen produciendo lo que cree.

El siguiente aforismo, dice así: “Los pensamientos con fe producen y atraen acciones más fuertes”.

“Fe” quiere decir convicción, sentimiento fuerte, seguridad de que una cosa es así como creo. No es lo mismo pensar con duda, que con la fuerza de las emociones. Basta ver lo que

es capaz de mover un sentimiento fuerte como el amor, para comprender lo que estamos diciendo.

El tercer aforismo, se enuncia así: “Los pensamientos repetidos, con fe, producen y atraen el máximo de fuerza en las acciones”.

Cuanto más se repite una cosa más se graba en la memoria, más fuertes se hacen los hábitos y más se predispone uno a las acciones futuras en esa dirección. Si alguien piensa continuamente con fe que está enfermo, terminará enfermando con más probabilidad que si sólo lo piensa fugazmente, o sin convicción. Lo dicho vale para los proyectos que tengo en la vida. Deben ser pensados con claridad, con fe y deben considerarse repetidamente. Entonces, mis acciones irán en esa dirección y crearé respuestas de mi medio y de las personas que me rodean, en el sentido que me interesa.

  1. Temas sobre La Comunidad

La Comunidad como ayuda.

Una persona puede comprender la doctrina de La Comunidad y además estar totalmente de acuerdo con ella. Sin embargo, no por eso experimentará en su vida un cambio positivo. Se entiende que si no hace algo, todo quedará en una buena intención.

Esa persona querría estudiar en sí misma los temas que propone La Comunidad y además, desearía por si sola realizar experiencias a fin de modificar su conducta y los hábitos mentales que la llevan al sufrimiento. Sin embargo, tal vez sucediera que se encontrara al poco tiempo, con que ha olvidado todo lo que se propuso, o bien con que es muy difícil mantener una actividad sostenida en la dirección de su progreso.

La imposibilidad de hacer algo en ese sentido, solo y por cuenta propia, es consecuencia del peso de los hábitos adquiridos a lo largo de la vida, que obligan al individuo a hacer cosas opuestas a las que aquí se proponen.

La conclusión que se saca de todo esto, es desafortunada y puede expresarse así: no se puede sostener un cambio profundo, opuesto a los hábitos anteriores si no se recibe ayuda de otros que actúan en la misma dirección. A esto se lo podrá discutir cuanto se quiera, pero la experiencia enseña que si los hábitos son fuertes y, además, se vive en un medio en el que ocurre la misma situación, el individuo no puede modificarse y por tanto, no puede superar el solo su sufrimiento.

Lo anterior explica la necesidad del trabajo organizado y conjunto y justifica la creación de La Comunidad como el instrumento de mejor ayuda que se puede brindar en estas materias.

Las reuniones comunitarias se efectúan regularmente con el objeto de profundizar en el conocimiento y cambio positivos, ayudando a sostener el impulso necesario para que en su vida diaria, cada persona pueda avanzar.

Los trabajos de La Comunidad no son una terapia.

Hay quienes consideran a las experiencias y los trabajos que se realizan en La Comunidad, bajo una faz terapéutica. Ese punto de vista, aparte de incorrecto, esteriliza toda posibilidad de participación y de actividad conjunta por parte de esas personas. Ello es así porque se colocan en una situación pasiva, casi de invalidez, suponiendo que asisten a una suerte de “tratamiento” para sus dolencias.

Si reflexionan cabalmente, comprenderán que su equilibrio y desarrollo no es cosa que pueda lograr una terapia, sino que es cuestión más profunda referida nada menos que al sentido de la vida, a pautas claras y al compromiso con actividades que trascienden lo individual.

Nadie soluciona ni sus pequeños problemas por pensar continuamente y de modo encerrado en ellos. Es la actividad bien orientada, la que termina superando a los problemas. A su vez, ello no es tan fácil de efectuar en base a simples propuestas individuales. Debe haber un trabajo organizado que sirva de referencia a las actividades particulares y eso se acerca más a una guía de vida, que a una terapia.

 

  1. Temas sobre el sufrimiento

Felicidad y sufrimiento.

Para nosotros, es un objetivo lograr una creciente satisfacción con uno mismo. Esto es posible, en la medida en que se vayan entendiendo los factores que se oponen a esa felicidad creciente. La felicidad es un estado en el que no hay sufrimiento. ¿Puede una persona ir progresivamente superando el sufrimiento? Con seguridad que puede. Aunque vemos diariamente lo contrario, es decir: a medida que avanzan los años muchas personas van aumentando su sufrimiento.

¿Pero, cómo se hace para ir logrando una felicidad creciente? Hay una forma y ésta consiste en comprender cómo se produce el sufrimiento y en comenzar a obrar de manera diferente a la que lo genera.

Nosotros vemos el sufrimiento y la manera de obrar para evitarlo. Sin embargo, debe entenderse antes la palabra “sufrimiento”. Muchas personas creen que no sufren, sino que tienen problemas: con el dinero, con el sexo, con su familia, con otras personas, etc. Creen que simplemente viven con tensiones, angustias, inseguridades, temores, resentimientos y todo tipo de frustraciones. Pues bien, al conjunto de problemas, le llamamos “sufrimiento”

Será interesante distinguir entre dolor y sufrimiento. El primero es físico y sobre él, el progreso de la sociedad y la ciencia tienen mucho que hacer. En cambio, el sufrimiento es mental. A veces el dolor trae sufrimiento mental y también el sufrimiento mental produce dolor físico y enfermedad. Esta distinción entre dolor y sufrimiento, es de las primeras cosas que uno empieza a comprender en el trabajo de Comunidad. Luego, se aprende a buscar las verdaderas raíces del sufrimiento y se descubre la necesidad de cambiar la forma de actuar que produce sufrimiento.

Las tres vías del sufrimiento.

Hay dos facultades muy importantes que posee el ser humano la memoria y la imaginación. Sin ellas es imposible realizar actividades en la vida diaria. Cuando alguna de ellas disminuye en su potencia o sufre algún tipo de alteración, las actividades cotidianas se dificultan.

La memoria y la imaginación son fundamentales para la vida y por ello, cuando en lugar de ayudar a abrirnos paso, nos encierran en el sufrimiento, debemos tomar medidas para cambiar la situación.

La memoria puede traer recuerdos negativos continuamente y entonces deja de prestarnos la ayuda que necesitamos Lo mismo puede ocurrir con la imaginación, si de continuo nos hace aparecer temores, angustias, miedos al futuro

Podemos considerar a la sensación (a lo que percibimos en un momento), como otra facultad decisiva para la vida. Gracias a ella vemos, oímos, tocamos y en fin, nos damos cuenta de lo que pasa alrededor nuestro. Hay cosas que sentimos y que nos gustan; hay otras que nos desagradan. Es claro, si sentimos hambre, o recibimos un golpe, o experimentamos exceso de frio o calor, registramos dolor por la sensación. Pero a diferencia del dolor que es físico, podemos experimentar sufrimiento que es mental. Ese sufrimiento lo sentimos cuando lo que vemos del mundo que nos rodea no nos gusta, o nos parece que no es como debe ser.

En realidad, la memoria, la imaginación y la sensación, son tres vías necesarias para la vida. Sin embargo, ellas pueden convertirse en enemigas de la vida, si trabajan dando sufrimiento.

La memoria nos hace sufrir al recordar fracasos y frustraciones, al recordar pérdidas de oportunidades, de objetos, de personas queridas.

La imaginación nos hace sufrir por las cosas negativas que pensamos a futuro trayéndonos temor: temor a perder lo que tenemos, temor a la soledad, a la enfermedad, a la vejez y a la muerte. La imaginación hace sufrir cuando pensamos en la imposibilidad de lograr a futuro lo que deseamos para nosotros u otras personas.

La sensación nos hace sufrir cuando vemos que nuestra situación no es como corresponde que sea, cuando vemos que no nos reconocen familiar o socialmente, cuando nos perjudican en nuestro trabajo, cuando encontramos impedimentos en lo que estamos realizando.

Entonces, en lugar de hablar de esas tres facultades tan importantes, tenemos que hablar de las tres vías del sufrimiento porque ellas están funcionando mal. Debemos reconocer además, que esas vías se entrecruzan y cuando algo falla en una, compromete a las otras. Al parecer tienen entre si contactos en muchos puntos.

Las experiencias de La Comunidad, trabajan precisamente sobre las tres vías del sufrimiento, despejándolas para que la vida se desarrolle sin tropiezos.

Hay que reconocer que si estamos desorientados o no tenemos una finalidad, un sentido en la vida, nos perdemos en las tres vías y no sabemos qué despejar de nuestro camino porque tampoco comprendemos hacia dónde vamos. Seguramente, el descubrimiento de un sentido en la vida es lo que más nos ayuda a convertir las tres vías del sufrimiento, en tres vías positivas para la existencia.

El sufrimiento por el recuerdo.

El recuerdo trae sensaciones a veces agradables y a veces trae sufrimiento. Cualquier persona sufre por lo que perdió, por lo que hizo y salió mal. Entonces, prefiere no volver sobre todo aquello. Pero, aunque no quiera, muchas cosas de hoy le hacen recordar escenas desagradables del pasado. Entonces, trata de evitar esas cosas y eso la limita en muchas actividades.

A veces, no se comprende que numerosos estados de angustia, de ansiedad, de temor, etc. tienen que ver con recuerdos de situaciones negativas o bien de cosas desagradables. Si se trabaja el recuerdo adecuadamente, se pueden solucionar muchos problemas vitales. La idea, no es recordar continuamente cosas negativas porque eso crea pesimismo en la vida. En todo caso, se trata de hacer un trabajo con esos recuerdos de modo adecuado, como el que realizamos en algunas reuniones de Comunidad.

El sufrimiento por la imaginación.

La imaginación es necesaria para la vida. Gracias a esa facultad, podemos planificar, hacer proyectos y por último llegar a modificar la realidad, aplicando en la práctica nuestra acción movida por ella. La imaginación es una fuerza enorme, pero los resultados dependen de cómo se la dirija. En efecto, si la imaginación se canaliza en acciones negativas termina provocando desajustes de todo tipo, generando sufrimiento.

Cuando una persona teme perder lo que tiene, teme no lograr lo que se propone, sufre por la imaginación. También sufre por la imaginación aquel cuyo futuro le parece inseguro o desastroso. Es tal el sufrimiento, que a veces se convierte en dolor físico y enfermedad. Sobre este último punto, debe considerarse que numerosas enfermedades no son sino imaginarias y que con el tiempo se convierten en reales. La imaginación negativa produce tensión mental, disminuyendo todas las aptitudes.

Esa capacidad que tiene la imaginación para llevarnos a actuar mal en el mundo o para influir sobre el cuerpo de modo negativo, puede modificarse. Las experiencias guiadas de La Comunidad, se basan en esta gran facultad del ser humano. En las reuniones semanales, se trabaja separando de la imaginación, el sufrimiento que hasta entonces la acompañaba.

  1. Temas sobre la acción en general

Conducta externa y experiencia interna.

Cuando diariamente se sigue una conducta sin contradicciones, retrocede el sufrimiento en uno mismo y en los que nos rodean. Por ello, es de gran importancia conocer y aplicar principios o reglas prácticas en la vida, como las que nos enseña el capítulo XIII, de nuestro libro: La Mirada Interna.

Pero además de la conducta que se lleva en el mundo de relación, está la experiencia interna, individual, que cada uno reconoce a veces como frustración y sin-sentido, a veces como ideal que estimula y da alegría.

Así, como es posible orientar la conducta en base a principios de acción válida como los que hemos señalado, también es alcanzable una experiencia personal interna de paz, alegría y fuerza. Es posible una experiencia que dé sentido a la vida.

Y es razonable que uno sea instruido en estos dos pilares de la vida plena: la acción válida y la experiencia interna. Tales pilares deben sustentar una existencia coherente. La conducta externa, debe coincidir con la experiencia interna. Eso no sucede habitualmente, generándose en las personas esa vida contradictoria, “dividida” entre lo que hacen y dicen; entre lo que piensan y sienten, etcétera. Pensar en una dirección, sentir en otra y actuar en otra diferente, es lo más común y ello no puede solucionarse a menos que se esté instruido y se trabaje en la experiencia interna y la acción válida. Los principios o reglas de acción válida, deben servirnos para la vida diaria del mismo modo que las experiencias que realizamos en La Comunidad, deben estar al servicio de nuestro perfeccionamiento interior.

Unidad y contradicción.

Casi todos los actos que realizamos a diario, tienen un carácter rutinario y en gran medida se apoyan en hábitos adquiridos por su repetición durante mucho tiempo.

También efectuamos actos que en lugar de dejarnos indiferentes como aquellos que reiteramos de continuo, nos entregan una sensación de plenitud o de malestar.

Hay acciones que nos dan una buena sensación y luego, al recordarlas, quisiéramos repetirlas nuevamente. Tienen además, la característica de ser cosas que no hastían sino que al efectuarlas dejan el registro de mejoría, de crecimiento interno. Comer un manjar agradable nos entrega una sensación placentera, pero podríamos hastiarnos si insistiéramos más allá de ciertos límites. Además, al recordar el manjar en un momento de hambre quisiéramos volver a comerlo, pero cada vez que lo lográramos tendríamos sensación de saciedad, no de mejora personal o de crecimiento interno.

Otro tipo de acciones nos dejan una sensación agradable en el momento, pero al recordarlas nos traen malestar. Si, por ejemplo, para aliviar nuestras tensiones momentáneas agredimos a alguien, es posible que en ese momento registremos una liberación interna, pero luego surgirá algo parecido al arrepentimiento y comprenderemos que tal cosa no será buena de repetir: también advertiremos que esa forma de proceder no nos hace crecer internamente, no nos mejora. Los actos que dan unidad interna tienen siempre esas cualidades: 1º dan un buen registro al efectuarlos; 2° se los quisiera repetir; 3º se sienten como una mejora personal. Si alguno de esos tres requisitos está ausente, es porque estamos en presencia de acciones habituales necesarias para la vida pero un tanto neutras; o bien acciones placenteras momentáneas, o por último, acciones contradictorias.

Los actos unitivos o contradictorios se sienten en el momento, se los recuerda de un modo característico y predisponen futuras conductas. De manera que eludir la contradicción y reforzar los actos de unidad interna, es de suma importancia. La disposición a lograr una vida unitiva, marca el comienzo de un sentido y de una nueva orientación en la conducta diaria. La observación de los principios de los que nos habla el capítulo XIII de La Mirada Interna, nos lleva directamente a realizar actos válidos que dan unidas interna y qué alejan de la contradicción.

Pensar, sentir y actuar en la misma dirección.

Frecuentemente descubrimos que estamos divididos entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Por lo contrario, cuando logramos hacer algo de acuerdo a nuestras ideas y sentimientos, sentimos esa unidad en la que quisiéramos vivir cotidianamente.

Pero, son tan diversas las situaciones y tan opuestos los compromisos que debemos afrontar a diario, que la unidad interna se ve seriamente comprometida.

Y es la falta de unidad, la que crea sufrimiento.

Puede decirse: “¡Es necesario vivir con unidad!”. Pero ¿cómo lograr tal cosa?

Comencemos por examinar nuestras actividades rutinarias hasta comprender la profunda división en el pensar, el sentir y el actuar. Por el solo hecho de comprobar esto a cada paso que damos, brotará la respuesta. Pero no será una respuesta teórica, como la que ahora podríamos dar, sino que será consecuencia de una necesidad comprobada.

Digamos sintéticamente esto: toda persona que se preocupa por examinar en su vida diaria las contradicciones entre lo que piensa, siente y hace, advierte la necesidad de cambio en su situación y por ese hecho, obtiene de su misma experiencia, la respuesta adecuada.

La verdadera solidaridad.

Consideremos estas ideas: “Donde hay sufrimiento y puedo hacer algo para aliviarlo, tomo la iniciativa. Donde no puede hacer nada, sigo adelante alegremente”.

Semejantes ideas parecen prácticas, pero nos dejan el sabor de falta de solidaridad ¿Cómo seguir adelante alegremente, dejando atrás el sufrimiento, desentendiéndonos del pesar ajeno?

Veamos un ejemplo. En medio de la acera, un hombre cae en violentas convulsiones. Los transeúntes se arremolinan, dando instrucciones contradictorias y creando alrededor del enfermo un cerco asfixiante. Muchos se preocupan, pero no son efectivos. Tal vez, quien llama urgentemente al médico, o aquel otro que pone a raya a los curiosos para evitar el apiñamiento, sean los más cuerdos. Yo puedo ser uno de los que han tomado la iniciativa, o tal vez un tercero que logra algo positivo y práctico en tal situación. Pero si actúo por simple solidaridad creando confusión, u obstaculizando a los que pueden hacer algo conducente, no ayudo sino que perjudico.

Lo anterior es comprensible, pero ¿qué quiere decir “…Donde no puedo hacer nada, sigo mi camino alegremente”? No quiere decir que estoy muy contento por lo que sucedió. Quiere decir que mi dirección no debe ser entorpecida por lo inevitable: quiere decir que no debo sumar problemas a los problemas; quiere decir que debo positivizar el futuro, ya que lo opuesto no es bueno para otros ni para mí.

Hay personas que con una mal entendida solidaridad, negativizan a quienes quieren ayudar y se perjudican ellas mismas. Y esas son restas a la solidaridad porque la energía perdida en ese comportamiento debería haberse aplicado en otra dirección, en otras personas, en otras gentes, en otras situaciones en las que efectivamente, hubiera obtenido resultados prácticos. Cuando hablamos de resultados prácticos, no nos referimos solamente a lo brutalmente material, porque hasta una sonrisa o una palabra de aliento pueden ser útiles si existe alguna posibilidad de que ayuden.

  1. Temas sobre la acción válida

Este apartado, trata sobre temas formativos referidos a los doce principios de acción valida. Cada uno de los temas está acompañado por una breve historia, fábula o leyenda, con la intención de ilustrar plásticamente el principio que sirve de base al tema formativo.

Así como los principios están tomados de la Mirada Interna, las “historias” con que son acompañados, han sido extraídas de textos (a veces modificados sustancialmente), producidos por el genio de distintas culturas.

1º El Principio de adaptación. Dice así: “Ir contra la evolución de las cosas, es ir contra uno mismo”

Este Principio, destaca que cuando por anticipado se sabe el desenlace de un acontecimiento, la actitud correcta es la de aceptarlo con la mayor profundidad posible, tratando de sacar ventaja aún de lo desfavorable. Examinar momentos de la vida en los que no tuvimos conocimiento de este Principio y por tanto obramos en contrario, nos ilustrará convenientemente sobre el significado del mismo. Será más interesante aún, reflexionar sobre el momento que estamos viviendo y estudiar las consecuencias de sufrimiento para nosotros y para nuestras personas próximas, en caso de no tener en cuenta el Principio.

Estamos explicando que las cosas a las que no debemos oponernos, son aquellas que tienen un carácter inevitable. Si el ser humano, por ejemplo, hubiera creído que las enfermedades eran inevitables, la ciencia médica jamás hubiera avanzado. Gracias a la necesidad de resolver problemas y a la posibilidad de hacerlo, la humanidad progresa.

¿Si una persona queda sola en el desierto, es inevitable que muera? Esa persona hará el esfuerzo de encontrar salidas a su situación y, en efecto, encontrará un oasis o bien la encontrarán a ella con más facilidad, si utilizó todos los recursos posibles para hacerse ver a la distancia. Así es que este Principio se asienta en la situación de lo inevitable, para ser aplicado correctamente.

En cuanto a la fábula que ilustra este Principio, podemos contarla así:

En una laguna vivía una tortuga llamada “Pescuezo de Tortuga” que tenía como amigos a dos gansos salvajes. Entonces, vino una sequía de doce años que dio por resultado estas ideas a los gansos: “Esta laguna se secará. Buscaremos otro pozo de agua. Con todo, debemos despedirnos de nuestra amiga. Pescuezo de Tortuga”.

Al hacer esto, la tortuga dijo:

  Soy habitante de estos lugares y siempre podría encontrar agua, pero vosotros no tendríais suficiente, así es que yo comprendo vuestra partida. No obstante, tendría una vida aburrida. Por consiguiente, debemos partir juntos.

  Somos incapaces de llevarte con nosotros pues eres una criatura sin alas.

 

  Pero, siguió diciendo todavía la tortuga hay un recurso posible. Traigan un palo de madera.

Los gansos hicieron esto, y la tortuga se sostuvo en el medio del palo con sus mandíbulas y dijo:

Ahora ténganlo firmemente con vuestros picos; cada uno de un lado levante vuelo y viaje regularmente por las alturas, hasta descubrir otro lugar deseable en el que podamos vivir los tres.

Pero ellos replicaron:

Hay dos obstáculos en este lindo plan. Primeramente, tú no tienes necesidad de ir a otro lugar, cosa que para nosotros es cuestión de vida o muerte. El palo y tu peso pondrán en peligro nuestro vuelo y por lo tanto a ti misma. Además, si siguiendo tus costumbres te pusieras a charlar, perderías la vida.

¡Oh! dijo la tortuga vosotros necesitáis agua y yo compañía estamos pues en la misma situación. En cuanto a mi conversación, desde este momento hago voto de silencio; me quedaré así mientras estemos en el aire.

Los amigos pusieron el plan en marcha, pero mientras llevaban trabajosamente a la tortuga por sobre una ciudad vecina, el pueblo, abajo, notó aquello y se levantó un murmullo confuso cuando algunos preguntaron:

“¿Qué es ese objeto semejante a un carro, que dos pájaros llevan por el espacio? Tal vez sea algún maharajá o acaso otro ser poderoso”.

La tortuga recordando las piedras que los niños arrojaban sobre ella en la laguna, quiso mostrar al pueblo que ahora volaba y gritó entonces orgullosamente:

¡Soy yo, Pescuezo de Tortuga!

Apenas habló, la pobre perdió su sostén, y cayó al suelo. Y la gente que deseaba su carne, la cortó en trozos y se la comió.

2º El Principio de acción y reacción. “Cuando fuerzas algo hacia un fin, produces lo contrario”.

Este Principio destaca que las personas y las cosas tienen determinados comportamientos y que resisten o facilitan nuestros proyectos si actuamos adecuadamente. Cuando movidos por impulsos irracionales, presionamos algo contra su propio comportamiento, observaremos que podrá ceder ante nuestras exigencias, pero la consecuencia a corto o largo plazo, será que volverán efectos distintos a los que queríamos lograr.

El ser humano es forjador de acontecimientos, da dirección a las cosas, tiende a planificar y cumplir proyectos. En suma, se dirige hacia fines. Pero la pregunta es: ¿cómo va hacia sus fines? ¿Cómo hace entender a otra persona la solución de un problema que presente: la violenta o la persuade? Si la violenta, ahora o después habrá reacción. Si la persuade, ahora o después se sumarán las fuerzas.

Muchos piensan que “el fin justifica los medios” y obran forzando todo a su alrededor, logrando a menudo resultados exitosos. En ese caso, la dificultad viene después. El fin se ha logrado, pero no se lo puede mantener por mucho tiempo.

El Principio que estamos comentando, se refiere a dos situaciones distintas. En una,

se obtiene el fin buscado, pero las consecuencias son opuestas a lo esperado. En otra, por forzamiento de situaciones, se obtiene un “rebote” desfavorable.

Trataremos los dos casos con una leyenda y con una enseñanza.

Veamos el primer ejemplo.

El viejo Sileno era un sátiro (mitad chivo y mitad hombre), que aconsejaba sabiamente a Dionisos (dios del vino). Su espíritu era profundo y juicioso, pero estaba disimulado bajo una apariencia grotesca.

Por motivo de su aspecto, un día fue capturado, mientras dormía, por unos campesinos. Estos, orgullosos de su presa, llevaron a Sileno cargado de cadenas ante el rey del lugar, llamado Midas.

Midas reconoció la naturaleza del sátiro y luego de liberarlo hizo en su honor grandes fiestas y homenajes, rogándole que perdonara a los campesinos por la confusión producida. El sabio Sileno así lo hizo y quiso además retribuir el espíritu piadoso del rey.

Pide lo que quieras y te lo concederé dijo Sileno pero sé razonable ya que lo que doy no puedo luego quitar.

Entonces Midas, pidió al sátiro aquello que durante toda su vida había deseado. Pidió convertir en oro lo que tocara, explicándose de este modo: “Mi reino es pobre pero su gente es bondadosa y unida. Si yo fuera rico, la felicidad sellaría tanto esfuerzo y tanta privación; todo el reino se vería beneficiado por el don de su rey bien amado.

Sileno hizo su concesión a Midas y desapareció.

Inmediatamente, las vestiduras que estaban en contacto con el cuerpo del rey se convirtieron en oro. Entonces, Midas comenzó a recorrer sus dominios y a convertir en oro las casas de los campesinos, sus estanques, sus cultivos y sus animales, ante el asombro y el agradecimiento general.

Pero vuelto al palacio esa noche un clamor lastimoso subió hasta él… Los súbditos llegaban con quejas crecientes.

¡No puedo ordeñar a mis cabras de oro!  dijo uno, y mi familia se quedará sin leche y sin carne.

¡Los cultivos no darán fruto! gritaron otros.

Y así fue llegando al rey, todo tipo de lamento.

Midas, meditando la solución del problema escanció vinos y llevó a su boca los alimentos y los frutos. Todo fue entonces de oro y no hubo líquido ni alimento que pudiera tragar.

En tal situación su mujer fue a reconfortarlo acariciándolo, pero de inmediato quedó convertida en la más hermosa estatua de oro.

Midas, hizo penitencia invocando a Dionisos para que rompiera el sortilegio de Sileno. Y el buen dios, volvió todas las cosas a su principio.

El oro se esfumo, las cabras volvieron a ser cabras y los estanques volvieron a contener las aguas, los cultivos se agitaron al viento y la mujer del rey salió de su sueño de oro. Entonces Midas pudo comer, pudo beber y agradeció con su pueblo al dios, el haberles concedido la pobreza. 

Veamos a continuación, la enseñanza referida al “rebote” de la acción:

Buda dijo: “Si un hombre me daña, le devolveré mi cariño; cuanto más daño me haga, más bondad partirá de mí; el perfume de la bondad siempre llega a mí y el aire triste del mal va hacia él”.

Un hombre insensato insultó al Buda y éste le preguntó: “Si un hombre rechaza un regalo dedicado a él, ¿a quién pertenecerá? Y el otro contestó: “En ese caso pertenecerá al que lo ofreció”.

“Bien  repuso Buda te has mofado de mí, pero yo rehúso el regalo y te ruego que lo guardes para ti: ¿no será esto, un origen de miseria para ti?”.

El embaucador no contestó y el Buda continuó:

“Un hombre perverso que ofende al virtuoso, es como uno que mira al cielo y lo escupe; la saliva no ensucia al cielo, sino que vuelve y mancha a su propia persona”.

“El calumniador es como uno que arroja tierra a otro, cuando el viento está contra él mismo; la tierra no hace más que volver al que la arrojó y aquél que desea lograr algo que no es para él, obtiene aquello que es para él”.

3º El Principio de la acción oportuna. “No te opongas a una gran fuerza. Retrocede hasta que aquella se debilite, entonces, avanza con resolución”.

Este Principio, no recomienda retroceder ante los pequeños inconvenientes, o los problemas con que tropezamos diariamente. Únicamente se retrocede, según explica el Principio, ante fuerzas irresistibles, tales que indudablemente nos sobrepasan al enfrentarlas. Retroceder ante las pequeñas dificultades debilita a la gente, la hace pusilánime y temerosa. No retroceder ante grandes fuerzas, hace a la gente proclive a todo tipo de fracasos y accidentes.

El problema aparece cuando no se sabe anticipadamente quién tiene más fuerza, si uno o la dificultad. Eso habrá de comprobarse tomando pequeñas “muestras”, haciendo pequeñas confrontaciones que no comprometan totalmente la situación y que dejen espacio libre para cambiar de postura si ésta fuera insostenible. Antiguamente, se hablaba de “prudencia”, esa era una idea muy próxima a la que estamos explicando. Pero hay otro punto: ¿cuándo avanzar?, ¿en qué momento el inconveniente se ha reducido en fuerza, o bien, en qué momento hemos ganado nosotros en fuerza? Vale la misma idea de tomar “muestras” cada tanto haciendo pequeños intentos, no definitivos.

Cuando la fuerza está a nuestro favor y el inconveniente se ha debilitado, el avance debe ser total. Guardar reservas en tal situación, es comprometer el triunfo porque no se va adelante con toda la energía disponible.

He aquí la correspondiente leyenda:

Había en cierto lugar un pescador viejo, padre de tres niños y extremadamente pobre.

Tenía la costumbre de echar sus redes al agua solamente cuatro veces cada jornada. Un día entre los días, después de rastrear el río dos veces en vano, sintió una gran

alegría al advertir que, a la tercera, la red pesaba mucho, de modo que apenas podía recogerla.

Pero su desencanto no tuvo límites cuando vio que toda su pesca consistía en un asno muerto que algún mal vecino había tirado al agua. Se lamentó en voz alta de su desgracia, y disponiéndose a lanzar la red por cuarta vez, dijo: La bondad de Alá es infinita. ¡Quién sabe si ahora tendré más suerte!

Cuando arrastró la red, notó por segunda vez que pesaba mucho, y al abrirla, encontró una gran copa tapada con una chapa de metal. Separó ésta, vació la copa que estaba llena de cieno, la miró por todos lados y ya pensaba en llevársela a su casa para venderla a algún fundidor, cuando de ella empezó a salir una columna de humo que fue creciendo y espesándose hasta alcanzar la forma de un genio de proporciones gigantescas: su frente era alta como una cúpula; sus manos grandes como gradas de labranza; su boca, negra como una caverna; sus ojos, brillantes como antorchas, y sus piernas, altas como árboles. A la vista de aquel monstruo, el pescador temblando de miedo, intentó huir, pero la voz de aquél, imponente como un trueno, lo dejó inmóvil.

¡No hay más Dios que Alá, y Salomón es el profeta de Alá! exclamó el genio. Y en seguida añadió: y tú, ¡oh gran Salomón!, profeta de Alá, mándame, dispón de mí y te obedeceré puntualmente.

¡Oh, genio poderoso! replicó el pescador ¿Qué estás diciendo? ¿Acaso ignoras que Salomón ha muerto hace más de mil ochocientos años? ¿Acaso ignoras que llegó Mahoma el profeta de Alá? ¿Pretendes burlarte de mí o estás loco? 

  ¿Que estoy loco? ¡Por Alá te juro, que si vuelves a ofenderme, habré de darte muerte!

¿Serias capaz de hacerlo, ¡oh genio!, después de haberte librado de la prisión en que estabas?

  Escucha mi historia, pescador  dijo el genio, y comprenderás que mi amenaza no es en vano:

“Has de saber que soy un genio rebelde. Mi nombre es Shar el Genio; todos los de mi especie prestaron obediencia a Salomón, menos yo, que hui para no someterme a él. Pero un visir que mandó en mi persecución, me aprisionó y me condujo encadenado a su presencia. Cuando estuve ante él me pidió que aceptara su religión; como me negué mandó meterme en esa copa en que me has encontrado, la selló con su sello y dispuso que la arrojasen al mar. Dentro de mi estrecha prisión, prometí durante el primer siglo, hacer inmortal al hombre que me liberase. Pero nadie me liberó. Durante el segundo siglo pensé en hacer dueño de los más ricos tesoros a quien llegase en mi auxilio. Y nadie llegó. En el tercer siglo prometí que el que me libertase tendría mi poder, mi fuerza y mi sabiduría; pero también fue en vano. Entonces, dando libre salida a mi cólera, juré que mataría al hombre que me devolviese la libertad. Ese hombre eres tú, y nadie te librará de mi venganza”.

Pero si me matas ¡oh genio!,  repuso el pescador   cometerás una injusticia que Alá no te perdonará nunca, ya que pagas con un crimen el bien que te hice poniéndote en libertad. Piensa, además, que soy casado y tengo tres hijos que aún no pueden valerse por sí mismos…

Nada parecía ablandar al gigante, cuyo rostro inmenso iba cada vez tornándose más feroz. Comprendió el pescador que su suerte dependía de su ingenio, y, como no era torpe, ideo una estratagema a la que se agarró como un náufrago a la tabla que ve pasar a su lado sobre el lomo de una ola.  ¿Estás realmente decidido a darme muerte? preguntó el pescador.

Claro que si respondió el monstruo.

Pues bien: antes de que cometas esa injusticia, desearía que me sacases de una duda que tengo.

  Habla pronto, que estamos perdiendo mucho tiempo.

Tú dices que estabas dentro de esa copa, pero eso no es cierto. ¿Cómo podrías caber en ella, si apenas entra una de mis manos? Sólo viéndolo podría creerlo.

¡Ah! ¿Eso quiere decir que desconfías de mí, eh? Pues bien, luego de esto habré de matarte con más gusto aún, pescador incrédulo y desconfiado.

El genio empezó entonces a disolverse en humo, hasta que sólo quedó una especie de espiral que entró en la copa y desapareció totalmente. Dentro se sintió una voz que decía:

¿Te convences ahora? ¡Oh, pescador desconfiado!

La contestación del pescador fue poner rápidamente en la copa la tapa que le había quitado. El genio, al verse encerrado nuevamente, grito y amenazó primero, suplicó después; pero el pescador no hizo caso de suplicas ni de amenazas y tomando la copa fingió que iba a arrojarla al agua. De este modo arrancó al genio un renovado juramento que aquel hubo de cumplir luego de recobrar su libertad.

4º El principio de proporción. “Las cosas están bien cuando marchan en conjunto, no aisladamente”.

Esto quiere decir, que si impulsados por un objetivo, desacomodamos toda nuestra vida, el logro del resultado buscado se verá sometido a numerosos accidentes y aún, si efectivamente se consigue, tendrá amargas consecuencias.

Si, para obtener dinero o prestigio, desacomodamos nuestra salud, sacrificamos nuestra gente querida, nos despreocupamos de otros valores, etc., es posible que surjan tales accidentes, que no logremos el resultado buscado. En otros casos, puede ser que lo obtengamos pero ya no habrá salud para disfrutarlo, ni seres queridos con quienes compartir, ni otros valores que nos den sentido.

“Las cosas están bien cuando marchan en conjunto”: y esto es así, porque nuestra vida es un conjunto que requiere equilibrio y desarrollo adecuado, no parcial. Si bien hay cosas más importantes que otras, cada persona debería tener una verdadera escala de valores para que lo primario, lo secundario, lo terciario, pudieran cumplirse proporcionalmente. Con la fuerza que debe aplicarse a cada cosa de acuerdo a la importancia fijada, todas marcharían en verdadero conjunto.

Ilustremos lo explicado con una leyenda en la que las acciones desproporcionadas producen efectos desastrosos:

Cuatro magos vivían en amistad. Tres de ellos alcanzaron una gran instrucción pero carecían de juicio. El otro aborrecía la instrucción, pero su razonamiento era excelente.

Uno de los magos dijo: “¿De qué vale el juicio sin instrucción? Podrá saberse qué es bueno y que es malo, pero no cómo hacer una cosa u otra”.

Para ilustrar lo dicho, el menor de ellos comentó:

“Mañana debemos estar en Persépolis pero hay hasta allá una gran distancia, de manera que en un día nuestros camellos no podrán recorrerla, pero con nuestra instrucción podremos hacerlo”.

Entonces, le pidieron al juicioso que acercara uno de los camellos y así uno estiró sus piernas hasta la altura de una casa del silencio, el otro amplió sus lomos de manera que los cuatro cupieran en otras tantas jorobas y el restante mago se preocupó de darle al animal, un cuello tan largo que pudiera divisar a la distancia cualquier punto de interés.

A la mañana siguiente, montaron sólo tres, porque el mago juicioso dijo: “Mejor tres que cuatro cuando los problemas se suman”.

Y los tres magos montaron riendo del temeroso.

La carrera comenzó a gran velocidad, pero al poco tiempo, no hubo agua que pudiera colmar la sed de semejante animal. Para colmo las fuertes areniscas daban en la cabeza altísima del enorme monstruo, de tal manera que en lugar de erguirla debía colocarla como serpiente que va veloz tras su presa.

Así, debilitado el camello y desequilibrado por la anormal postura de su cuello, terminó cayendo como una torre a la que le fallan los cimientos. Triste fue el regreso de los magos, pero afortunadamente, el juicioso los esperaba para reconfortarlos. Sea como fuere, no llegaron a tiempo al lugar propuesto y perdieron sus negocios.

Otro día, los cuatro encontraron un animal muerto y queriendo probar al juicioso, el valor de la instrucción, dijeron: “¡Ea!, hagamos algo por este pobre león muerto. Pero ahora pongámonos los tres de acuerdo a fin de que todas las partes coincidan bien y en un conjunto razonable, porque aquel asunto del camello fue habilidad de cada uno, pero no de los tres”.

El primero, entonces dijo:

Yo sé cómo unir el esqueleto.

El segundo dijo:

Yo puedo suministrar piel, carne y sangre.

El tercero dijo:

Yo puedo darle vida.

De este modo, el primero juntó el esqueleto, el segundo proporcionó piel, carne y sangre. Y mientras el tercero intentaba darle vida, el mago de juicio aconsejó contra esto, observando:

Este es un león. Si tú le das vida, matará a cada uno de nosotros.

¡Simplón! dijo el otro, yo seré el que reduzca tu buen juicio a nada.

En este caso fue la contestación, espera un momento, mientras yo me trepo a este árbol conveniente.

Cuando hubo hecho esto, aquél dio vida al león, y éste se levantó y mató a los tres y luego que el león se hubo retirado, el mago juicioso bajó del árbol y se fue a su casa.

 

5º El Principio de conformidad. “Si para ti están bien el día y la noche, el verano y el invierno, has superado las contradicciones”.

Este Principio destaca en forma figurada la oposición de las situaciones. Sin embargo, tal oposición podrá ser conciliada si se modifica el punto de vista con respecto al problema.

El excesivo calor del verano, hace pensar compensatoriamente en el frio del invierno y a la inversa. Toda situación difícil hace evocar o imaginar a su antagónica, pero una vez en ella, vuelve la disconformidad. Entonces, la compensación nos lleva a su punto opuesto. Allí donde aparezca el sufrimiento, la compensación se pondrá en marcha, pero no por ello el sufrimiento mismo será vencido. Es muy distinto el punto de vista y el comportamiento frente a las dificultades, por parte de quien está orientado por un sentido de vida definido. Si alguien cree que su vida tiene un sentido y que todo lo que le sucede sirve a su aprendizaje y perfeccionamiento en esa dirección, los problemas que le aparezcan no tenderán a ser eludidos compensatoriamente, sino que los asumirá descubriendo también en ellos alguna utilidad. El frio del invierno será aprovechable y también el calor del verano y cuando cada uno se presente, esa persona dirá: “¿En qué se oponen las estaciones, si ambas me sirven?”

He aquí una historia que revela esa postura a la perfección: Hubo un varón llamado Job, recto y temeroso de Jehová; su prole y su riqueza eran grandes y en todo estaba sujeto a la voluntad de Dios.

Un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán, el maligno. Y dijo Jehová a Satán: “¿De dónde vienes?”. Y respondiendo Satán, dijo: “De rodear la tierra y de andar por ella”. Y Jehová dijo a Satán: “¿No has considerado a Job, que no hay otro tan justo en la tierra?”. A lo que replicó Satán: “Al trabajo de sus manos has dado bendición y su hacienda y sus hijos han crecido. Mas, extiende ahora tu mano, a todo lo que tiene y verás si no te blasfema en tu rostro”. Jehová permitió entonces, que pusiera el maligno su mano sobre toda posesión de Job, mas no sobre su persona.

Entonces, los hijos de Job fueron muertos por unos salteadores; el fuego consumió a sus ovejas; los caldeos robaron sus camellos, y un gran viento derrumbó su casa.

Sabedor de todo aquello, Job hizo duelo y cayendo en tierra dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo tornaré allá. Jehová me dio y Jehová me quitó, bendita sea su voluntad”.

Entonces, Satán pidió permiso a Dios para tocar a Job y Jehová se lo dio a condición de que no tomara su vida.

Hirió a Job una sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza. Y tomaba una teja para rascarse con ella, sentado en medio de ceniza.

Así, durante años la aflicción y la enfermedad cayeron sobre la cabeza de Job, y su mujer desde la distancia le gritaba: “¿Aún retienes tu simplicidad? ¡Bendice a Dios y muérete!” A lo que Job respondía: “Recibimos el bien de Dios, ¿por qué no habremos de recibir su mal? Santo es Su nombre y Su voluntad”.

También sus amigos y conocidos se apartaron y fueron numerosos los que habiendo sido reconfortados por él en su momento, le dijeron: “Males y bienes se reparten en la vida pero quién sino un pecador y un hipócrita puede recibir tanto mal. Porque hay malos que gozan beneficios y hay buenos del mismo modo. También malos y buenos reciben la ira de Dios en sus cabezas, pero no hay quienes sufran del cielo tanto mal, a cambio de alabanza, ¿o es Jehová injusto?”. A esto respondió Job: “No soy yo quien pueda juzgar los designios de Jehová. El me dio, el me quito, bendita sea su voluntad”.

Entonces Jehová atendió a Job y aumentó al doble todas las cosas que de él habían sido.

Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas y todos los que antes le habían conocido y comieron con él pan en su casa y condoliéronse de él y consoláronle de todo el mal que sobre él había Jehová traído: y cada uno de ellos le dio una pieza de moneda, y un zarcillo de oro.

Y bendijo Jehová la postrimería de Job más que su principio: porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos y mil yuntas de bueyes y mil asnas.

Y tuvo siete hijos y tres hijas.

Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra.

Y después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a las hijas de sus hijos, hasta la cuarta generación.

Y Job, dijo entonces: “Jehová me quito, Jehová me dio, bendita sea su voluntad.

6º El Principio del placer. “Si persigues el placer te encadenas al sufrimiento. Pero, en tanto no perjudiques tu salud, goza sin inhibición cuando la oportunidad se presente”.

Este Principio puede resultar chocante en una primera lectura, porque se piensa que se está diciendo: “Goza aunque perjudiques a otros, ya que el único freno es tu salud personal”. Pues bien, eso no se está diciendo. En realidad se explica que es absurdo el deterioro de la salud por el ejercicio de placeres exagerados o directamente nocivos. Pero además, se destaca que la negación prejuiciosa del placer produce sufrimiento; o que el ejercicio del placer con problemas de conciencia, también es perjudicial. En fin, la idea principal es aquélla de no perseguir el placer, sino de ejercitarlo sencillamente cuando se presenta, ya que buscar cuando no está presente el objeto placentero o negarlo cuando aparece, siempre son hechos acompañados de sufrimiento.

A este Principio (como a todos los otros), no hay que sacarlo del conjunto. De este modo, hay otro Principio que dice: “Cuando tratas a los demás  como quieres que te traten te liberas”. Por consiguiente, el sentido cambia cuando se ejercita el conjunto, no un Principio aislado.

En la siguiente leyenda se describen posturas equivocadas vistas frente al objeto de placer:

El maestro regalo a la asamblea de sus discípulos un pastel mágico, del que se podía comer tanto cuanto se deseara, sin que por elle menguara en sus dimensiones. La condición era comer una sola vez al día.

Ese presente dio el maestro, al emprender un largo viaje y para evitar problemas menores a La Comunidad de monjes.

Un primer discípulo probó el pastel y quedo maravillado por el sabor exquisito, pero a poco de saciarse, comenzó a imaginar la ración del día siguiente. Así, de día en día, su obsesión fue creciendo. Tan intolerable se hizo aquello que decidió poner término a la situación comiendo una porción tal, que su deseo quedara satisfecho hasta la ración

siguiente. Pero todo termino con una indigestión tan tremenda que lo llevó al borde de la muerte.

En recuerdo de aquello, se colocó en el frente del monasterio una placa con la siguiente inscripción: “Sufre el que busca y el que desea conservar”.

Un segundo discípulo, tomando en cuenta lo sucedido, no quiso probar al principio del pastel, no obstante su gran deseo. Se había dicho que el placer llevaba al dolor y que, por tanto, para no sufrir no había tampoco que gozar. Una cosa llevaba a la otra, según probaba la experiencia. Pero sucedió, no obstante, que diariamente el asceta imaginaba montañas de pasteles sin poder probar un solo bocado. A veces, al dormir, enormes pasteles poblaban sus sueños y despertaba sobresaltado como alguien que es mordido por una de las grandes hormigas solitarias. En fin, que para evitar mayores sufrimientos, un día probó un trozo del maravilloso alimento, logrando con esto traicionar sus convicciones y además, aumentar la obsesión.

En el frente del monasterio se fijó una segunda placa que decía: “El pecado no está en el pastel ni en la barriga, sino en lo que se sueña y piensa por arriba”.

Finalmente, un tercer discípulo se preguntó por las tareas que había encomendado el maestro antes de la partida. Vio que el monasterio y la chacra y los animales habían quedado descuidados, que las diversas opiniones en torno al asunto del pastel habían dividido a La Comunidad. Y entonces, empezó a hacerse cargo de todo antes del regreso del maestro. Mientras ponía orden en uno de los recintos, encontró el motivo del escándalo. Se detuvo un momento, cortó un buen trozo y lo saboreó lentamente. Luego, se olvidó del asunto tan atareado como estaba con el trabajo del monasterio.

Al regresar el maestro, se encontró con los dos carteles en la entrada de la casona y pidió que se le explicara todo aquello. Esto motivó que el maestro se deshiciera del pastel. Luego dijo: “Se ha cometido una gran injusticia. Poned una tercera placa que proclame: “El exceso de un tonto fuerte y el ascetismo de un docto débil, llevan al mismo resultado. Para el sanito es el trozo, que tanto problema deja al codicioso»

7º El Principio de la acción inmediata. «Si persigues un fin te encadenas. Si todo lo que haces lo realizas como si fuera un fin en sí mismo, te liberas”.

Enseña a obtener beneficio de toda situación intermedia que nos lleva al logro de un objetivo. No dice que no deban existir fines, ya que la planificación de cualquier actividad se realiza en base a fines. Se está explicando que dado un fin cualquiera, todos los pasos que llevan a él, deben considerarse del modo más positivo posible. De otro modo, cualquier actividad anterior al logro del fin produce sufrimiento y por lo tanto, si es que el fin se logra, pierde sentido por el costo vital que representa el sufrimiento invertido en los pasos.

La siguiente leyenda describe los problemas que se presentan cuando no se tiene en cuenta lo inmediato por considerar solamente objetivos alejados de la situación que se vive.

Una lechera llevaba sobre su cabeza un jarrón grande de leche. Lo llevaba a vender al mercado del pueblo.

“Aquí llevo un jarrón lleno de leche se dijo. Si viene una carestía obtendré por él cien rupias. Con esa suma podré tener dos chivas. Cada seis meses tendrán dos chivas más. Después de las chivas, vacas, cuando las vacas tengan cría, venderé los terneros. Después compraré búfalos; después yeguas. Las yeguas me darán abundantes caballos. La venta de éstos, significa abundancia en oro. El oro comprará una gran casa con un patio interior. Entonces, vendrá alguien a mi casa quien se presentará con una dote adecuada a mi posición y nos desposaremos. Tendremos un hijo al que llamaremos Señor Luna.

Cuando tenga edad, vendrá corriendo hacia mí y se acercará demasiado a los caballos. Entonces, me enojaré y llamaré al padre para que saque a los caballos, pero como él andará en sus cosas, no lo hará.

Entonces yo me acercaré a ellos y los sacaré a puntapiés”.

La lechera dio un mal paso en el camino al chocar su pie contra una piedra que no vio, tan preocupada como estaba con su ensueño, el jarrón cayó de su cabeza estrellándose contra el suelo y esparciendo todo su contenido.

8° El Principio de la acción comprendida. “Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz, no cuando quieras resolverlos”.

Invita a evitar la improvisación movida por impulsos irracionales. No dice que no haya que hacer algo, dado un problema, sino que simultáneamente al hacer, debe comprenderse. Casi todas las personas, frente a un conflicto y movidas por su ansiedad, se lanzan a solucionarlo sin comprenderlo en su raíz. De esa manera, se complica aún más el problema y éste motiva a otro, en una cadena inagotable.

Examinemos un ejemplo a modo de leyenda:

Un joven pastor, a causa de su manta, pasaba mal las noches de frío. No porque aquélla estuviera mal tejida o fuera de pobre calidad.

El pastor solía hablarse de este modo: “Desde pequeño esta manta me protegió de vientos, heladas y nieves, pero ahora el frío pasa a través de ella. Sin duda que con el uso se ha rasgado aquí y allá. Si me ha servido cuando niño, debe servir también ahora; basta hacer algunos remiendos adecuados”. Así, puso manos a la obra y la dejó nuevamente en buenas condiciones.

Al llegar la noche, notó que sus pies quedaban descubiertos y a punto de congelarse. Entonces, tomó la frazada y la corrió hacia abajo dejando al descubierto buena parte de su pecho, porque la manta era demasiado corta.

De ese modo pasó la noche: cubriendo abajo descubría arriba y a la inversa.

A la noche siguiente, reflexionó de este modo: “Si esta manta me acompañó en la niñez y entonces sirvió bien de protección, también ahora deberá servir, porque está como nueva luego del arreglo. Tendré que encogerme bien al dormir, ya que según parece he crecido demasiado”.

Y el otro amanecer encontró al joven insomne y con todo el cuerpo dolorido, tal había sido su molesto encogimiento.

Entonces decidió: “Ni la manta creció en todo este tiempo, ni yo puedo achicarme para que sigamos juntos”.

9° El Principio de libertad. “Cuando perjudicas a los demás, quedas encadenado. Pero, si no perjudicas a otros, puedes hacer cuanto quieras con libertad”.

De comienzo explica que crear problemas a los demás, tiene por consecuencia que los otros se los creen a uno. Además, dice que no hay motivo para dejar de hacer lo que se quiere si nadie se perjudica con tal acción.

He aquí algunas enseñanzas sobre la justa libertad de acción.

Jesús dijo: “No juzguéis, para que no seáis también juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida que medís, con ella os volverán a medir”.

Y con ello demostraba que el mal hecho al prójimo, es también mal para el que lo hizo.

Y aconteció que estando Jesús a la mesa, muchos publicanos y pecadores se sentaban también a su lado porque había muchos y le seguían.

Y sus enemigos, viéndole comer con publicanos y pecadores, dijeron a sus discípulos: “¿Qué es esto, que vuestro maestro come y bebe con publicanos y pecadores?”.

Y oyéndolo Jesús, les dice: “Los sanos no tienen necesidad de médico sino los que tienen mal”.

Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas. Entonces sus enemigos le dijeron: “¿Por qué hacen en sábado lo que no es licito?”

Y él les dijo: “El sábado por causa del hombre es hecho, no el hombre por causa del sábado”.

Y muchas cosas explicaba diciendo: “Andad, pero antes aprended qué cosa quiere decir: misericordia quiero y no sacrificio”.

10° El Principio de solidaridad. “Cuando tratas a los demás como quieres que te traten, te liberas”.

Este Principio es de grandes consecuencias porque lleva a una apertura, a una comunicación positiva con los otros seres humanos. Sabemos que el encerramiento en uno mismo, genera problemas más o menos graves. El llamado “egoísmo” puede reducirse precisamente a un problema de encerramiento y falta de comunicación. El Principio otorga importancia al hecho de ir positivamente hacia los otros y complementa al Principio anterior que recomienda: “No perjudiques a otros”, pero la diferencia entre ambos, es grande.

La enseñanza sobre la acción solidaria es una de las más antiguas de la humanidad.

Veamos el siguiente caso.

Un discípulo preguntó a Confucio: “¿Cuál es el hombre bueno?” El maestro respondió: “Puedes llamar hombre bueno al que ves por sus acciones buenas. Si un gobernante se desvive por su pueblo y sólo hace por él, puedes llamarlo bueno. Pero más que bueno es santo aquél que se fortalece primero en el conocimiento y luego lo da a otros, aquél que consigue beneficios y luego los da a otros. Aquél que hace con otros aquello que quisiera que hicieran con él. Por ello, sin ser gobernante cualquier súbdito puede ser santo en su medida y esto no depende de su rango ni de sus posesiones”.

11° El principio de negación de los opuestos. “No importa en qué bando te hayan puesto los acontecimientos; lo que importa es que comprendas que tú no has elegido ningún bando”.

Aquí no se explica que haya que abandonar todo bando. Aquí se sugiere considerar la posición en que uno se encuentra, como resultado de factores ajenos a la propia elección; factores educacionales, de ambiente, etc. Tal actitud hace retroceder el fanatismo, al tiempo que permite comprender los bandos o las posiciones que asumen otras personas. Evidentemente, esta forma de considerar el problema de los bandos contribuye a la libertad de la mente y tiende un puente fraterno, hacia las demás personas aun cuando éstas no coincidan con mis ideas, o aparentemente se opongan a mis ideas.

Este Principio, al tiempo que reconoce la falta de libertad en las situaciones que uno no ha construido, afirma la libertad de negar las oposiciones si son parte de las mismas situaciones. En otras palabras: yo no he decidido ser alto o bajo; gordo o delgado y si esa condición está acompañada de oposiciones a otros que tampoco eligieron su bando, tengo libertad para negar esa oposición. Yo no inventé a los altos, a los bajos, a los gordos o a los delgados, por tanto niego toda oposición responsable.

Veamos sobre esto, una antigua enseñanza:

Los enemigos de Jesús decidieron ponerlo en dificultades presentándole dos posibilidades, de tal modo que eligiendo una, quedara en mala posición frente a la otra.

Se acercaron a él y dijeron: “Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios y que no te inclinas por nadie, ya que no tienes acepción de persona de hombres. Dinos pues, ¿qué te parece? ¿Es licito dar tributo a César o el tributo debe ser para el culto religioso?”.

Mas Jesús, que entendida la malicia de ellos, les dijo: “¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo”.

Y ellos le presentaron un denario.

Entonces les dijo: “¿De quién es esta figura?”.

Le dijeron: “De César”. 

Y les dijo: “Pagad pues a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.

Oyendo esto, sus enemigos se confundieron y dejándole, se fueron.

12° El principio de acumulación de las acciones. “Los actos contradictorios o unitivos se acumulan en ti. Si repites tus actos de unidad interna, ya nada podrá detenerte”.

Aquí se quiere decir que todo acto que se realiza queda grabado en la memoria y desde allí influye en las otras vías. Por tanto, la repetición de actos que dan unidad interna o que generan contradicción, van formando una conducta que condiciona a las acciones posteriores en alguno de los dos sentidos. Repetir los actos de unidad interna, significa ejercitar los Principios en la vida diaria. También se da a entender que no se trata de la repetición de un acto (o de un Principio aislado), sino de un conjunto de actos de unidad interna.

Sin duda que al ejercitar todos los Principios, nos encontramos con una disciplina integral, capaz de ir transformando nuestra condición sufriente en una nueva forma de vida de creciente unidad interna y por tanto, de creciente felicidad.

A veces, sumando actos contradictorios, se construye la vida de una persona o de un conjunto humano. También sucede que pueden aparecer muchos resultados exitosos durante un tempo, pero antes o después se producirá la catástrofe porque la base de toda esa vida es falsa. Mucha gente ve solamente las anécdotas exitosas, pero no alcanza a comprender el proceso de esa vida y sobre todo, su absurdo final.

Desarrollemos una leyenda que nos ilustre sobre la acumulación de actos contradictorios:

Un príncipe argulloso decidió construir una enorme torre que llegara a lo alto de los cielos. Para ello reunió a un tercio de sus hombres y les encomendó el trabajo.

A excepción de los sabios, la población se había corrompido como su príncipe. Era aquel reino, rapaz de sus vecinos y vanidoso de las riquezas.

Pasaron los años y la construcción fue subiendo hasta las nubes. Pero a medida que se elevaba, los problemas crecían. Las fuerzas del reino cada vez más, debían adquirir nuevos recursos y animales y esclavos.

Entonces, el tercio inicial seguía trabajando en la torre, pero luego hubo que sumar otro tercio a la guerra y un tercio aún al transporte, equipo, administración y artesanía.

Continuaron pasando los años y todo se seguía agregando. Como el esfuerzo se suma al esfuerzo, las piedras se sumaron a las piedras.

Y la torre seguía llevándose hacia las alturas toda la riqueza todo el poder, todo el sufrimiento. Era como cuando los mares evaporan sus aguas y éstas suben, pero la tierra aumenta en su tristeza porque el agua no vuelve a ella; porque no llueve, porque hay sequía.

Entonces, los sabios explicaron al príncipe las consecuencias que debían sobrevenir del monstruoso proyecto, pero fueron silenciados.

Así, al crecer la torre, creció también la soberbia del soberano y de les súbditos, hasta que éstos dijeron: “Esta torre que servirá para respeto y sumisión de todas las naciones, requiere que sus constructores estén a la altura de tanto mérito. Por lo tanto, las ordenes de los ingenieros, de los arquitectos, de los maestros talladores y de los que dirigen el izado, deben ser dadas según jerarquía y desde la altura de la torre que corresponda a su dignidad”,

Ocurrió entonces que todos quisieron dirigir desde el último tramo de la rampa, pero tan lejos estaban de la tierra que, al guitar a los de abajo, éstos entendían mal. Para peores, las órdenes de unos se oponían a las órdenes de otros.

Así fue como unos subían argamasa a donde debían llegar las palancas y otros reparaban herramientas sin que hubiera quien las llevara.

Por fin, la construcción empezó a hacerse irregular; las cuerdas se cortaban en las salientes y caían poleas y cestos. En algunos lugares sobro liga y en otros faltó y ya al final del caos, la torre fue suma de error sobre error, inclinándose peligrosamente.

Tal fue la locura de los constructores que, al seguir cargando de ese medo la obra, esta falló en sus cimientos y se derrumbó, arrastrando con ella a sus directores desde lo alto de los cielos a lo más bajo de la tierra.

Entonces, los sabios se reunieron y dijeron: “Aprovechemos el material para algo útil. Dispongamos todo para que vuelva algún beneficio a nuestro pueblo”.

Y así sucedió que las aguas fueron apresadas y llevadas a lejanos lugares de cultivo, las viviendas de la población afirmadas, y las murallas extendidas para la defensa y no para el ataque.

Todo se sumó para beneficio del pueblo y el pueblo trabajó viviendo en paz consigo mismo y en amistad con sus vecinos.

 

Capítulo III

Experiencias

  1. Experiencias guiadas

Las experiencias guiadas, están agrupadas según intereses de: 1º reconciliación con el pasado; 2º ubicación en el momento actual; 3º propuestas a futuro y 4º sentido de la vida. Tal ordenamiento no implica que deban efectuarse en esa secuencia.

Cada experiencia guiada, se presenta en el enmarque de una reunión semanal. El instructor toma la experiencia que le parece adecuada de acuerdo a las características de su comunidad y la desarrolla íntegramente. Semana tras semana, puede ir cambiando de experiencia, o bien repitiendo aquéllas en las que observe necesidades conjuntas de profundización.

En cuanto a las reuniones estacionales, se realizan precisamente en los días de cambio de estación (verano, otoño, invierno y primavera). Para ello, el instructor toma experiencias guiadas de fácil ejercitación, considerando que muchas personas asisten por primera vez a esos encuentros. Finalizada la reunión, que en todo es similar a cualquiera de tipo semanal, realiza la promoción de miembros adherentes a activos, concluyendo los actos de ese día con un ágape de camaradería.

Tanto las reuniones semanales como las estacionales, se pueden comenzar con la lectura de un tema formativo o explicaciones sobre parágrafos de La Mirada Interna. En todos los casos, es recomendable que el comentario escogido guarde relación con la experiencia guiada de ese día.

En cada experiencia, los puntos aparte marcan silencios que el instructor ajusta de acuerdo a la complejidad de las imágenes propuestas. A su vez, los asteriscos, denotan silencios más prolongados que van desde unos segundos a un máximo de dos minutos, permitiéndose de ese modo que los practicantes tengan tiempo de elaborar sus propios núcleos de problema.

Toda experiencia comienza con un relax guiado externo de dos o tres minutos, en el que se sugiere el aflojamiento de las tensiones musculares de cabeza y tronco, sin preocuparse de las extremidades. De ese modo, el instructor sugiere registros de calma, pesadez, blandura y tibieza que recorren: frente – ojos – nariz – boca – mandíbulas – cuello – hombros – espalda – cintura – nalgas. Posteriormente: hombros – pecho – abdomen y bajo vientre. Inmediatamente comienza, pausadamente, la lectura de la experiencia guiada.

 


1º EXPERIENCIAS DE RECONCILIACIÓN CON EL PASADO


El Niño

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Se trata de resaltar los primeros registros de injusticia, por ello se radica la escena en una época infantil. La sensación de injusticia actual a la que también se recurre, es cotejada con las primeras experiencias de ese tipo a fin de encontrar una relación que permita integrar esos contenidos aparentemente separados en un mismo sistema de comprensión. La intención está puesta en liberarse de sentimientos negativos, que por autocompasión limitan el comportamiento en el mundo de relación.

Experiencia guiada.

Voy caminando por un campo. Es de mañana muy temprano. Me siento feliz a medida que avanzo.

Alcanzo a divisar una construcción de aspecto antiguo. Parece hecha de piedra. También el techo a dos aguas es como de piedra. El frente tiene grandes columnas de mármol.

Llego al edificio y veo una puerta de metal grande y, al parecer, muy pesada. Próximo a ella, desde los costados, salen dos animales feroces que se me abalanzan. Afortunadamente, quedan contenidos por sendas cadenas tensas, a corta distancia de mí.

De todas maneras, no tengo cómo llegar a la puerta sin que los animales me ataquen. Entonces, les arrojo un bulto que contiene alimentos. Las bestias lo engullen y quedan dormidas.

Me acerco a la puerta. La examino. No veo cerrojo ni otro elemento a utilizar para abrirla. Sin embargo, empujo levemente y la hoja se abre con un sonido metálico de siglos.

Aparece un ambiente muy largo, suavemente iluminado. No alcanzo a ver el fondo. A izquierda y derecha hay cuadros que llegan hasta el suelo. Son tan grandes como personas. Cada uno representa escenas diferentes. En el primero a mi izquierda figura un hombre sentado tras una mesa, sobre la que hay mazos de cartas, dados y otros elementos de juego. Me quedo observando el extraño sombrero con que está cubierta la cabeza del jugador.

Entonces, trato de tocar la pintura en la parte del sombrero, pero no siento resistencia al tacto, sino que el brazo entra en el cuadro. Animado por ese hecho, introduzco una pierna y luego todo mi cuerpo adentro del cuadro.

El jugador levanta una mano y me dice: “¡Un momento, no puede pasar si no paga la entrada!”

Busco entre mis ropas, extraigo una esferita de cristal y se la doy. El jugador hace un gesto afirmativo y paso al lado de él.

Estoy en un parque de diversiones. Es de noche. Veo por todas partes juegos mecánicos plenos de luz y movimiento… Pero no hay nadie.

Sin embargo, descubro cerca de mí a un niño de unos diez años. Me acerco y cuando me mira advierto que soy yo mismo cuando era niño. (*)

Le pregunto qué hace allí y me dice algo referente a una injusticia que le han hecho. Se pone a llorar y lo consuelo prometiéndole llevarlo a los juegos. El insiste en la injusticia. Entonces, para entenderlo, comienzo a recordar cuál fue la injusticia tan grande a esa edad. (*)

Ahora recuerdo esa injusticia y no sé por qué comprendo que es parecida a la que sufro en la vida actual. Me quedo pensando, pero el niño continúa con su llanto. (*)

Entonces digo: “Bueno, voy a arreglar esa injusticia que al parecer me hacen. Para eso, comenzaré a ser amigable con las personas que me crean esa situación. (*)

Veo que el niño ríe. Lo acaricio y le digo que volveremos a vernos. Me saluda y se va muy contento.

Salgo del parque, pasando al lado del jugador que me mira de soslayo. En ese momento, toco su sombrero y el personaje guiña un ojo burlonamente.

Emerjo del cuadro y me encuentro en el ambiente largo nuevamente. Entonces, salgo por la puerta caminando con paso lento.

Afuera, los animales duermen. Paso entre ellos sin sobresalto. El día espléndido me acoge. Regreso por el campo abierto cantando y silbando, con la sensación de haber comprendido una situación que venía arrastrando desde hace mucho tiempo. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Es importante reconocer en la vida cotidiana, situaciones en las que uno está sometido a determinadas injusticias. Habrá que preguntarse qué tipo de injusticias sufre uno especialmente y más aún, si la mayoría de ellas (sobre todo las que uno siente como importantes) se refieren a la misma situación o están ligadas a cierto tipo de personas. Con estas ideas en claro, no será difícil encontrar un estrecho vínculo con las experiencias infantiles. En cuanto a la reconciliación con las personas productoras de tales “injusticias”, no es tarea fácil y tal propuesta suscita fuertes reacciones. No obstante, el vencimiento de esas resistencias en la vida diaria o, por lo menos, al repetir esta experiencia guiada, puede abrir nuevas posibilidades de comportamiento y de enfoque sobre nuestro mundo de relación.


El Temor

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia tiene por finalidad reconstruir una escena conflictiva del pasado, siguiendo el hilo conductor de una “fobia” o de un temor irracional excesivo. Se parte de una premisa según la cual, dicho temor está ligado necesariamente a situaciones conflictivas que deben revivirse para desposeerlas de su carga opresiva. Si ello sucede y el conflicto se integra correctamente, la fobia debe perder intensidad.

Experiencia guiada.

Me encuentro en un lugar totalmente oscuro. Tanteando con el pie, siento que el terreno es irregular: entre vegetal y pedregoso. Sé que en alguna parte hay un abismo.

También percibo cerca de mí a ese animal que siempre me provocó la inconfundible sensación de asco y terror. Tal vez un animal, tal vez muchos… pero es seguro que algo se aproxima irremisiblemente.

Un zumbido en mis oídos, a veces confundido con un viento lejano, contrasta el silencio definitivo. Mis ojos muy abiertos no ven, mi corazón se agita y si la respiración es fina como un hilo, la garganta oprime el paso de un sabor amargo.

Algo se acerca, ¿pero qué hay atrás mío que me eriza y que enfría mi espalda como un hielo?

Mis piernas flaquean y si algo me atrapa o salta sobre mí desde atrás, no tendré defensa alguna. Estoy inmóvil… Sólo espero.

Pienso atropelladamente en el animal y en aquellas ocasiones en que estuvo cerca mío. Especialmente, en aquel momento. Revivo aquel momento. (*)

¿Qué pasaba entonces? ¿Qué sucedía en mi vida entonces? Trato de recordar las frustraciones y los temores que me acompañaban cuando ocurrió aquello. (*)

Sí, yo estaba en una encrucijada de mi vida y ella coincidió con el accidente del animal. Tengo necesidad imperiosa de encontrar la relación. (*)

Advierto que puedo reflexionar con más calma. Admito que hay animales que suscitan una reacción de desagrado en casi todo ser humano, pero también comprendo que no todos se descontrolan en su presencia. Pienso la situación que vivía cuando ocurrió aquello. (*)

Ahora, ya en calma, trato de sentir qué parte de mi cuerpo es la que protegería del peligro animal. Luego relaciono esa parte con la situación difícil que vivía cuando ocurrió el accidente, tiempo atrás. (*)

Pues bien, el animal provoca en mí, la aparición de ese momento de mi vida que no está resuelto. Ese momento oscuro y doloroso que a veces no recuerdo, es el punto que me debo aclarar. (*)

Veo hacia arriba un cielo límpido y adelante el arrebol de un nuevo amanecer. Muy rápidamente, el día trae consigo la vida definida. Aquí, en esta pradera suave camino con libertad sobre una alfombra de hierbas cubierta de rocío.

Un vehículo se aproxima a gran velocidad. Se detiene a mi lado y de él descienden dos personas vestidas con guardapolvos blancos. Me saludan cordialmente y me dicen que han capturado al animal que me provoca sobresalto. Explican que cuando reciben un mensaje de ese tipo, salen a la caza y luego se lo muestran a la persona afectada para que lo estudie bien. Seguidamente, ponen al animal cuidadosamente resguardado ante mí.


Efectivamente, se trata de un ejemplar indefenso. Aprovecho para examinarlo muy despacio desde todos los ángulos y distancias. (*)

Los hombres lo acarician con suavidad y el animalito responde amigablemente. Luego, me invitan a que haga lo mismo. Siento una fuerte aprehensión, pero al sacudón primero que siento en la piel, sigue un nuevo intento y luego otro, hasta que finalmente, puedo acariciarlo. (*)

El responde con actitud pacífica y movimientos sumamente perezosos. Luego se va reduciendo de tamaño hasta desaparecer.

Mientras el vehículo parte, trato de recordar nuevamente la situación que vivía cuando (hace mucho tiempo) la presencia del animal me provocó terror. (*)

Experimento un fuerte impulso y empiezo a correr deportivamente, aprovechando la mañana y su aire saludable. Me muevo rítmicamente y sin fatiga al tiempo que respiro en profundidad. Acelero la velocidad sintiendo los músculos y el corazón, trabajar como una máquina perfecta.

Corriendo libremente recuerdo mi temor, pero siento que soy más fuerte y que pronto lo habré vencido para siempre.

Mientras el sol ilumina desde lo alto, voy acercándome velozmente a mi ciudad con los pulmones henchidos y los músculos en sincronización perfecta. Siento aquellas partes de mi cuerpo en las que hacía presa el temor, fuertes e inatacables. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Considerar si se ha podido reconstruir la escena conflictiva ligada al temor irracional. Observar si se ha logrado vencer las resistencias en los núcleos de problema propuestos. De ser así, verificar en la vida diaria el resultado obtenido. Si, en cambio, las resistencias no fueron superadas o el conflicto no pudo ser reconstruido, se sugiere repetir la experiencia.

El enemigo

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

El objetivo de esta experiencia es el logro de la reconciliación con el pasado, particularmente con alguna persona con la cual ha quedado una secuela de resentimiento. La utilidad de tal reconciliación es obvia y ella beneficiará no solamente nuestro comportamiento externo, sino que permitirá integrar y superar contenidos mentales oprimentes.

Experiencia guiada.

Estoy en plena ciudad, en el momento de mayor actividad del día. Puedo ver el desplazamiento de los vehículos y la gente que se mueve apresurada. También yo me muevo con urgencia.

De pronto, todo queda paralizado. Únicamente yo tengo movimiento. Entonces examino a las personas. Me quedo observando a una mujer y un hombre. Doy vueltas alrededor de ellos. Los estudio desde muy cerca.

Luego subo al techo de un automóvil y desde allí miro alrededor, comprobando además, que todo ha quedado en silencio.

Reflexiono un instante y compruebo que las personas, vehículos y todo tipo de objetos, están a mi total disposición. Inmediatamente, me pongo a hacer todo lo que quiero. Lo hago frenéticamente, hasta quedar totalmente agotado.

Estoy descansando tranquilamente y se me ocurren nuevas actividades, de modo que vuelvo a hacer lo que se me antoja sin prejuicio alguno.

¡Pero a quién veo allí! Nada menos que a esa persona con la que tengo varias cuentas que ajustar. En efecto, creo que es quien más me ha perjudicado en toda mi vida. 

Como las cosas no pueden quedar así, toco de pronto a mi enemigo y advierto que recobra la actividad. Me mira con horror y entiende la situación, pero está paralizado e indefenso. Por consiguiente, comienzo a decirle todo lo que quiero, prometiéndole mi revancha de inmediato. Sé que siente todo, pero no puede responder, así que comienzo por recordarle aquellas situaciones en las que me afectó tan negativamente. (*)

Mientras estoy atareado con mi enemigo, aparecen caminando varias personas. Entonces, empiezan a apremiar al sujeto y éste responde entre llantos que está arrepentido de lo que ha hecho. Pide perdón y se arrodilla, mientras los recién llegados continúan investigándolo. (*)

Luego proclaman que una persona así no puede seguir viviendo, así es que lo condenan a muerte.

Están por ejecutarlo, mientras él pide clemencia. Entonces lo perdono. Todos acatan mi decisión. Luego, los acusadores se van muy conformes. Quedamos solos nuevamente. Aprovecho la situación para completar mi desquite, ante su desesperación. De manera que termino de decirle y hacer con él, todo lo que me parece adecuado. (*)

El cielo se oscurece violentamente y comienza a llover con fuerza. Mientras busco refugio tras una vidriera, observo que la ciudad recobra vida. Los peatones corren, los vehículos marchan con cuidado por entre cortinas de agua y ráfagas de viento huracanado. Fulgores eléctricos continuados y fuertes truenos enmarcan la escena, mientras sigo mirando a través de los cristales.

Me siento totalmente relajado, como vacío por dentro mientras observo casi sin pensar.

En ese momento, aparece mi enemigo buscando protección de la lluvia. Se acerca y me dice: “!Qué suerte estar juntos en esta situación¡”.

Me observa tímidamente. Lo reconforto con una suave palmadita mientras me desliza una mirada de comprensión. (*)

Comienzo a revisar en  mi interior, los problemas del otro.

Veo sus dificultades, los fracasos de su vida, sus enormes frustraciones, su debilidad. (*)

Siento la soledad de ese ser humano que se cobija a mi lado totalmente mojado y tembloroso. Lo veo sucio y desarreglado, en un abandono patético. (*)

Entonces, en un rapto de solidaridad, le digo que voy a ayudarlo. Él no dice palabra alguna. Se encoge de hombros, mirando el piso. Advierto que sus ojos se nublan. (*)

Ha cesado la lluvia. Salgo a la calle y aspiro profundamente el aire limpio. Inmediatamente me alejo del lugar.

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten su experiencia.

Recomendaciones.

Advertir las resistencias y las contradicciones que se crean entre lo que desearía hacer y decir, y lo que termino realizando en las escenas. Estudiar si la reconciliación producida en la experiencia, modifica la conducta cotidiana respecto del problema. Si las resistencias a la reconciliación no han sido superadas, se sugiere repetir la experiencia.


El gran error

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia tiene por objeto reencontrar el momento del pasado que, normalmente, toda persona negativita. En ese punto aparecen los “culpables” de mis aparentes derrotas. He ahí una de las fuentes de mis frustraciones, de mis resentimientos, de mi conciencia culposa y, a veces, de mi autocompasión. Reenfocar el aparente “gran error” de la propia vida y asumir un nuevo punto de vista sobre el mismo, contribuye a dar coherencia y unidad al proceso afectivo y en general, existencial. Este es un claro ejemplo de meditación dinámica sobre el pasado que propone, además, una fórmula práctica de reconciliación consigo mismo.

Experiencia guiada.

Estoy de pie frente a una especie de tribunal. La sala, repleta de gente, permanece en silencio. Por todas partes, veo rostros severos. Cortando la tremenda tensión acumulada en la concurrencia, el Secretario ajustando sus gafas toma un papel y anuncia solemnemente: “Este tribunal, condena al acusado a la pena de muerte”. Inmediatamente, se produce un griterío. Hay quienes aplauden; otros abuchean. Alcanzo a ver a una mujer que cae desmayada. Luego, un funcionario logra imponer silencio nuevamente.

El Secretario, me clava su turbia mirada al tiempo que pregunta: “¿Tiene algo que decir?” Le respondo que sí. Entonces, todo el mundo vuelve a sus asientos. Inmediatamente, pido un vaso con agua y luego de alguna agitación, alguien me lo acerca. Lo llevo a la boca y hago un buche. Completo la acción con unas gárgaras. Después digo: “¡Ya está!” Alguien del tribunal me increpa ásperamente: —“¿Cómo que ya está?”— Le respondo que sí, que ya está. En todo caso, para conformarlo le digo que el agua del lugar es muy buena, que quién lo hubiera dicho y dos o tres gentilezas por el estilo…

El Secretario, termina de leer el papel con estas palabras: “…por consiguiente se cumplirá la sentencia hoy mismo, dejándolo en el desierto sin alimentos y sin agua. Sobre todo, sin agua. ¡He dicho!”

Al poco tiempo, me encuentro en medio del desierto viajando en un vehículo, escoltado por dos bomberos. Paramos en un punto y uno de ellos dice: “¡Baje!”. Entonces, bajo. El vehículo gira y regresa por donde vino. Lo veo hacerse cada vez más pequeño a medida que se aleja entre las dunas.

El sol está declinando, pero es intenso. Comienzo a sentir mucha sed. Me saco la camisa colocándola sobre mi cabeza. Luego investigo alrededor. Descubro cerca, una hondonada al costado de unas dunas elevadas. Voy hacia ellas y termino sentándome en el delgado espacio de sombra que proyecta la ladera.

El aire se agita levantando la arena que oscurece al sol. Salgo de la hondonada, temiendo ser sepultado si el fenómeno se acentúa. Las partículas arenosas pegan en mi torso descubierto, como ráfagas de metralla vidriosa. Al poco tiempo, la fuerza del viento me ha derribado.

La tormenta ha pasado. El sol se ha puesto. En el crepúsculo, veo adelante mío una semiesfera blanquecina, grande como un edificio de varios pisos. Pienso que se trata de un espejismo. De todas maneras, me incorporo dirigiéndome hacia ella. A muy poca distancia, advierto que la estructura es de un material suave, como plástico, tal vez inflado por aire comprimido.

Me recibe un señor con turbante. Entramos por un tubo alfombrado. Se corre una plancha y al mismo tiempo me asalta el aire refrescante. Me encuentro en el interior de la estructura. Observo que todo está invertido. Se diría que en lo alto, hay un techo plano del que penden diversos objetos: agua que cayendo en chorros se curva y vuelve a subir: mesas redondas elevadas con las patas hacia arriba y formas humanas también asentadas en lo alto. Al advertir mi extrañeza, el señor del turbante me pasa unos anteojos, al tiempo que dice: “!Póngaselos¡”. Así lo hago y se restablece la normalidad. Al frente veo una gran fuente que expele chorros de agua que luego caen. Hay mesas y diversos objetos combinados en color y forma, de un modo exquisito.

Se me acerca tambaleando el Secretario. Dice que está terriblemente mareado. Entonces le explico que como él ve la realidad al revés, debe sacarse las gafas. Así lo hace y se equilibra suspirando, al tiempo que dice: “En efecto, ahora todo está bien, solo que soy corto de vista”. Luego agrega que me andaba buscado para explicar que yo no soy la persona a la que se debía juzgar, que ha sido una lamentable confusión. Inmediatamente sale por una puerta lateral.

Caminando unos pasos, me encuentro con un grupo de personas sentadas en círculo. Son ancianos de ambos sexos, al parecer con características raciales y atuendos diferentes. Todos ellos, de hermosos rostros. Cada vez que uno abre la boca, brotan sonidos como de engranajes lejanos, de máquinas gigantes, de relojes inmensos. Pero también escucho la intermitencia de los truenos, el crujido de las rocas, el desprendimiento de los témpanos de hielo, el rítmico rugido de volcanes, el breve impacto de la lluvia gentil, el sordo agitar de corazones: el motor, el músculo, la vida… pero todo ello armonizado y perfecto, cómo en una orquestación magistral.

El señor del turbante, me da unos audífonos, diciendo: “Colóqueselos. Son traductores”. Me los coloco en los oídos y escucho claramente una voz humana. Comprendo que es la misma sinfonía de uno de los ancianos, traducida para mi torpe oído. Ahora, al abrir él la boca escucho: “Nosotros somos las horas; somos los minutos, los segundos… somos las distintas formas del tiempo. Como hubo un error contigo, te daremos la oportunidad de recomenzar tu vida. ¿Dónde quieres empezarla de nuevo? Tal vez desde el nacimiento… tal vez un instante antes del primer fracaso. Reflexiona”. (*)

He tratado de encontrar el momento en que el control de mi vida se escapó de mis manos. Se lo explico al anciano. (*)

“Muy bien —dice él— ¿y cómo vas a hacer si vuelves a ese momento, para tomar un rumbo diferente? Piensa que no recordarás lo que viene después.”

“Queda otra alternativa —agrega— puedes volver al momento del mayor error de tu vida y, sin cambiar los acontecimientos, cambiar sin embargo su significado. De ese modo puedes hacerte una vida nueva”. En el instante en que hace silencio, veo que todo a mí alrededor se invierte en luces y colores, como si se transformara en el negativo de una película: lo negro es blanco y a la inversa… hasta que todo vuelve a la normalidad, pero me encuentro en el momento del gran error de mi vida.

Allí estoy, impulsado a cometer el error. ¿Y por qué estoy obligado a hacerlo? (*) 

¿No hay otros factores que influyen y no los quiero ver? (*)

El error fundamental de mi vida ¿a qué cosas se debe? (*)

¿Qué debería hacer en lugar de cometer el error? ¿Es que puedo hacer otra cosa diferente? (*)

¿Y si no cometo ese error, cambiará el esquema de mi vida y ésta será mejor o peor? (*)

Trato de comprender que las circunstancias que obran no pueden ser modificadas y acepto todo como si fuera un accidente de la naturaleza: como un terremoto o un río que rompiendo su dique de contención, arruina las viviendas y el trabajo de los pobladores. (*)

Me esfuerzo por aceptar que en los accidentes no hay culpables. Ni mi debilidad; ni mis excesos; ni los errores de los otros; ni las intenciones de los demás,  pueden ser de otro modo. (*)

Sé que si ahora no me reconcilio con el gran error, mi vida a futuro seguirá arrastrando la frustración. Entonces, con todo mi ser, perdono y me perdono. Admito lo que pasó, como algo incontrolable por mí y los demás. (*)

La escena comienza a modificarse, invirtiéndose los claro-oscuros como en un negativo de fotografía. Al mismo tiempo, escucho la voz que dice: “Si puedes reconciliarte con tu mayor error, tu frustración morirá y habrás podido cambiar tu Destino”.

Estoy de pie en medio del desierto. Veo aproximarse un vehículo. Le grito “¡Taxi!” Al poco tiempo, estoy sentado cómodamente en los asientos traseros. Miro al conductor que está vestido de bombero y le digo: “¡Lléveme a casa… no se apure, así tengo tiempo de cambiarme de ropa!”. Pienso: —¡El gran fracaso!— ¿Quién no ha sufrido un accidente? Creo que soy mejor persona de lo que hubiera pensado antes y tengo un futuro para poder probarlo… “¡Vamos taxista, lléveme a casa!”

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Diariamente recrear la experiencia, particularmente en el regreso a la situación del gran fracaso. Examinar todos los factores que actuaron en aquel momento, comprendiendo lo accidental que impulsó en esa dirección.

En esta práctica aparecen por lo menos cuatro tipos de resistencias: 1o imposibilidad de encontrar el momento o situación del “gran error”; 2o imposibilidad de comprender que gracias a ese error he podido obtener otros logros, habiendo llegado hasta el momento actual; 3o imposibilidad de considerar que merced a los problemas detectados, pude eludir situaciones que hubieran resultado más graves y 4o imposibilidad de considerar aquellas situaciones como hechos accidentales que escaparon a todo control mío o de otros, a los cuales atribuyo culpabilidad.

Las resistencias mencionadas, deberán ser meditadas, aparte de la experiencia, verificando en la vida diaria si se producen cambios de enfoque en la situación actual por acción de la reconciliación con el pasado.


La nostalgia

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia tiene por finalidad reconciliar contenidos de relaciones sentimentales, que por diversos acontecimientos resultaron deteriorados. La recomposición de esos hechos pasados gracias a un nuevo punto de vista, apunta a mejorar la posición que uno tiene respecto de las personas del otro sexo. Esta experiencia, bien trabajada, contribuye a superar numerosas frustraciones y resentimientos, predisponiendo a una actitud constructiva presente y futura. Esta práctica no es provechosa para las personas muy jóvenes en razón de la escasa cantidad de anécdotas del tipo que se propone a continuación.

Experiencia guiada.

Las luces coloreadas, destellan al ritmo de la música. Tengo al frente a quien fue mi gran amor. Bailamos lentamente y cada flash me muestra un detalle de su rostro o de su cuerpo. (*)

¿Qué falló entre nosotros?

Tal vez el dinero. (*)

Tal vez aquellas otras relaciones. (*)

Tal vez aspiraciones diferentes. (*)

Tal vez el Destino, o eso tan difícil de precisar entonces. (*)

Bailo lentamente, pero ahora con quien fue ese otro amor grande.

Cada flash me muestra un detalle de su rostro o de su cuerpo. (*)

¿Qué falló entre nosotros?

Tal vez el dinero. (*)

Tal vez aquellas otras relaciones. (*)

Tal vez aspiraciones diferentes. (*)

Tal vez el Destino, o eso tan difícil de precisar entonces. (*)

Yo te perdono y me perdono, porque si el mundo baila alrededor y nosotros bailamos, qué podemos hacer por las promesas de roca que fueron mariposas de colores cambiantes.

Yo rescato lo bueno y lo bello del ayer contigo. (*)

Y también contigo. (*)

Y con todos aquellos en los que encandilé mis ojos. (*)

¡Ah, sí! La pena, la sospecha, el abandono, la infinita tristeza y las heridas del orgullo, son el pretexto. Qué pequeños resultan al lado de una leve sonrisa.

Porque los grandes males que recuerdo, son errores de danza y no la danza misma.

De ti agradezco la leve sonrisa.

Y de ti el murmullo.

Y de todos aquellos, agradezco la esperanza de un amor eterno.

Quedo en paz con las sombras. Mi corazón está abierto a los recuerdos de los bellos momentos. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Observar si en la vida diaria se modifican prevenciones o suspicacias en nuestra relación con personas del sexo opuesto. Trabajar nuevamente la experiencia, si las resistencias que aparecieron no fueron vencidas.


La pareja ideal

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

La experiencia propone una revisión de relaciones afectivas que permita comprender al practicante cómo las búsquedas, encuentros, rupturas y fantasías con personas del sexo opuesto, están ligados a un núcleo ideal de pareja, difícil de advertir cotidianamente, pero que sin duda opera y orienta en determinadas direcciones, provocando a veces, tremendos desencantos al no coincidir con la realidad.

Experiencia guiada.

Caminando por el parque, veo a muchos niños en sus juegos.

Me acerco hasta un gigante hecho de material sólido. Está de pie. Tiene una gran cabeza pintada con vivos colores. Una escalera llega hasta su boca. Por ella trepan los pequeños: llegan a la enorme cavidad y cuando uno entra, ésta se cierra suavemente. Al poco tiempo, el niño sale expulsado por la parte trasera del gigante, desde un tobogán a una lona, que amortigua la caída. Uno a uno van entrando y saliendo acompañados por la música festiva que brota del gigante:

“¡Gargantúa se traga a los niños
con mucho cuidado sin hacerles mal
ajajá, ajajá, con mucho cuidado
sin hacerles mal!”

Me decido a subir por la escalerilla y entrando en la enorme boca, encuentro a un recepcionista que me dice: “Los niños siguen por el tobogán, los grandes por el ascensor”.

El recepcionista continúa dando explicaciones, al tiempo que descendemos por un tubo transparente. En un momento, le digo que ya debemos estar a nivel del suelo. El comenta que recién andamos por el esófago ya que el resto del cuerpo está bajo tierra, a diferencia del gigante infantil que está todo en la superficie. “Sí, hay dos Gargantúas en uno —me informa— el de los niños y el de los grandes. Estamos a muchos pies bajo el suelo. Ya hemos pasado el diafragma, de manera que pronto llegaremos a un lugar muy simpático… Vea, ahora que se abre la puerta de nuestro ascensor, se nos presenta el estómago… ¿quiere bajar acá? Como usted ve es un moderno restaurant en el que se sirven dietas curativas de todas partes del mundo”.

Le digo al recepcionista que tengo curiosidad por el resto del cuerpo. Entonces, seguimos descendiendo. “Ya estamos en el bajo vientre y con esto, se acaba el tronco —anuncia mi interlocutor, mientras abre la puerta—. Tiene una decoración muy original: las paredes de colores cambiantes son cavernas forradas delicadamente. El fuego central, en medio del salón, es el generador que da energía a todo el gigante. Los asientos, están para reposo del visitante y las columnas distribuidas en distintos puntos, permiten jugar a los escondites… uno puede aparecer y desaparecer tras ellos. Tiene más gracia si son varios los turistas que participan. Bien, lo dejo aquí sí es su deseo. Basta que se acerque hasta la entrada del ascensor para que la puerta se abra y pueda regresar a la superficie. Todo es automático… una maravilla, ¿no le parece?” Se cierra la hoja y quedo solo en el recinto.

Creo estar adentro del mar. Un gran pez, pasa a través mío y comprendo que los corales, las algas y las diversas especies vivas, son proyecciones tridimensionales que dan un increíble efecto de realidad. Me siento para observar sin apuro, el distensador espectáculo.

De pronto, veo que desde el fuego central, sale una figura humana con el rostro cubierto. Se me acerca lentamente. Deteniéndose a corta distancia, dice: “Buenos días, soy una proyección tridimensional. Los hombres tratan de descubrir en mí a su mujer ideal y las mujeres proceden del modo opuesto. Estoy programada para tomar el aspecto que usted busca, ¿pero cuál es ese aspecto? Yo no puedo hacer nada sin un pequeño esfuerzo de su parte. Le recomiendo proceder del siguiente modo: Piense en qué rasgos comunes han tenido todas las personas con las que se ligó afectivamente. No se refiera sólo al cuerpo o al rostro, sino a caracteres, por ejemplo: ¿eran protectoras o por lo contrario, inspiraban en usted necesidad de darles protección?” (*)

“¿Eran valientes, tímidas, ambiciosas, engañadoras, soñadoras; o tal vez, crueles? (*)

“Y ahora, ¿qué cosa igualmente desagradable, o reprochable, o negativa, han tenido en común? (*)

“¿Cuáles han sido sus rasgos positivos? (*)

“¿En qué se han parecido los comienzos de todas esas relaciones? (*)

“¿En qué se han parecido los finales? (*)

“Procure recordar con qué personas ha querido relacionarse, sin que las cosas resultaran y ¿por qué no resultaron? (*)

“Ahora, atención, empezaré a tomar las formas que usted ambiciona. Indíqueme y lo haré a la perfección. Estoy lista, así es que indíqueme: ¿cómo debo caminar?

“¿Cómo estoy vestida?

“¿Qué hago exactamente?

“¿Cómo hablo?

“¿En qué lugar estamos y qué hacemos?

“¡Mira mi rostro, tal cual es! (*)

“Mira en la profundidad de mis ojos, porque ya he dejado de ser una proyección para convertirme en algo real…  mira en la profundidad de mis ojos y dime dulcemente qué ves en ellos. (*)

“¿Acaso buceas en ti mismo?

“¿O ves un reflejo parecido a alguien…?

“¿O ves aun ser desconocido y para ti, perfecto?”

Mientras me levanto para tocar la figura, ella me elude, desapareciendo tras una columna. Cuando llego al lugar, compruebo que se ha esfumado. Sin embargo, siento en mi hombro una mano que se apoya suavemente, al tiempo que alguien dice: “No mires hacia atrás. Debe bastarte con saber que hemos estado muy cerca el uno del otro y que gracias a eso, se han de aclarar tus búsquedas…”. En el momento en que termina la frase, me vuelvo para ver a quién habla, pero sólo percibo una sombra que huye. Simultáneamente, el fuego central ruge y aumenta su brillo, deslumbrándome.

Me doy cuenta que la escenografía y la proyección, han creado el ambiente propicio, para que surja la imagen ideal. Esa imagen que está en mí y que llegó a rozarme, pero que por una impaciencia incomprensible desapareció entre mis dedos como arena. Sé que ha estado cerca mío y eso me basta.

Llego a la entrada del ascensor. La puerta se abre al tiempo que escucho un canto infantil: “Gargantúa se traga a los grandes
con mucho cuidado sin hacerles mal
ajajá, ajajá, con mucho cuidado
sin hacerles mal”. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación

Reconocer en la vida diaria los temas trabajados en la experiencia.


El resentimiento

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia apunta a lograr un estado de reconciliación con aquella persona a la que estoy ligado negativamente. Si ese objetivo es logrado, la misma técnica habrá de servir para obtener reconciliaciones de menor importancia. Todo enemigo y todo resentimiento en mi interior, limita mi presente y obstruye el futuro. A la luz de esta idea, los trabajos de reconciliación con el pasado, asumen un papel de la mayor importancia para el desarrollo personal y la eficacia en la vida diaria.

Experiencia guiada.

Es de noche. Estoy en una antigua ciudad surcada por canales de agua que pasan bajo los puentes de las calles. Acodado en una baranda, miro hacia abajo el lento desplazamiento de una líquida y turbia masa. A pesar de la bruma, alcanzo a ver sobre otro puente, un grupo de personas. Apenas escucho los instrumentos musicales, que acompañan voces tristemente desafinadas. Lejanas campanadas ruedan hasta mí, como suaves oleadas de lamento.

El grupo se ha ido; las campanas han callado. En un pasaje diagonal, malsanas luces de colores fluorescentes, apenas iluminan. Entonces, emprendo mi camino internándome en la niebla. Luego de deambular entre callejuelas y puentes desemboco en un espacio abierto. Es una plaza cuadrada, al parecer vacía. El piso embaldosado me lleva hasta un extremo que cubre el agua quieta.

La barca, semejante a una carroza, me espera adelante. Pero antes, debo avanzar por entre dos largas filas de mujeres. Vestidas con túnicas negras y sosteniendo antorchas, dicen en coro a mi paso:

“¡Oh Muerte!, cuyo ilimitado imperio,
alcanza dondequiera a los que viven.

De ti el plazo concedido a nuestra edad, depende.

Tu sueño perenne aniquila a las multitudes,
ya que nadie elude tu poderoso impulso.

Tú, únicamente, tienes el juicio que absuelve,
y no hay arte que pueda imponerse a tu arrebato,
ni súplica que revoque tu designio”.

Subiendo a la carroza, recibo la ayuda del barquero que luego permanece en pie atrás mío. Me acomodo en un espacioso asiento. Advierto que nos elevamos hasta quedar ligeramente despegados del agua. Entonces, comenzamos a desplazarnos suspendidos sobre un mar abierto e inmóvil, como espejo sin fin que refleja a la luna.

Hemos llegado a la isla. La luz nocturna permite ver un largo camino bordeado de cipreses. La carroza se posa en el agua, balanceándose un poco. Bajo de ella, mientras el barquero permanece impasible.

Avanzo rectamente entre los árboles que silban con el viento. Sé que mi paso es observado. Presiento que hay algo o alguien escondido más adelante. Me detengo. Tras un árbol, la sombra me llama con lentos ademanes. Voy hacia ella y casi al llegar, surge una voz grave como un hálito de muerte: ¡Ayúdame! murmura, sé que has venido a libertarme de esta prisión confusa. Sólo tú puedes hacerlo… ¡Ayúdame!

La sombra explica que es aquella persona con la que estoy profundamente resentido. Y, como adivinando mi pensamiento, agrega: “No importa que aquél con quien estás ligado por el resentimiento más profundo haya muerto o esté con vida, ya que el dominio del oscuro recuerdo no respeta fronteras”.

Y luego continúa: “…Tampoco hay diferencia en que el odio y el deseo de venganza, se anuden en tu corazón desde la niñez o desde el ayer reciente. Nuestro tiempo es inmóvil, por ello siempre acechamos para surgir deformados como distintos temores cuando la oportunidad se hace propicia. Y esos temores, son nuestra revancha por el veneno que debemos probar cada vez”.

Mientras le pregunto qué debo hacer, un rayo de luna ilumina débilmente su cabeza cubierta por un manto. Luego, el espectro se deja ver con claridad y en él reconozco las facciones de quien abrió mi más grande herida. (*)

Le digo cosas que jamás hubiera comentado con nadie; le hablo con la mayor franqueza de que soy capaz. (*)

Me pide que considere nuevamente el problema y que le explique los detalles más importantes sin limitación, aunque mis expresiones sean injuriosas. Enfatiza en que no deje de mencionar ningún rencor que sienta, ya que de otro modo seguirá cautivo para siempre. Entonces, procedo de acuerdo a sus instrucciones. (*)

Inmediatamente, me muestra una fuerte cadena que lo une a un ciprés. Yo, sin dudar, la rompo con un tirón seco. En consecuencia, el manto se desploma vacío y queda extendido en el suelo, al tiempo que una silueta se desvanece en el aire y la voz se aleja hacia las alturas repitiendo: “¡Ahora estás libre de tu resentimiento!”

Al comprender que pronto amanecerá, giro sobre mí para volver a la barca, pero antes recojo el manto que ha quedado tendido. Lo cruzo en mi hombro y apuro el paso de regreso. Mientras me acerco a la costa, varias sombras furtivas me preguntan si algún día volveré a liberar otros resentimientos.

Ya cerca del mar, veo un grupo de mujeres vestidas con túnicas blancas sosteniendo sendas antorchas en alto. Llegando a la carroza, doy el manto al barquero. Este a su vez, lo entrega a las mujeres. Una de ellas le pega fuego. El manto arde y se consume velozmente, sin dejar cenizas. En ese instante, siento un gran alivio, como si hubiera perdonado con sinceridad un enorme agravio. (*)

Subo a la barca, que ahora tiene el aspecto de una moderna lancha deportiva. Mientras nos separamos de la costa sin encender aún el motor, escucho al coro de las mujeres que dice:

“Tú tienes el poder de despertar al aletargado
uniendo el corazón a la cabeza,
librando a la mente del vacío,
alejando las tinieblas de la interna mirada y el olvido.

Ve, bienaventurada potestad, Memoria verdadera,
que enderezas la vida hacia el recto sentido”.

El motor arranca en el instante en que empieza a levantarse el sol en el horizonte marino. Miro al joven lanchero de rostro fuerte y despejado, que acelera sonriente hacia el mar.

Ahora que nos acercamos a gran velocidad a la ciudad de los canales, vamos rebotando en el suave oleaje. Los primeros rayos del sol, doran las soberbias cúpulas de la ciudad, mientras a su alrededor flamean palomas en alegres bandadas. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.


Recomendación.

Comprobar si se han vencido resistencias de acuerdo a las imágenes propuestas. Tener en cuenta particularmente, las sensaciones que acompañaron a la quema del manto. Ellas son las que mejor indicaron si se produjo alguna transformación de los sentimientos negativos. En caso de no haber vencido resistencias, trabajar la experiencia nuevamente.


Ejercicio de descenso

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Los problemas en el descenso están relacionados con dificultades físicas, generalmente respiratorias. En caso que ellas no tengan lugar, pueden estar ligadas a accidentes sufridos por encerramientos, asfixias, ahogos, etc.

Excluyendo los casos mencionados, las resistencias al descenso, revelan temores a la reconstrucción del propio pasado. También muestran inquietud porque algunos impulsos escapen al control de la conciencia o de la conducta. Tales impulsos, suelen ser ideas o sentimientos obsesivos y actitudes compulsivas que obligan al individuo a hacer cosas que no desea.

Experiencia guiada.

Me encuentro en un pequeño barco mar adentro. Vamos a levar ancla pero notamos que se ha trabado. Anuncio a mis amigos que iré a ver qué pasa. Desciendo por una escalerilla entrando en el agua calma, sin oleaje.

Al sumergirme veo peces multicolores, el casco del barco y la cadena del ancla. Nado hacia ella y aprovechándola, desciendo.

Noto que puedo respirar sin dificultad, de manera que continúo bajando por la cadena hasta llegar al fondo, ya poco iluminado.

El ancla está atascada en unos restos de metal. Me acerco. Tiro fuertemente hacia arriba. El piso cede. He levantado una tapa que deja al descubierto un espacio cuadrado por el que me introduzco. (*)

Nado a mayor profundidad y al sentir una corriente submarina fría, sigo su dirección. Termino tocando una superficie lisa a veces cubierta por vegetales marinos.

Asciendo sin alejarme de ella. A medida que refloto, percibo mayor claridad. (*)

Emerjo en un ojo de agua adentro de una caverna difusamente iluminada. Subo a una suerte de plataforma. Camino unos pasos y descubro escalinatas. Comienzo a bajar por ellas lentamente.

El pequeño pasillo se estrecha cada vez más mientras sigo descendiendo por la escalera de piedra resbalosa. Veo algunas antorchas prendidas con regularidad. Ahora, la bajada se ha tornado casi vertical. El ambiente es húmedo y sofocante. (*)

Una reja oxidada a modo de puerta me impide pasar. Empujo fuertemente y se abre rechinando. La escalera ha terminado y ahora hay sólo una rampa barrosa por la que me desplazo con cuidado. El olor es pegajoso, casi sepulcral. (*)

Siento una ráfaga de aire que amenaza apagar las antorchas. Al fondo, escucho el rugido de un mar embravecido azotando las rocas. Comienzo a experimentar dudas sobre mi regreso.

El viento silba con fuerza apagando la antorcha más baja. Entonces, empiezo a subir frenando todo impulso de sobresalto. Lentamente asciendo por la rampa barrosa.

Llego a la puerta oxidada. Está cerrada. La abro nuevamente y continúo subiendo fatigosamente por las escaleras casi verticales, mientras las antorchas se siguen apagando a mis espaldas.

La escalera de piedra está cada vez más resbaladiza de manera que doy pasos cuidadosos.

He alcanzado la cueva. Llego a la plataforma y me sumerjo en el ojo de agua en el instante en que se apaga la última luminaria.

Desciendo hacia las profundidades tocando la superficie  lisa y vegetal.  Todo está a  oscuras. (*)

Al sentir una correntada fría, nado en dirección opuesta con gran dificultad. (*)

Logro salir de la corriente. Ahora subo verticalmente hasta que doy con un techo de piedra. Busco en todas las direcciones para encontrar la abertura cuadrada. Pese a las dificultades, respiro normalmente. (*)

He hallado el lugar. Paso por el orificio. Ahora desengancho el ancla de su trampa y apoyo mis pies en ella mientras muevo la cadena para avisar a mis compañeros.

Desde arriba están izando el ancla conmigo como pasajero. Lentamente, se va Iluminando el espacio acuático, mientras observo un fascinante arco iris de seres submarinos.

Emerjo. Suelto la cadena y aferrándome a la escalerilla del barco subo ante los vítores y bromas de mis amigos. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación

Observar si en la vida diaria, se reproducen las mismas resistencias que en la experiencia. Parejamente, si en la experiencia o en otras repetidas se han vencido las dificultades, confrontar con situaciones en las que aparecían los problemas, comprobando si se ha logrado progresar.


Catarsis

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta práctica tiene por finalidad lograr un inmediato alivio de las tensiones internas motivadas por conflictos no resueltos, o directamente negados. La negación, generalmente opera por olvido o por racionalización, de modo que las dificultades quedan desplazadas sin posibilidad de ser elaboradas en el nivel que les corresponde.

Experiencia guiada.

Estoy en una habitación sentado al lado de una persona que no conozco, pero que me es de una confianza absoluta. Tiene todas las características de un verdadero guía: bondad, sabiduría y fuerza. Sin embargo, muchos le dan el pintoresco mote de “deshollinador”.

Lo he venido a consultar sobre mis problemas personales y por su parte, ha respondido que mis tensiones internas son tan intensas que lo más aconsejable es efectuar un ejercicio de “catarsis” para luego estar en condiciones de comprender a fondo los verdaderos conflictos.

Su discreción es tan grande, que al estar sentado a mí lado y no fijar su mirada en mí, puedo expresarme libremente. De esa manera, establecemos una muy buena relación.

Me pide que me distienda completamente, aflojando los músculos. Me ayuda apoyando su mano en mi frente y los distintos músculos de la cara. (*)

Luego me toma la cabeza y la mueve a izquierda y derecha; adelante y atrás, para que relaje el cuello y los hombros. Destaca la importancia de que los ojos y la mandíbula queden flojos. (*)

Indica posteriormente, que suelte los músculos del tronco. Primeramente los de adelante; luego los de atrás. (*)

No se ha preocupado de las tensiones en brazos y piernas porque, según asegura, ellos se distienden solos como consecuencia de lo anterior. Me recomienda ahora, que sienta a mi cuerpo blando, como de goma; tibio y pesado, hasta encontrar una sensación algodonosa y plácida. (*)

Él dice: “Seguramente, entre el día de ayer y hoy, usted ha tenido algún pequeño problema… de ese tipo que todos tenemos en la vida diaria. Bien, recuerde la situación del modo más perfecto posible”. (*)

El continúa: “Ahora, haremos “catarsis”. Si trabajamos bien, usted deberá experimentar no ya el alivio de las tensiones musculares, sino algo mucho más importante, a saber: el alivio de las tensiones profundas que son, precisamente, su problema. Procedamos: cuénteme con claridad y sin guardarse ningún detalle, todo lo que recordó. Por favor, no deje de decir todo por insignificante, grosero o grave que le parezca… de otro modo, esto no funcionará”. Entonces,-comienzo a contarle todo lo que recordé respecto al problema sufrido.(*)

Terminado el relato, me pide que recuerde aquella anécdota en la que experimenté una gran humillación. En lo posible, debo reconstruir la situación más humillante de mi vida. Me dispongo, por tanto, a hacerlo. (*)

“Cuénteme hasta el último detalle aunque le resulte incómodo. Considere que yo no estoy aquí para juzgarlo, piense que soy un instrumento suyo y no a la inversa. ¡Anímese y describa todo! (*)

“Recuerde ahora, esa traición que le hicieron y que íntimamente no ha podido perdonar. Se tratará, por supuesto, de la traición más importante. (*)

“Explíqueme todo lo que recordó. (*)

“Tratemos ahora a su conciencia culposa. Con un pequeño esfuerzo, recordará la escena o el conjunto de situaciones en los que usted aparece como el culpable directo o indirecto de algo grave. No será difícil encontrar eso de lo que se siente culpable. (*)

“Lo escucho y por favor, no deforme nada de lo que vio. (*)

“Finalmente, piense en aquello que no le contaría a nadie por ningún motivo. (*)

“Cuéntelo detenidamente. (*)

“Si lo desea, siga diciéndome todo lo que le haría bien transmitir. Dígalo sin preocuparse por las expresiones y suelte sus emociones libremente”. (*)

El deshollinador se levanta y toma un objeto curvo y alargado. Se pone al frente mío y dice: “¡abra la boca!”. Le obedezco. Luego siento que introduce una especie de pinza larga que me llega hasta el estómago. Sin embargo, advierto que no me desagrada. De pronto grita: “¡Lo atrapé! y comienza a retirar poco a poco el objeto. Al principio creo que me arranca algo, pero luego siento que se produce en mí una agitación placentera, como si se fuera desprendiendo de las entrañas y de los pulmones, algo que estuvo malignamente anidado durante mucho tiempo. (*)

Va retirando la pinza. Me asombro al sentir que apresada por ella, va saliendo de mi boca una forma dulzona, maloliente y viscosa que se retuerce… Por último, al ser colocado ese ser en un frasco transparente, experimento un inmenso alivio, como una purificación interna de mi cuerpo.(*)

De pie, observo boquiabierto la repugnante “cosa” que poco a poco se va diluyendo hasta quedar transformada en una gelatina informe. Al poco tiempo, es ya un líquido oscuro; luego transparente y finalmente empieza a consumirse al escapar como gas a la atmósfera. En menos de un minuto, el frasco ha quedado perfectamente limpio.(*)

“Ya ve dice el deshollinador por eso se llama “catarsis” a este procedimiento. En fin, hoy no ha estado mal. Un poco de problema cotidiano con algo de humillación; una dosis de traición y algún aderezo de conciencia culposa. Resultado: un pequeño monstruo que le impedía tener buenos sueños, buena digestión y buenas otras cosas. Si usted viera… a veces he sacado monstruos enormes. Bien, no se preocupe si le queda una sensación desagradable por unos días… Me despido de usted”.

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Verificar si se registra la sensación de alivio una vez terminada la experiencia. Comprobar en la vida diaria, si los problemas contados en la “catarsis” han perdido fuerza o bien, si han sido comprendidos en un nivel menos conflictivo.


2º EXPERIENCIAS DE UBICACIÓN EN EL MOMENTO ACTUAL


La protectora de la vida

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia pretende una toma de contacto con los problemas del cuerpo. También una afirmación del mismo. Es sabido que una negación de una zona corporal por repudio de la misma, termina “anestesiando”, insensibilizando el punto. La consecuencia de ello, es que todo lo referido al tema, termina por ser mentalmente degradado o deformado imaginariamente.

La reconciliación con el propio cuerpo, es una experiencia recomendable para todas las personas. Asumirlo tal cual es, constituye el primer paso de avance en el criterio de realidad.

Experiencia guiada.

Floto de espaldas en un lago. Está a temperatura muy agradable. Sin esfuerzo, puedo mirar a ambos lados de mi cuerpo descubriendo un agua cristalina que me permite ver el fondo.

El cielo es de un azul luminoso. Muy cerca hay una playa de arenas suaves, casi blancas. Es un recodo al que llegan las aguas del mar, sin oleaje.

Siento que mi cuerpo flota blandamente y que se relaja cada vez más, procurándome una extraordinaria sensación de bienestar.

En un momento, decido invertir mi posición y, entonces, comienzo a nadar con mucha armonía hasta que gano la playa y salgo caminando lentamente.

El paisaje es tropical. Veo palmeras y cocoteros, al tiempo que percibo con agrado en mi piel, el contacto del sol y la brisa.

De pronto, a mi derecha, descubro una gruta. Cerca de ella, serpentea el agua transparente de una vertiente.

Me acerco, al tiempo que veo dentro de la gruta la figura de una mujer. Su cabeza está tocada con una corona de flores. Alcanzo a ver los hermosos ojos, pero no puedo definir su edad. En todo caso, tras ese rostro que irradia amabilidad y comprensión, tras ese porte digno, intuyo una gran sabiduría. Me quedo contemplándola, mientras la naturaleza hace silencio.

“Soy la protectora de la vida”, me dice. Le respondo tímidamente, que no entiendo bien el significado. En ese momento, veo un cervatillo que lame su mano.

Entonces, me invita a entrar a la gruta, indicándome luego que me siente en la arena enfrentando a una pared de roca. Ahora no puedo verla a ella, pero oigo que me dice: “respira suavemente y dime qué ves”. Comienzo a respirar lenta y profundamente. Al momento, aparece en la roca una clara imagen del mar. Aspiro y las olas llegan a las playas. Espiro y se retiran.

Me dice: “Todo en tu cuerpo es ritmo y belleza. Tantas veces has renegado de tu cuerpo, sin comprender al maravilloso instrumento de que dispones para expresarte en el mundo”. En ese momento, aparecen en la roca, diversas escenas de mi vida en las que advierto vergüenza, temor y horror por aspectos de mi cuerpo. Las imágenes se suceden. (*)

Siento incomodidad al comprender que ella está viendo las escenas, pero me tranquilizo de inmediato. Luego, agrega: “Aún en la enfermedad y la vejez, el cuerpo será el perro fiel que te acompañe hasta el último momento.’ No reniegues de él cuando no pueda responder a tu antojo. Mientras tanto, hazlo fuerte y saludable. Cuídalo para que esté a tu servicio y oriéntate solamente por las opiniones de los sabios. Yo que he pasado por todas las épocas, sé bien que la misma idea de belleza cambia con los tiempos. Si no consideras a tu cuerpo como el amigo más próximo, él entristece y se enferma. Por tanto, habrás de aceptarlo plenamente. Él es el instrumento de que dispones para expresarte en el mundo… Quiero que veas ahora, qué parte de él es débil y menos saludable”. Al punto, aparece la imagen de esa zona de mi cuerpo. (*)

Entonces, ella apoya su mano en ese punto y siento un calor vivificante. Registro la energía que se expande y experimento una aceptación muy profunda de mi cuerpo tal cual es. (*)

“Cuida a tu cuerpo, siguiendo solamente las opiniones de los sabios y no lo mortifiques con malestares que sólo están en tu imaginación. Ahora, vete pleno de vitalidad y en paz”.

Al salir de la gruta reconfortado y saludable, bebo del agua cristalina que me fortifica plenamente.

El sol y la brisa, besan mi cuerpo. Camino por las arenas blancas hacia el lago y al llegar a sus aguas veo por un instante la silueta de la protectora de la vida, que se refleja amablemente en sus profundidades.

Voy entrando, en las aguas, mientras agradezco en mi interior, por el maravilloso instrumento que he recibido de la naturaleza. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Estudiar la coincidencia entre las resistencias de la experiencia y las que se observan en la vida cotidiana. Si en esta experiencia, o al repetirla, se ha producido el vencimiento de resistencias, comprobar su correlato en la vida diaria.


Ejercicio de avances y retrocesos

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Las dificultades en la realización de este ejercicio reflejan una cierta desorientación actual en la persona afectada. Los movimientos muy veloces muestran la misma impulsividad y descontrol que en la vida diaria. Los “cortes” en las secuencias, coinciden con las interrupciones o incumplimientos de acciones cotidianas. El desorden en las secuencias, reproduce el desorden en la acción. Gracias al dominio de esta práctica se obtienen cambios importantes de conducta en el quehacer diario.

Experiencia guiada.

Estoy en una habitación bien iluminada. Camino hacia adelante y abro una puerta. Avanzo por un pasillo despaciosamente. Entro por otra puerta a la derecha y encuentro un nuevo pasillo. Avanzo. Una puerta a la izquierda. Entro y avanzo. Nueva puerta a la izquierda. Entro y avanzo. Nueva puerta a la izquierda. Entro y avanzo.

Retrocedo lentamente por el mismo camino hasta volver a la habitación inicial. (*)

Hacia la derecha del cuarto hay un gran ventanal, que deja ver un jardín. Desplazo el vidrio. Salgo afuera. En el piso, hay preparado un aparato que tensa un alambre de acero y lo suspende a poca distancia del suelo. Sigue líneas caprichosas. Subo al alambre haciendo equilibrio. Primero doy un paso, luego otro. Me muevo despacio hacia adelante siguiendo curvas y líneas rectas. Lo hago sin dificultad.

Ahora, de espaldas, efectúo el camino inverso hasta llegar al punto inicial.  Bajo del alambre. (*)

Vuelvo a la habitación. Veo un gran espejo en una pared. Camino hacia él pausadamente, mientras observo que mi imagen viene, lógicamente, en mi dirección. Así hasta tocar el vidrio. Luego retrocedo de espaldas mirando cómo mi imagen se aleja.

Me acerco nuevamente hasta tocar el vidrio pero descubro que mi imagen retrocede y termina por desaparecer. Veo ahora que mi imagen viene caminando de espaldas. Se detiene antes de llegar al vidrio, gira sobre sus talones y avanza hacia mí.

Salgo a un patio de grandes baldosas. En un lugar central hay un sofá emplazado exactamente sobre una baldosa negra. Todas las otras son blancas. Me explican que el asiento tiene la virtud de desplazarse siempre en línea recta y en todas direcciones pero sin cambiar de frente. Me siento en él y digo: “Tres baldosas adelante”. Entonces el asiento me ubica donde le he indicado.

Cuatro a la derecha. Dos hacia atrás. Dos a la izquierda. Una hacia atrás. Dos a la izquierda, terminando en la baldosa negra.

Ahora: tres atrás. Una a la derecha. Una atrás. Cuatro a la derecha. Cuatro hacia adelante. Cinco a la izquierda, llegando a destino.

Por último: tres a la izquierda. Dos hacia atrás. Una hacia adelante. Dos a la derecha. Tres hacia atrás. Una a la derecha. Cuatro hacia adelante, concluyendo en la baldosa indicada.

Me levanto y salgo de la casa. Estoy parado en medio de una gran carretera. No se desplaza ningún vehículo. Veo acercarse derechamente hacia mí, una persona a la que quiero mucho. Ha llegado tan cerca que casi está tocándome. Experimento la sensación.

Ahora retrocede alejándose cada vez más, hasta desaparecer. Experimento la sensación.

Veo que se acerca una persona que me suscita profundo desagrado. Está muy cerca mío. Experimento la sensación.

Ahora retrocede alejándose cada vez más, hasta desaparecer. Experimento la sensación.

Estoy sentado aquí con los ojos cerrados. Recuerdo una escena sumamente dificultosa en la que estoy frente a otras personas. Me voy alejando al tiempo que experimento la sensación correspondiente.

Recuerdo una escena en la que me veo participando con mucho agrado. Me voy alejando de la situación. Experimento la sensación.

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Relacionar las resistencias advertidas en la experiencia, con dificultades de la vida diaria. Al vencer resistencias en esta experiencia o su repetición, cotejar con progresos cotidianos.


El trineo

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Los problemas en los desplazamientos (sobre los que trata la presente experiencia), generalmente están relacionados con dificultades de conducta en lo que hace a la conexión del individuo con su medio. Muchas personas convencidas de sus impedimentos corporales como debilidad, falta de agilidad, lentitud, etc., reproducen en esta práctica iguales fallas. Aquellas otras, que muestran comportamientos excesivamente impetuosos, en este ejercicio suelen desarrollar imágenes descontroladas evidenciándose en ellas una gran impaciencia cuando tratan de imprimirles la velocidad correcta que el instructor va sugiriendo.

Experiencia guiada.

Estoy en una gran explanada cubierta de nieve. A mi alrededor hay muchas personas practicando deportes de invierno. Me doy cuenta de que hace frío no obstante el espléndido sol, por el vapor que sale de mi boca. Sin embargo, la ropa de montaña es excelente y sólo siento, a veces, ráfagas heladas que golpean mi rostro… pero me agrada mucho.

Varios amigos se acercan transportando un trineo. Inmediatamente me indican que suba y lo maneje. Explican que está tan bien diseñado que es imposible perder el control. Así es que sentándome en él ajusto correas y herrajes. Bajo mis antiparras y pongo en marcha una turbina que silba como un pequeño jet. Oprimo suavemente el acelerador con el pie derecho y el trineo empieza a moverse. Aflojo el pie y aprieto el izquierdo. El aparato se detiene dócilmente. Luego, maniobro con el volante a derecha e izquierda sin esfuerzo alguno. Entonces, dos o tres amigos parten adelante mío deslizándose en sus esquíes. “¡Vamos!”, gritan. Y se lanzan desde la explanada zigzagueando en el descenso, por la magnífica ladera montañosa.

Aprieto el acelerador y comienzo a moverme con una suavidad perfecta. Ahora, empiezo el descenso tras los esquiadores. Veo el hermoso paisaje cubierto de nieve y coníferas. Más abajo, algunas casas de madera, y allá a lo lejos, un valle luminoso y fértil.

Acelero sin temor y paso a un esquiador, luego a otro y finalmente al tercero. Mis amigos saludan con gran algarabía. Enfilo hacia los pinos que aparecen en mi trayecto y los eludo con movimientos impecables. Entonces, me dispongo a dar más velocidad a la máquina. Aprieto a fondo el acelerador y siento la tremenda potencia del motor. Veo pasar a mis costados los pinos, como sombras imprecisas, mientras la nieve queda atrás flotando en finísima nube blanca. El viento helado me estira la piel del rostro y tengo que esforzarme para mantener los labios apretados.

Veo un refugio de madera que se agranda velozmente y a sus costados, sendos trampolines de nieve para práctica de salto gigante en esquíes. No vacilo. Apunto hacia el de la derecha. En un instante estoy sobre él y en ese momento corto el contacto del motor, para evitar un posible incendio en la caída. He salido catapultado hacia arriba en un vuelo estupendo. Solo escucho el bramido del viento, mientras empiezo a caer cientos y cientos de metros.

Me estoy aproximando a la nieve. Mi ángulo de caída va coincidiendo perfectamente con la inclinación de la ladera y así, toco ese plano delicadamente. Enciendo el motor y sigo acelerando mientras me acerco al valle.

He comenzado a frenar poco a poco. Levanto mis antiparras y enfilo lentamente hasta un complejo hotelero desde el que parten numerosos funiculares llevando deportistas hacia los montes. Finalmente, entro en una cancha plana. Adelante y a la izquierda, observo la boca negra de un túnel como de ferrocarril. Apunto despacio hacia él sobrepasando unas charcas de nieve derretida. Al llegar a la boca me cercioro: no hay vías de tren, ni huellas de automotores, sin embargo, pienso que podrían desplazarse por allí grandes camiones. Tal vez se trate del depósito de los rompenieve. Sea como fuere, entro en el túnel lentamente. Está débilmente iluminado. Prendo el farol delantero y su fuerte haz, me permite ver un camino recto por varios cientos de metros. Acelero. El sonido del jet retumba y los ecos se entremezclan. Empiezo a carretear. Veo adelante que el túnel se curva y en lugar de frenar acelero, de manera que llegando al lugar me deslizo por la pared sin inconveniente. Ahora, el camino desciende y más adelante se curva hacia arriba describiendo un espiral como si se tratara de un serpentín o un fantástico resorte.

Acelero, bajo, emprendo la subida y comprendo que en un momento estoy corriendo por el techo para bajar nuevamente y volver a una línea recta. Freno suavemente y me dispongo a descender en una caída parecida a la de una montaña rusa. La pendiente es muy pronunciada. Comienzo la bajada pero voy frenando simultáneamente. La caída se va amortiguando. Veo que me estoy desplazando sobre un puente angosto que corta el vacío. A ambos lados hay una profunda oscuridad. Freno aún más y tomo la recta horizontal del puente que tiene el exacto ancho del trineo. Pero me siento seguro. El material es firme. Al observar tan lejos como llega la luz del faro, mi camino aparece como un hilo tenso separado de todo techo; de todo fondo; de toda pared, por distancias abismales. (*)

Detengo el vehículo, interesado por el efecto de la situación. Empiezo a imaginar diversos peligros pero sin sobresalto: el puente cortándose y yo cayendo al vacío. Luego, una inmensa araña descendiendo por su grueso hilo de seda… bajando hasta mí como si fuera yo una pequeña mosca. Por último, imagino un derrumbe colosal y largos tentáculos que suben desde las oscuras profundidades. (*)

Aunque el decorado es propicio, compruebo que tengo suficiente fuerza interior como para vencer los temores. Así es que intento una vez más, imaginar algo peligroso o abominable y me abandono a esos pensamientos. (*)

He superado el trance y me siento reconfortado por la prueba que me impuse, de manera que enciendo nuevamente el motor y acelero. Paso el puente y llego nuevamente a un túnel parecido al del comienzo. A marcha veloz, tomo una subida muy larga. Pienso que estoy llegando al nivel de la salida.

En efecto, adelante veo la luz del día que aumenta de diámetro. Ahora, en línea recta, salgo raudo a la cancha abierta del complejo hotelero.

Voy muy despacio, eludiendo gente hasta llegar al otro extremo de la cancha. Bajo las antiparras y comienzo a acelerar para llegar con suficiente velocidad a la ladera que terminará en la explanada inicial. Acelero, acelero, acelero…

Estoy subiendo el plano inclinado a la increíble velocidad que tuve en la bajada. Veo acercarse el refugio de madera y los dos trampolines a sus costados, sólo que ahora se presenta una pared recta y vertical que me separa de ellos. Giro a la derecha y continúo el ascenso eludiendo la dificultad, hasta pasar por un costado, a la altura de las rampas de salto.

Los pinos pasan a mi lado como sombras imprecisas, mientras la nieve queda atrás flotando en finísima nube blanca…

Adelante veo a mis tres amigos parados, saludándome con sus bastones de esquí en alto. Giro en círculo cerrado alrededor de ellos llenándolos de nieve y continúo el ascenso.

He llegado a la explanada. Doy una vuelta de reconocimiento disminuyendo la velocidad, hasta quedar detenido. Corto el contacto. Levanto mis antiparras. Suelto los herrajes de las correas y salgo del trineo. Estiro las piernas y luego todo el cuerpo, apenas entumecido. A mis pies y descendiendo por la magnífica ladera veo las coníferas. Más abajo, las casas de madera y el valle fértil. Alcanzo a divisar como un punto irregular, el complejo hotelero. Siento el aire purísimo y el efecto del sol de montaña curtiendo la piel de mi rostro, como tengo la fuerte sensación de haber logrado un mayor control sobre mí mismo. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Observar en el comportamiento diario, los problemas de desplazamiento registrados en la experiencia. Comprobar si aquellos se modifican al vencer resistencias por repetición de la experiencia.


Las nubes

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

En esta experiencia se dan elementos para que el practicante ejercite imágenes de libertad de movimiento físico, y, al mismo tiempo, pueda reconocer sensaciones gratificantes. Es un trabajo sencillo que brinda registros de aflojamiento de tensiones mentales y que habilita para observar los problemas cotidianos desde una perspectiva amplia y calma, contribuyendo desde ese estado a su mejor solución.

Experiencia guiada.

En plena oscuridad, escucho solamente una voz que dice: “Entonces no había lo existente ni lo noexistente: no había aire ni cielo y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. No había ni seres humanos, ni un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, hierba, selva. No había galaxias ni átomos: tampoco había allí supermercados. Entonces, naciste tú y comenzó el sonido y la luz y el calor y el frío y lo áspero y lo suave”.

La voz se silencia y advierto que me encuentro subiendo en escalera mecánica adentro de un enorme supermercado.

He atravesado varios pisos y ahora veo que el techo del edificio se abre y la escalera sigue transportándome lenta y confortablemente, hacia un cielo luminoso.

Veo el edificio allí abajo, muy pequeño. La atmósfera es profundamente azul; la brisa hace ondear mis ropas. Entonces, aspiro el aire con gran placidez.

Al atravesar un estrato de suave vapor, me encuentro con un inmenso mar de blancas nubes.

La escalera se curva delicadamente aplanándose, de modo que me permite caminar sobre ella como si fuera una vereda. Me desplazo hacia adelante comprobando que estoy caminando en un piso de nubes.

Mis pasos son muy armónicos. Puedo saltar largas distancias ya que la gravedad es escasa. Aprovecho para hacer piruetas cayendo sobre mis espaldas y rebotando hacia arriba nuevamente, como si un gran colchón elástico me impulsara cada vez. Los movimientos son lentos y mi libertad de acción es total. (*)

Escucho la voz de un viejo amigo que me saluda alegremente. Luego, lo veo acercarse en una maravillosa carrera. Al chocar conmigo en un abrazo, rodamos y rebotamos una y otra vez haciendo todo tipo de figuras, riendo y cantando. (*)

Finalmente, nos sentamos y entonces, mi amigo saca de entre sus ropas una caña de pescar, que va luego alargando. Prepara los aparejos, pero en lugar de anzuelos coloca un imán en forma de herradura. Comienza a maniobrar con el carrete y el imán va bajando por el piso de nubes. Pasado un momento, la caña comienza a vibrar y él grita: “¡Tenemos buena pesca!”. Inmediatamente, se pone a recoger los aparejos hasta que una gran bandeja va subiendo adherida al imán. En ella hay todo tipo de comidas y bebidas. El conjunto está cuidadosamente decorado. Mi amigo deposita la bandeja y nos disponemos para el gran festín.

Todo lo que pruebo es de un sabor exquisito. Lo más sorprendente es que los manjares no disminuyen. En todo caso, aparecen unos en reemplazo de otros con solo desearlo, así es que me pongo a elegir aquellos que siempre quise comer y los consumo con gran fruición. (*)

Ya satisfechos, nos estiramos de espaldas sobre el blando colchón de nubes, logrando una gran sensación de bienestar. (*)

Siento todo el cuerpo algodonoso, tibio, totalmente aflojado, mientras suaves pensamientos surcan mi mente. (*)

Compruebo que no experimento apuro, ni inquietud, ni deseo alguno, como si contara con todo el tiempo del mundo para mí. (*)

En ese estado de plenitud y bienestar trato de pensar en los problemas que tenía en la vida diaria, pero se me aparecen pequeños, sin importancia, como si los hubiera soñado. (*)

Al tiempo, escucho a mi amigo que dice: “Bueno, tenemos que volver. Todavía no es nuestro tiempo, pero como ejemplo no está mal, ¿no te parece?”

Me incorporo y dando unos pasos siento que estoy sobre la escalera mecánica. Suavemente, ésta se inclina hacia abajo penetrando el piso de nubes. Siento un tenue vapor y comienzo el descenso hacia la tierra con mucha suavidad.

Me estoy acercando al edificio por cuya parte superior penetra la escalera mecánica.

Estoy descendiendo por los distintos pisos del supermercado. Veo por todas partes, gente que preocupadamente escoge sus objetos de compra.

Cierro los ojos y escucho una voz que dice: “Entonces, no había ni temor, ni inquietud, ni deseo, porque el tiempo no existía”. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

Observar dificultades producidas en la experiencia respecto a la libertad de movimiento. Cotejarlas con problemas cotidianos del mismo tipo o con limitaciones en la expresión corporal. Comprobar si en el estado logrado durante la experiencia, los problemas cotidianos pueden dimensionarse con mayor corrección que la habitual.

Si se repite la experiencia y se logra vencer resistencias, observar en la vida diaria los efectos correlativos.

El minero

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia tiene por finalidad poner al practicante en evidencia la relación que existe entre los pensamientos (imágenes en este caso) y las tensiones viscerales o internas del cuerpo. El presente trabajo permite lograr adecuadas distensiones profundas al par que previene dramáticamente sobre las imágenes negativas que tan frecuentemente producen quebrantos sicosomáticos. Por otra parte, se pretende hacer comprender la reversibilidad del fenómeno, en cuanto que las tensiones o irritaciones corporales profundas, motivan imágenes y estados de ánimo.

Experiencia guiada.

Hay gente alrededor mío. Todos estamos vestidos de mineros. Esperamos que suba el montacargas. Es muy temprano. Una llovizna suave cae del cielo plomizo. Diviso a lo lejos, la silueta negra de la fábrica que resplandece en sus altos hornos. Las chimeneas vomitan fuego. El humo se eleva en densas columnas.

Distingo, entre el ritmo lento y distante de las máquinas, una aguda sirena que marca el cambio de turno del personal.

Veo subir lentamente el montacargas que, con una fuerte vibración, termina por detenerse a mis pies.

Avanzamos hasta emplazarnos sobre la plancha metálica. Se cierra una reja corrediza y comenzamos a descender lentamente, entre un murmullo de comentarios de los compañeros de trabajo.

La luz del montacargas, me permite ver la pared rocosa que pasa muy cerca. A medida que descendemos, aumenta la temperatura y el aire se torna viciado.

Nos detenemos frente a una galería. Sale la mayoría de los ocupantes del montacargas. Se cierra nuevamente la reja corrediza. Hemos quedado cuatro o cinco mineros. Continuamos la marcha, hasta parar en otra galería. Descienden los restantes ocupantes. Quedo solo y recomienza la bajada.

Finalmente, se detiene la planchada con estrépito. Empujo la reja y avanzo introduciéndome en una boca débilmente iluminada. Siento que el montacargas regresa a la superficie. Adelante, veo unos rieles y sobre ellos un pequeño vehículo a motor. Me ubico en él y comienzo a desplazarme por el túnel.

Detengo el carro al término de las vías. Bajo y comienzo a descargar herramientas, al tiempo que prendo la linterna de mi casco. Escucho ecos lejanos como de trépanos y martillos hidráulicos, pero también una débil voz humana que llama ahogadamente.

Dejo las herramientas y me cruzo unas cuerdas en el hombro. Tomo una piqueta y avanzo resueltamente por el túnel que se va estrechando. La luz eléctrica ya ha quedado atrás. Sólo me guío por el reflector del casco. Periódicamente me detengo para escuchar el lamento…

Llego encogido al fondo del túnel. Adelante, un socavón. En él termina el camino subterráneo. Examino las rocas y comprendo que el techo se ha desmoronado, obstruyendo el paso. Por entre las grietas fluye agua. El piso está convertido en un lodazal, en el que se hunden mis botas.

Remuevo las rocas, ayudándome con la piqueta. En un momento queda al descubierto un agujero horizontal. Calculo que puedo deslizarme por él. Los quejidos son ahora nítidos: seguramente, el minero atrapado está a pocos metros de distancia. Introduzco el mango de la piqueta entre fuertes rocas y ato a él una punta de la cuerda, pasando el otro extremo alrededor de mi cintura. Ajusto todo, con una hebilla metálica.

Me sumerjo en el agujero con dificultad, arrastrándome luego apoyado en los codos. Estoy descendiendo en un ángulo pronunciado. Veo, gracias a la luz del casco, que el conducto se estrecha más hasta quedar prácticamente cerrado a mi paso. El calor es sofocante, la respiración dificultosa. Desde mis pies, corre cieno espeso. Lentamente, va cubriendo mis piernas y se desliza pegajosamente bajo el pecho. Comprendo que el túnel va a llenarse de lodo en poco tiempo, sepultándome.

Hago presión hacia arriba, pero mi espalda pega contra la roca. Intento retroceder. Ya no es posible. Escucho la quejumbrosa voz muy cerca mío. Entonces grito, y el piso cede arrastrándome en su derrumbe…

Un fuerte tirón en abdomen y cintura, coincide con el detenimiento súbito de mi caída. Quedo suspendido de la cuerda como un absurdo péndulo de barro. Mi carrera se ha detenido muy cerca de un piso alfombrado. Veo ahora un ambiente con mucha luz. En la elegante habitación distingo una gran biblioteca. Pero la urgencia de la situación hace que me ocupe en salir de ella. Con la mano izquierda ajusto la soga tensa y con la otra suelto la hebilla que la estrecha a mi cintura. Luego, caigo suavemente en el piso.

“¡Qué modales, amigo, qué modales!” -dice una aguda voz. Giro sobre mis pies y me encuentro con un hombrecillo de unos sesenta centímetros de altura. Descartando sus orejas ligeramente puntiagudas, se diría que es muy proporcionado. Está vestido con alegres colores, pero con un inconfundible estilo de minero.

 Me siento entre ridículo y desolado, cuando me ofrece un cóctel. De todas maneras, me reconforto bebiéndolo sin pestañear.

El hombrecillo, junta sus manos y las lleva delante de la boca a modo de bocina. Luego emite el quejido que tan bien reconozco. Al punto, crece en mí una enorme indignación. Le pregunto qué significa esa burla y me responde que gracias a ella mi digestión habrá de mejorar en el futuro. Sigue diciendo que la cuerda que apretó mi abdomen en la caída ha hecho muy buena labor, igualmente la recorrida sobre los codos del túnel estrecho. Para terminar sus extraños comentarios me pregunta si tiene algún significado para mí, la frase: “usted se encuentra en las entrañas de la tierra”.

Respondo que esa es una forma figurada de decir las cosas. Pero él replica que en este caso, se trata de una gran verdad. Entonces, agrega: “Usted está en sus propias entrañas. Cuando algo anda mal en las vísceras, las personas piensan cosas extraviadas. También los malos pensamientos perjudican las vísceras, así es que desde ahora usted cuidará ese asunto. Si no lo hace, me pondré a caminar y entonces sentirá fuertes cosquilleos y todo tipo de molestias internas… Tengo algunos colegas que se ocupan de otras partes como los pulmones, el corazón, etcétera”.

Dicho lo cual, el hombrecillo comienza a caminar por las paredes y el techo, al tiempo que, registro tensiones en la zona abdominal, el hígado y los riñones. (*)

Luego, me arroja un chorro de agua con una manguera de oro, limpiándome cuidadosamente el barro. Quedo seco al instante. Me tiendo en un amplio sofá y comienzo a relajarme. El hombrecillo me pasa una pequeña escoba rítmicamente por el abdomen y la cintura y con eso, logra en mí una profunda distensión. Comprendo que al aliviarse los malestares del estómago, hígado o riñones, cambian mis ideas y sentimientos. (*)

Percibo una vibración, advirtiendo que me voy elevando. Estoy en el montacargas subiendo hacia la superficie de la tierra. A medida que asciendo, veo la boca de la superficie agrandándose poco a poco, al tiempo que voy experimentando una sensación cada vez más agradable de distensión. (*)

Intercambio sobre la experiencia

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Considerar si se ha representado correctamente la escena de la pasada de la escoba. En caso de resistencias, repetir hasta vencerlas.

Comprobar si en la vida diaria, algunos puntos del cuerpo afectados por tensiones o irritaciones internas, han modificado su estado como consecuencia de la experiencia.


Ejercicio de transformismos y expansiones 

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Las dificultades en los transformismos, suelen reflejar los problemas que uno tiene con su propia persona, con su propia imagen y también los problemas que sufre la imagen que uno tiene de sí mismo, al ser confrontada con otras personas.

En esta práctica se incluyen algunas operaciones de expansiones y contracciones, útiles al desbloqueo y movilidad de la propia imagen.

Este ejercicio tiende a mejorar las relaciones del practicante con las personas con las que se relaciona, al proporcionarle un mayor control de la imagen de sí mismo. De este modo, pueden ser trabajados bloqueos o inmovilidades de la propia imagen que se expresan frecuentemente como timidez, exceso de susceptibilidad, ocultamiento, fuga de situación, etc.

Experiencia guiada.

Estoy en un campo nudista. Yo también estoy desnudo. Me siento observado cuidadosamente por personas de distinto sexo y edad.

Alguien me dice que la gente me estudia porque ha notado que tengo problemas. Recomienda que cubra mi cuerpo. Entonces, me pongo un sombrero y unos zapatos. Inmediatamente, los nudistas se desentienden de mí.

Termino de vestirme y salgo del campo… debo llegar rápidamente a una fiesta. Entro a una casa y en el recibidor, un señor muy elegante me dice que para entrar al salón, debo vestirme adecuadamente ya que se trata de una fiesta de disfraz. Señala a un costado y veo un vestuario lleno de ropas y máscaras insólitas. Empiezo a elegir detenidamente.

Ante un conjunto de espejos que hacen ángulo entre sí, voy probándome disfraces y máscaras. Puedo verme desde distintos puntos.

Me pruebo el modelo y la máscara que peor me quedan. (*)

Ahora he encontrado el mejor de los conjuntos y la mejor de las máscaras. Observo desde distintos puntos. Cualquier detalle Imperfecto, es modificado de inmediato hasta que todo encaja maravillosamente bien. (*) 

Entro radiante al gran salón en el que se desarrolla la fiesta. Hay mucha gente, toda disfrazada.

Se produce silencio y todos aplauden la perfección del modelo que llevo. Me hacen subir a una tarima y piden que baile y cante. Lo hago. (*)

Ahora, el público solicita que me saque la máscara y que repita la operación. Al disponerme a hacerlo, noto que estoy vestido con aquel conjunto desagradable que me probé en primer lugar. Para colmo de males, estoy sin máscara. Me siento ridículo y monstruoso. No obstante, canto y bailo frente al público a pesar de las mofas y los silbidos de reprobación. (*)

Un imprudente, saltando a la tarima, me empuja injuriándome. Entonces, comienzo a convertirme en animal ante el desconcierto del otro.

Sigo cambiando, pero siempre conservo mi propio rostro: primero soy un perro, luego un pájaro, por último un gran sapo. (*)

Se acerca hasta mí, una torre de ajedrez y me dice: “¡Debería darle vergüenza, asustar a los niños de ese modo!” Entonces, vuelvo a mi estado normal, vestido con la ropa de todos los días.

Estoy reduciéndome lentamente. Ya tengo la estatura de un niño pequeño. Bajo de la tarima y veo a los disfrazados, enormes, que contemplan desde arriba. Sigo achicándome. (*)

Una mujer grita histéricamente y dice que soy un insecto. Se dispone a aplastarme con el pie, pero me reduzco microscópicamente. (*)

Rápidamente vuelvo a mi estatura de niño. Luego recupero mi aspecto normal. Después sigo creciendo ante los concurrentes que corren en todas las direcciones. Mi cabeza está tocando el techo. Los observo desde arriba. (*)

Reconozco a la mujer que quiso aplastarme. La tomo entre mis manos y la coloco sobre la tarima.

Vuelvo a mi estatura normal. Me dispongo a salir de la fiesta. Al llegar al recibidor, veo un espejo que deforma completamente mi aspecto.

Tomo el vidrio y lo fricciono, modelándolo hasta que devuelve la hermosa imagen que siempre quise tener. (*)

Saludo al hombre elegante de la entrada y salgo de la casa tranquilamente.

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

Considerar las resistencias de las diferentes escenas, relacionándolas con problemas experimentados en la vida cotidiana. Verificar si las resistencias vencidas, producen un correlativo progreso en las actitudes habituales. Repetir la experiencia enfatizando en las resistencias no vencidas más importantes.


Configuración del guía interno


Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

El dominio de esta experiencia es de fundamental importancia. Sin ella no puede efectuarse un conjunto de trabajos de utilidad para la vida diaria y para momentos excepcionales sobre los que tratan otras experiencias de este libro. Recomendamos la lectura del tema formativo: “El guía interno”.

Experiencia guiada.

Estoy en un paisaje luminoso en el que alguna vez sentí una gran felicidad. (*)

Alcanzo a ver el sol que se agranda. Lo observo sin molestia. Notablemente, dos rayos se desprenden de él posándose en mi cabeza y en mi corazón.

Comienzo a sentirme muy liviano y a experimentar que soy atraído por el astro. De ese modo, siguiendo los trazos luminosos, me dirijo hacia él.

Desde el disco enorme que se convierte en una esfera gigantesca recibo esa calidez suave y benéfica.

Ya en el interior del sol, aspiro y espiro amplia y profundamente. La luz que me rodea, se introduce en mi cuerpo al ritmo de la respiración, dándome cada vez más energía.

Me siento sereno y radiante. Entonces, pido con mis mejores sentimientos, que se presente ante mí el guía interno y que lo haga del modo más propicio. (*)

Él me dice que representa a mi Fuerza interna, a mi energía y que si sé cómo usarlo tendré dirección en la vida, tendré inspiración y tendré protección. Pero qué debo hacer el esfuerzo por verlo bien o por sentir su presencia con intensidad. (*)

Pido al guía que pose sus manos en mi frente y las mantenga así unos instantes.

Empiezo a sentir que desde el centro de mi pecho crece una esfera transparente que termina abarcándonos a ambos. (*)

Digo al guía que haga renacer en mí un profundo amor por todo lo existente y que me acompañe en la vida dándome alegría y paz. (*)

Pregunto por el sentido de la vida y espero su respuesta. (*)

Pregunto qué es realmente la muerte y espero su respuesta. (*) 

Pregunto por el valor de mi vida y espero su respuesta.

Pregunto, meditadamente, por una situación especial de mi vida y espero su respuesta. (*)

Pido al guía que esté siempre a mi lado en los momentos de duda y zozobra pero que también me acompañe en la alegría.

El guía se separa de mí y se convierte en una gran flor de pétalos abiertos que contrasta en sus colores con el fondo luminoso del sol. Luego la flor, va cambiando de formas y de tonos como si fuera un armonioso caleidoscopio. Entonces, comprendo que atenderá a mis pedidos.

Empiezo a alejarme del brillante sol, pleno de vida y fortaleza.

Y por dos trazos luminosos, desciendo al hermoso paisaje, reconociendo en mi interior una gran bondad que busca expresarse en el mundo de la gente. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

Repetir la experiencia en sucesivas prácticas hasta dominarla. No importa que el guía se lo vea, o se sienta su “presencia”. En todo caso, el guía quedará configurado cuando se lo evoque siempre del mismo modo.


La desorientación y el guía interno


Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta es una de las tres breves experiencias de ejercicio con el guía interno. La finalidad de este trabajo es la utilización del mecanismo del guía como ordenador de problemas y soluciones.

 

Experiencia guiada.

Han concluido mis actividades diarias. Me dirijo a casa del modo en que lo hago habitualmente. Llego. Estoy solo en mi habitación. Me siento abatido.

Vivo una situación difícil, que no puede continuar. Debo tomar una decisión pero no sé exactamente cuál. (*)

Voy hasta un espejo y contemplo mi rostro cansado. Pienso en mi guía interno como si fuera una persona. Concentrándome en mi propia imagen, digo: “oh guía, ¿qué consejo me das en esta situación?”. Inmediatamente, trato de aclararme bien cuál es el problema que debo resolver. (*)

Observo’ que mi imagen comienza a esfumarse mientras el espejo se oscurece. Al poco tiempo, veo una luminaria que se desplaza en el fondo y que empiezan a aparecer las personas y situaciones ligadas a mi problema. (*)

De pronto, escucho una voz que me explica las dificultades. En el fondo del espejo, veo al guía señalando la dirección que debo tomar. (*)

El espejo se aclara y devuelve nuevamente la imagen de mi rostro. Me veo reconfortado y experimento en mi interior, el principio de solución del problema. (*)

Intercambio sobre la experiencia

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

La “respuesta” del guía puede aparecer como una escena más o menos real; como una alegoría que requiere interpretación; como una actitud del mismo guía; como una explicación dada en palabras, o como simple sensación interna de difícil definición. En los casos más confusos, la repetición de la experiencia puede mejorar la “respuesta”. De todas maneras, la “respuesta” acudirá con más precisión si el problema ha sido, previamente, formulado con claridad. Así es que una adecuada repetición de la experiencia partirá de la intención de explicarse muy bien el problema que se desea solucionar.


La vejación y el guía interno


Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

En esta segunda experiencia breve, se pretende dar al practicante, control interno frente a una persona que en la vida cotidiana logra desajustarlo afectivamente.

Experiencia guiada.

He salido de mi casa y me enfrento con aquella persona que me perturba emocionalmente. La saludo para seguir mi camino pero advierto que, acercándose, aferra mi brazo y me invita a un bar que está precisamente en ese lugar. Entramos.

Estamos sentados. Sin aparente motivo, comienza a criticar duramente asuntos míos muy privados. (*) 

En un momento se vuelve agresiva y hablando con voz fuerte, me señala una y otra vez. Veo cerca a otros conocidos que observan con atención y escuchan las ofensivas palabras. (*)

Trato de levantarme para salir, pero mi acompañante me retiene de un hombro, al tiempo que hace insinuaciones desagradables.

Me insulta francamente y amenaza con arruinarme al tiempo que se burla groseramente. Comprendo que puedo proceder de distintas maneras, pero sé que cualquier medida que tome será aprovechada por el agresor para perjudicarme. (*)

Las cosas continúan con tal indignidad que me dispongo a reaccionar sin medir las consecuencias. En ese momento, recuerdo a mi guía y digo mentalmente: “¡Oh guía, dame control!”. En ese momento, siento que una voz interna me dice: ¡Pídele consejo!

Entonces, explico a mi interlocutor que no sé cómo proceder, que por favor me aconseje. Tocado por el pedido, el individuo se hincha solemnemente y comienza a pontificar acerca de mis obligaciones. La conversación continúa. Pasado un tiempo, se lanza a desarrollar sus problemas personales. Mientras tanto, se hace servir varios tragos fuertes. Yo, en silencio escucho su patético relato; otro tanto hace la gente próxima. (*)

Lo saludo afectuosamente y me levanto. El personaje, completamente borracho se abalanza sobre los otros conocidos agrediéndolos, pero cae sobre la mesa lastimosamente.

Salgo a la calle, mientras lleno mis pulmones de aire puro.

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

En caso de haber superado las resistencias, comprobar si en la vida diaria han

desaparecido o disminuido considerablemente, los problemas afectivos que me ocasionaba la persona de la experiencia.

La indecisión y el guía interno

 

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta tercera experiencia breve, tiene por finalidad dar al practicante confianza en sí mismo con respecto a una situación que lo hace vacilar o retroceder injustificadamente.

Experiencia guiada.

Entro a un edificio, considerando esa situación pendiente que debo afrontar. (*)

Creo que, llegado el momento, todo va a salir mal. No ignoro que lo emprendido con sensación de fracaso me hace inseguro: se reducen mis fuerzas y, efectivamente, termino derrotado. Comprendiendo eso, me detengo. Estoy a punto de abandonar. Creo que voy a huir, regresando por donde entré. Al mismo tiempo, sé que debo hacer un esfuerzo en sentido contrario. Me siento dividido entre lo que debo hacer y lo que no puedo hacer. (*)

Reflexiono un instante y me digo: “¡Oh guía, dame la Fuerza!” Instantáneamente, siento que mi respiración se hace amplia y mi cuerpo se endereza. Comienzo a caminar nuevamente. Mis pasos son largos y seguros. Ha renacido en mí la confianza. Comprendo que todo saldrá bien porque depende de cómo haga las cosas y ahora sé que procederé  con mi  potencial al máximo. (*)

 

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

En caso de haber realizado la experiencia con referencia a un problema concreto de indecisión, comprobar en la situación cotidiana si se ha logrado el avance buscado.

Si en la experiencia, no se hubiera logrado el conjunto de registros sugeridos, repetirla antes de comprobar en la situación cotidiana.


3º EXPERIENCIAS DE PROPUESTAS A FUTURO


La acción salvadora

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia, aprovechando condiciones dramáticas, impulsa a la apertura y a la comunicación con las otras personas. El tema de las “buenas acciones” se introduce para fijar ideas de solidaridad y ayuda a otros. Si se tiene un mediano conocimiento de nuestra doctrina, se comprenderá la utilidad que tiene para la propia vida fortalecer actitudes que desarraiguen el egoísmo y el encerramiento. Por otra parte, tales ventajas pueden entenderse pero no por ello mover al cambio de actitud en ese sentido. La presente experiencia, habilita el cambio siempre, por supuesto, que se desee marchar sinceramente en esa nueva dirección.

 

Experiencia guiada.

Nos desplazamos velozmente, por una gran carretera. A mi lado, maneja una persona que no he visto nunca. En los asientos traseros, dos mujeres y un hombre, también desconocidos. El coche corre rodeado por otros vehículos que ruedan imprudentemente como si sus conductores estuvieran ebrios o enloquecidos. No estoy seguro si está amaneciendo o cae la noche.

Pregunto a mi compañero acerca de lo que está sucediendo. Me mira furtivamente y responde en una lengua extraña: “¡Rex voluntas!”. Luego prende la radio que nos devuelve fuertes descargas y ruidos de interferencia eléctrica. Sin embargo, alcanzo a escuchar una débil voz metálica que repite monótonamente: “rex voluntas… rex voluntas… rex voluntas…”.

El desplazamiento de los vehículos se va enlenteciendo, mientras veo al costado del camino numerosos coches volcados y un incendio que se propaga entre ellos. Al detenernos, todos abandonamos el vehículo y corremos hacia los campos entre un mar de gente que se abalanza despavorida.

Miro hacia atrás y veo entre el humo y las llamas, a muchos desafortunados que han quedado atrapados mortalmente, pero soy obligado a correr por la estampida humana que me lleva a empellones. En ese delirio, intento inútilmente llegar a una mujer que protege a su niño, mientras la turba le pasa por encima cayendo muchos al suelo.

En tanto se generaliza el desorden y la violencia, decido desplazarme en una leve línea diagonal que me permita separarme del conjunto. Apunto hacia un lugar más alto que obligue a frenar la carrera de los enloquecidos. Muchos desfallecientes se toman de mis ropas haciéndola girones, pero de todas maneras compruebo que la densidad de gente va disminuyendo.

He logrado zafarme y ahora sigo subiendo ya casi sin aliento. Al detenerme un instante, advierto que la multitud sigue una dirección opuesta a la mía, pensando seguramente que al tomar un nivel descendente podrá salir más rápidamente de la desesperada situación. Compruebo con horror que aquel terreno se corta en un precipicio. Grito con todas mis fuerzas para advertir, aunque fuera a los más próximos, sobre la inminente catástrofe. Entonces, un hombre se desprende del conjunto y se acerca corriendo hasta mí. Está con las ropas destrozadas y cubierto de heridas. Sin embargo, me produce una gran alegría que pueda salvarse. Al llegar, me aferra un brazo y gritando como un loco señala hacia abajo. No entiendo su lengua pero creo que quiere mi ayuda para rescatar a alguien. Le digo que espere un poco porque en ese momento es imposible… Sé que no me entiende. Su desesperación me hace pedazos. El hombre entonces, trata de volver y en ese momento lo hago caer de bruces. Queda en el suelo gimiendo amargamente. Por mi parte comprendo que he salvado su vida y su conciencia, porque él trató de rescatar a alguien pero se lo impidieron.

Subo un poco más y llego a un campo abierto y plano. Escucho a la distancia disparos de armas y creo comprender lo que está sucediendo. Me alejo apresuradamente del lugar. Pasado un tiempo me detengo. Todo está en silencio. Miro en dirección a la ciudad y veo un siniestro resplandor.

Empiezo a sentir que el piso ondula bajo mis pies y un bramido que llega de las profundidades me advierte sobre el inminente terremoto. En efecto, al poco tiempo he perdido el equilibrio. Quedo en el suelo lateralmente encogido pero mirando el cielo. Cuando el temblor ha cesado, veo una luna enorme, como cubierta de sangre.

Hace un calor insoportable y respiro el aire cáustico de la atmósfera malignamente contaminada. Entre tanto, sigo sin comprender si amanece o cae la noche…

Ya sentado, escucho un retumbar creciente. Al poco tiempo, cubriendo el cielo, pasan cientos de aeronaves como mortales insectos que se pierden hacia un ignorado destino.

Descubro cerca mío un gran perro que mirando hacia la luna comienza a aullar casi como un lobo. Lo llamo. El animal se acerca tímidamente. Llega a mi lado. Acaricio suavemente su pelambre erizado. Está temblando.

El perro se separa de mí y empieza a alejarse. Me pongo en pie y lo sigo. Así recorremos un espacio pedregoso hasta llegar a un arroyo. El animal sediento se abalanza y comienza a beber agua con avidez, pero al momento retrocede y cae. Me acerco, lo toco y compruebo que ha muerto. Seguramente el arroyo lleva aguas contaminadas.

Siento nuevos temblores de tierra que amenazan con derribarme, pero pasan. Giro sobre mis talones y diviso en el cielo, a lo lejos, cuatro formaciones de nubes que avanzan con sordo retumbar de truenos. La primera es blanca, la segunda roja, la tercera negra y la cuarta amarilla. Y esas nubes se asemejan a cuatro jinetes armados sobre cabalgaduras de tormenta, recorriendo los cielos y asolando toda vida en la tierra.

Corro en dirección opuesta a las nubes que se acercan, buscando algún refugio. Comprendo que si llega hasta mí la lluvia, quedaré contaminado. Sigo avanzando a la carrera, pero de pronto se alza adelante una figura colosal. Es un gigante que me cierra el camino. Agita amenazante una espada de fuego. Le grito que debo seguir porque se acercan las nubes radiactivas. El me responde que es un robot puesto allí para impedir el paso de gente destructiva. Agrega que está armado con rayos así es que advierte que no me acerque. Veo que el gigante separa netamente dos espacios: aquel del que provengo, pedregoso y mortecino; el otro, lleno de vegetación y vida.

Entonces grito: “¡Tienes que dejarme pasar porque he realizado una buena acción!”

¿Qué es una buena acción? pregunta el coloso.

Es una acción que construye, que colabora con la vida.

Pues bien agrega ¿qué has hecho de bueno?

He salvado a un ser humano de una muerte segura y además, he salvado su conciencia.

Inmediatamente, el coloso se aparta y salto al terreno lleno de vegetación en el momento en que caen las primeras gotas de lluvia.

Tengo al frente una granja-. Cerca, la casa de los campesinos. Por sus ventanas amarillea una suave luz. Recién ahora, advierto que comienza el día. Los pájaros cantan armoniosamente.

Llegando a la casa se abre la puerta y un hombre rudo de aspecto bondadoso, me invita a pasar. Adentro hay una familia numerosa preparándose para las actividades del día. Todos me saludan e invitan a una mesa en la que hay dispuesta una comida simple y reconfortante. Pronto me encuentro bebiendo agua pura como de manantial. Unos niños corretean a mí alrededor.

Esta vez dice mi anfitrión escapó usted, pero cuando nuevamente tenga que pasar el límite de la muerte a la vida ¿qué acciones podrá exhibir?

Entonces le pido mayores aclaraciones porque sus palabras me resultan extrañas. Él me explica: “Pruebe de recordar verdaderas buenas acciones efectuadas en su vida. Por supuesto que no estoy hablando de esas buenas acciones que hace la gente esperando algún tipo de recompensa. Trate de recordar solamente aquellas que haya efectuado desinteresadamente, por simple y pura solidaridad humana. Le doy tres minutos para que revise su vida y compruebe qué pobreza interior hay en usted, mi buen amigo”. Dicho lo cual, sale de la casa él y toda su gente. Quedo solo meditando en mis buenas acciones. (*)

A los pocos minutos, el campesino entra nuevamente y me dice: “Ya ve qué vacío es por dentro. Permítame darle una recomendación y acéptela, porque eso es lo único que le servirá más adelante: desde hoy propóngase cambiar su vida; no deje pasar un solo día, sin realizar una buena acción”. Luego, me despide amablemente. Salgo por la puerta y lo saludo con la mano. A la distancia, escucho que me grita: “¡Dígale a las gentes lo que va a suceder si no cambian rápidamente el sentido de sus vidas!”

Me alejo de la granja en dirección a mi ciudad.

Camino con el sentimiento de iniciar una nueva vida. Me propongo superar el encerramiento y el egoísmo. (*)

Esto he aprendido hoy: cuando el ser humano solo piensa en sus intereses y problemas personales, lleva la muerte en el alma y todo lo que toca muere con él. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Observar todas las resistencias aparecidas a lo largo de la experiencia guiada, tratando de superarlas en repeticiones posteriores. Utilizar la revisión de las “buenas acciones” como tema de meditación sobre la propia vida, en un momento

inmediatamente posterior a la experiencia. Tal vez la meditación pueda efectuarse, dando unos minutos a los presentes antes de levantar la reunión.


Ejercicio de ascenso

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Las dificultades en el ejercicio de ascenso, están relacionadas con el temor a las caídas. Ello puede deberse a problemas físicos. También a accidentes sufridos en algunas subidas. Pero pueden ser el reflejo de la situación “inestable” que uno está viviendo en el momento actual.

La angustia por no alcanzar un objetivo y la ansiedad por el futuro incierto, se ven confirmadas por problemas en los ascensos de la imagen. La movilización de la imagen, habilita para que la conducta se oriente posteriormente, en la misma dirección.

Experiencia guiada.

Es de día. Entro en una casa. Comienzo lentamente a subir unos escalones. Llego a un primer piso. Continúo subiendo. Estoy en la azotea.

Observo una escalera de metal en espiral. No tiene barandas de protección. Debo ascender, para llegar a un tanque de agua. Lo hago despacio.

Estoy sobre el tanque de agua. Su base es pequeña. Toda la estructura se mueve por las ráfagas de viento. Estoy de pie. (*)

Me acerco al borde. Abajo veo la azotea de la casa. Me siento atraído por el vacío pero me repongo y continúo mirando. Luego paseo la vista por el paisaje. (*)

Arriba mío hay un helicóptero. Bajan de él una escalera de soga. Los travesaños son de madera. Tomo la escalera y apoyo ambos pies en el último barrote. El aparato sube lentamente. Allá abajo queda el tanque de agua cada vez más pequeño. (*) .

Subo por la escala, hasta llegar a la compuerta. Trato de abrirla pero está trancada. Miro hacia abajo. (*)

Han corrido la puerta de metal. Un joven piloto me tiende la mano. Entro. Subimos a gran velocidad.

Alguien anuncia que hay una falla en el motor. Al poco tiempo escucho un sonido de engranajes rotos. La hélice se ha atascado. Empezamos a perder altura cada vez más rápidamente.

Se distribuyen paracaídas. Los dos tripulantes saltan al vacío. Estoy en el riel de la compuerta. El descenso es vertiginoso.

Me decido y salto. Voy cayendo de frente. La aceleración me impide respirar. Tiro de una anilla y el para- caídas se proyecta como una larga sábana hacia arriba. Siento un fuerte tirón y un rebote. He frenado la caída.

Debo acertar al tanque de agua, de otro modo caeré sobre los cables de alta tensión o en los pinos, cuyas puntas me esperan como afiladas agujas. Maniobro tirando de las cuerdas. Afortunadamente, el viento me ayuda.

Caigo sobre el tanque, rodando hasta el borde. El paracaídas me envuelve. Me desembarazo de él y veo cómo cae desordenadamente.

Estoy nuevamente en pie. Muy lentamente, comienzo a bajar la escalera en espiral.

Llego a la azotea. Bajo despaciosamente al primer piso.

Continúo descendiendo hasta llegar a la habitación. Lo hago sin apuro.

Estoy en la planta baja de la casa. Voy hasta la puerta. La abro y salgo.

 

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

Observar si en la vida diaria se reproducen las mismas resistencias que en la experiencia. Parejamente, si en la experiencia o en otras repetidas, se han vencido las dificultades, confrontar con situaciones en las que aparecían los problemas comprobando si se ha logrado progresar.


Las falsas esperanzas

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

En esta experiencia se pretende solucionar problemas de futuro, en el sentido de clarificar proyectos, dejando de lado las imágenes que impiden un adecuado sentido de la realidad.

Experiencia guiada.

He llegado al lugar que me recomendaran. Estoy frente a la casa del doctor. Una pequeña placa advierte: “Usted que entra, deje toda esperanza”.

Luego de mi llamada, se abre la puerta y una enfermera me hace pasar. Indica una silla en la que me siento. Ella se emplaza tras una mesa enfrentándome. Toma un papel y después de colocarlo en su máquina de escribir, pregunta: ¿Nombre? y yo respondo. ¿Edad?…, ¿profesión?…, ¿estado civil?…, ¿grupo sanguíneo?…

La mujer continúa llenando su ficha con mis antecedentes familiares de enfermedad. Respondo por mi historial de enfermedades. (*)

Inmediatamente, reconstruyo todos los accidentes sufridos desde mi infancia. (*)

Mirándome fijamente, pregunta con lentitud: “¿Antecedentes criminales?” Por mi parte, respondo con cierta inquietud.

Al decirme, “¿cuáles son sus esperanzas?”, interrumpo mi obediente sistema de respuesta y le pido aclaraciones. Sin inmutarse y mirándome como a un insecto, replica: “¡esperanzas son esperanzas! Así es que empiece a contar y hágalo rápido, porque tengo que encontrarme con mi novio”.

Me levanto de la silla y de un manotazo saco el papel de la máquina. Luego, lo rompo tirando los fragmentos en un papelero. Doy media vuelta y me dirijo a la puerta, comprobando que no puedo abrirla. Con molestia evidente, grito a la enfermera que la abra. No me responde. Entonces, recorro la habitación con la mirada y veo que está vacía.

Me dirijo hacia la otra puerta comprendiendo que tras ella está el consultorio. Seguramente, allí encontraré al doctor y le presentaré mis quejas. Abro la puerta pero compruebo que da a una pared de ladrillos. Corro hacia la primera y la abro con violencia, chocando nuevamente con la pared que me cierra el paso. Comprendo que estoy en una trampa.

Escucho una voz de hombre que me dice por un altavoz: “¿cuáles son sus esperanzas?” Recomponiéndome, le respondo al doctor que mi mayor esperanza es salir del lugar en que me encuentro. Él dice: “la placa en la pared de entrada, advierte al que llega, que deje toda esperanza”.

La situación, se me aparece como una broma monstruosa, de modo que me siento en la silla, a esperar algún tipo de desenlace. 

“Comencemos de nuevo dice la voz. Usted recuerda que en su niñez tenía muchas esperanzas. Con el tiempo, advirtió que jamás se iban a cumplir. Abandonó pues, esos lindos proyectos…, haga memoria. (*)

Más adelante continúa la voz sucedió otro tanto y tuvo que resignarse a que sus deseos no se cumplieran…, recuerde”. (*)

“Por fin, usted tiene varias esperanzas en este momento. No me refiero a la esperanza de salir del encierro en esta habitación, ya que la actual situación es un truco que durará unos pocos minutos. Estoy hablando de otra cosa: ¿cuáles son sus esperanzas a futuro?” (*)

“¿Y cuáles de ellas, sabe secretamente que jamás se cumplirán? A ver, piénselo sinceramente…”

Ante tal invitación, comienzo a pensar en eso que no se cumplirá jamás. (*)

“¡Vamos, dígamelo!” invita la voz amablemente. Y en efecto, le cuento todo. (*)

“Sin esperanzas, el ser humano no puede vivir, pero cuando sabe que éstas son falsas, no las puede mantener indefinidamente, de manera que tarde o temprano todo termina en una crisis de fracaso. Si pudiera profundizar en su interior, llegando a las esperanzas que reconoce no se cumplirán y si además hiciera el trabajo de dejarlas aquí para siempre, ganaría en sentido de la realidad. Así es que trabajemos nuevamente: busque las más profundas esperanzas. Esas que según siente, jamás se cumplirán. ¡Cuidado con equivocarse! Hay cosas que le parecen posibles, a esas, no las toque. Tome sólo aquellas que no se cumplirán. Vamos, búsquelas con toda la sinceridad de que sea capaz, aunque le resulte un poco doloroso”. (*)

“Ahora, cuéntemelas.” (*)

“Al salir de esta habitación, propóngase dejarlas aquí para siempre”.

“Y ahora, terminemos el trabajo: considere aquellas cosas en que tiene esperanzas y las cree posibles”. “Explíquemelas”. (*)

“Bueno, creo que hemos terminado. Desde ahora, se orientará por aquello que cree posible. Le daré una ayuda: dirija su vida sólo por lo que cree posible o que auténticamente siente que se cumplirá y estará a salvo. No importa que luego las cosas no resulten, porque al final de la vida queda la mejor de las esperanzas. En fin, hemos terminado. Ahora, salga por donde entró.” La voz se silencia. Me levanto proponiéndome apartar las esperanzas imposibles. (*)

Doy unos pasos, abro la puerta y salgo. Mirando la placa de la entrada leo: “Usted que sale, deje aquí toda falsa esperanza”. Me siento en un curioso estado de liviandad. Tal vez, ligeramente desconcertado pero con la sensación de haber logrado algo positivo. Desde ahora tendré que aprender a vivir con la verdad interior y eso, seguramente cambiará mi comportamiento en la vida. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

Observar en la vida diaria las confusiones y pérdidas de tiempo que produce la orientación por falsas esperanzas. Comprobar si se modifica el enfoque de los proyectos, por acción de la experiencia guiada o de su repetición.

 


4º EXPERIENCIAS SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA


La repetición

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

En esta experiencia se pretende que el practicante examine la dirección de su vida desde el pasado al momento actual, permitiéndole hacer una proyección a futuro que no tiene por qué apartarse de la misma línea, a menos que se considere la posibilidad de un nuevo sentido. La meditación sobre ese punto habilita para un cambio de dirección aun cuando no quede resuelto el nuevo objetivo. Una meditación de este tipo es capaz de producir cambios profundos y positivos en la simple mecánica de vida llevada hasta el momento.

Experiencia guiada.

Es de noche. Camino por un lugar débilmente iluminado. Se trata de un callejón estrecho. No veo a nadie. En todo caso, la bruma difunde una luz distante. Mis pasos resuenan con un cierto eco. Apuro el andar con la intención de llegar rápidamente al próximo farol.

Llegando al punto, observo una silueta. La figura está a dos o tres metros de distancia. Es una anciana con el rostro semi cubierto. De pronto, con una voz grave y susurrante me pregunta la hora. Miro mi reloj y le digo: “Son las tres de la mañana”.

Me alejo velozmente internándome de nuevo en la bruma y la oscuridad, deseando llegar al próximo farol que diviso a la distancia.

Allí, nuevamente, está la mujer. Miro el reloj que marca las dos y treinta. Comienzo a correr hasta el farol siguiente al tiempo que miro para atrás. Efectivamente, me alejo de la silueta que permanece quieta a lo lejos. Voy llegando a la carrera al farol siguiente y allí está nuevamente la oscura sombra. Miro el reloj: son las dos.

Corro ya sin control alguno, pasando cada vez más velozmente faroles y ancianas hasta que, agotado, me detengo a mitad de camino. Miro el reloj y veo en él el rostro de la mujer. Comprendo que ha llegado el fin.

A pesar de todo, trato de entender la situación y me pregunto repetidamente: “¿De qué estoy huyendo… de qué estoy huyendo?”. La voz grave me responde: “Estoy atrás tuyo y adelante. Lo que ha sido, será. Pero eres muy afortunado porque has podido detenerte a pensar un momento. Si resuelves esto, podrás salir de tu propia trampa”. (*)

Me siento aturdido y fatigado. No obstante, pienso que hay una salida. Algo me hace recordar varias situaciones de fracaso en mi vida. Efectivamente, ahora evoco los primeros fracasos en mi niñez. (*)

Luego, los fracasos de juventud. (*)

También, los fracasos más cercanos. (*)

Caigo en cuenta, que a futuro seguirá repitiéndose fracaso tras fracaso. (*)

Todas mis derrotas han tenido algo de parecido y es que las cosas que quise hacer no estaban ordenadas. Eran confusos deseos que terminaban oponiéndose entre ellos. (*)

Ahora mismo descubro que muchas cosas que deseo lograr a futuro, son contradictorias. (*) No sé qué hacer con mi vida y sin embargo, quiero muchas cosas confusamente.

Sí, temo al futuro y no quisiera que se repitieran fracasos anteriores.

Mi vida está paralizada en ese callejón de niebla, entre fulgores mortecinos.

Inesperadamente, se prende una luz en una ventana y desde ella alguien me grita: “¿Necesita algo?” Sí le respondo necesito salir de aquí.

¡Ah, no!… solo no se puede salir”.

Entonces, indíqueme cómo hago.

No puedo, además, si seguimos gritando vamos a despertar a todos los vecinos. ¡Con el sueño de los vecinos no se juega! ¡Buenas noches!”

Se apaga la luz. Entonces, surge en mí el más fuerte deseo: salir de esta situación. Advierto que mi vida cambiará solamente si encuentro una salida. El callejón tiene aparentemente un sentido, pero no es sino una repetición, desde el nacimiento a la muerte. Un falso sentido, de farol en farol hasta que en algún momento se acaben mis fuerzas para siempre.

Advierto a mi derecha un cartel indicador con flechas y nombres de calles: la flecha del callejón se llama “repetición de la vida”. Otra se llama “anulación de la vida”. Una tercera: “más allá de la vida”. Me quedo reflexionando un momento. (*)

Tomo la dirección que indica la tercera flecha. Mientras salgo del callejón a una calle ancha y luminosa, experimento la sensación de que estoy por descubrir algo decisivo. (*)

Camino por una soberbia avenida llena de color y movimiento. Sin saber exactamente por qué, comienzo a revisar mis actividades diarias: mi trabajo, mis relaciones, mis éxitos, mis derrotas. (*)

Intuyo que las cosas diarias, por pequeñas o grandes que sean, pueden servir para aprender más sobre el descubrimiento que debo hacer. Siento que aún los contratiempos ayudarán a comprender mejor mi vida y esa bella esperanza que me sobrepasa. Me reconozco débil, con temores, con defectos y problemas, pero también siento que se agita en mí la victoria de un ser invulnerable. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación.

Tener en cuenta las resistencias observadas en la experiencia como indicadores de impedimentos al cambio de dirección en la línea de conducta llevada hasta el momento actual. Profundizar individualmente o en una repetición conjunta de la experiencia, la sensación de que “… estoy por descubrir algo decisivo”. Ese será el registro interno que habrá de preceder al surgimiento de un nuevo sentido de la vida.


El viaje

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta práctica apunta a la producción de aquellas sensaciones que acompañan a los grandes descubrimientos de la realidad interior, tales los que se refieren a un sentido trascendente de la vida. No se trata pues de un ejercicio que aclare la comprensión de un objeto o un temor dado, sino de una experimentación que permita reconocer o producir importantes registros internos.

Experiencia guiada.

Sigo subiendo a pie por el camino montañoso. Me detengo un instante y miro hacia atrás. A la distancia, veo la línea de un río y lo que podría ser una arboleda. Más lejos, un desierto rojizo que se pierde en la bruma del atardecer. 

Camino unos pasos más, mientras la senda se estrecha hasta quedar borrada. Sé que falta un último tramo, el más difícil, para llegar a la cima. La nieve apenas molesta mi desplazamiento, así es que continúo el ascenso.

He llegado a la pared de roca. La estudio cuidadosamente y descubro en su estructura, una grieta por la que podría trepar. Comienzo a subir enganchando los botines de altura en las salientes. Pego la espalda en un borde de la canaleta, mientras palanqueo con un codo y el otro brazo. Subo.

La grieta se ha estrechado. Miro hacia arriba y hacia abajo. Estoy a mitad de camino. Imposible desplazarme en ninguno de los dos sentidos.

Cambio la posición del cuerpo, quedando pegado de frente a la resbaladiza superficie. Afirmo los pies y muy despacio estiro un brazo hacia arriba. La roca me devuelve el jadeo húmedo de la respiración. Palpo sin saber si encontraré una pequeña grieta. Estiro el otro brazo suavemente. Siento que me balanceo. Mi cabeza comienza a separarse lentamente de la piedra. Luego, todo mi cuerpo. Estoy por caer de espaldas… pero encuentro un pequeño hueco en el que introduzco mis dedos como garfios. Me afirmo y continúo el ascenso, trepando sin dificultad en el asalto final.

Por fin llego a la cima. Me incorporo y aparece ante mí una pradera interminable. Avanzo unos pasos. Luego, cambio de frente. Hacia el abismo es de noche; hacia la llanura, los últimos rayos del sol fugan en tonalidades múltiples. Estoy comparando ambos espacios cuando escucho un sonido agudo. Al mirar hacia lo alto, contemplo suspendido un disco luminoso que girando en círculos alrededor mío, comienza a descender.

Se ha posado muy cerca. Movido por un llamado interior me acerco sin prevenciones. Penetro en su interior, con la sensación de traspasar una cortina de aire tibio. Al momento, experimento que mi cuerpo se aliviana. Estoy en una burbuja transparente achatada en su base. Como impulsados por un gran elástico, partimos rectamente hacia arriba. Alcanzo a ver, fugazmente, el atardecer en la pradera.

Subimos a mayor velocidad mientras el cielo se oscurece y la Tierra se aleja.

Es plena noche. Sin referencia alguna, advierto de todas maneras, que aumenta la velocidad. Las límpidas estrellas van virando de color hasta desaparecer en la oscuridad total.

Al frente veo un único punto de luz dorada que se agranda. Vamos en dirección a él. Ahora se destaca un gran aro que se continúa en un larguísimo túnel transparente.

Entramos en él, deteniéndonos súbitamente. Hemos descendido en una explanada. Atravieso la cortina de aire tibio y salgo del objeto.

Estoy ante paredes al parecer de cristal, que al atravesarlas producen musicales cambios de color. Sigo avanzando hasta llegar a un espacio en cuyo centro veo un gran cuerpo geométrico móvil, imposible de capturar con la mirada, porque al seguir una dirección cualquiera de su superficie, ésta termina envuelta incomprensiblemente en el interior del cuerpo. Siento mareo y aparto la vista.

Encuentro una figura al parecer humana. No puedo ver su rostro. Me tiende una mano en la que veo una esfera radiante. Comienzo a acercarme con temor reverencial y en un acto de plena aceptación, tomo la esfera y la apoyo en mi frente. (*)

Entonces, en silencio total, percibo que algo nuevo comienza a vivir en mi interior. Ondulaciones sucesivas y una fuerza creciente bañan mi cuerpo, al tiempo que surge desde mi más profundo ser, una gran alegría. (*)

Sé que la figura me dice sin palabras: “Regresa al mundo con tu frente y tus manos luminosas”. (*)

Así pues, acepto mi destino. Luego, la burbuja y el aro y las estrellas y la pradera y la pared de roca. (*)

Por último, el camino y yo, humilde peregrino que regresa a su gente. (*)

Yo que vuelvo luminoso a las horas, al día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría.

Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que del abismo oscuro renace por la luz del Sentido…

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

Considerar si las imágenes propuestas respecto a la figura y la esfera se representaron adecuadamente. Tener en cuenta únicamente las sensaciones descriptas en la escena del apoyo de la esfera en la frente. Las resistencias de importancia a vencer, son las que impiden recrear las sensaciones mencionadas.


El festival

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta experiencia tiene el objetivo de inducir imágenes desacostumbradas, acercando a nuevos fenómenos de percepción. Tal singular manera de ver las cosas, posee utilidad si presenta la posibilidad de un nuevo mundo y un nuevo sentido aún frente a objetos cotidianos. Las experiencias llamadas “místicas” y las sicodélicas, que tanto atractivo ejercen sobre las nuevas generaciones, tienen la fuerza de la percepción no habitual de la realidad. No obstante, esas posturas han quedado limitadas a la fe en unos casos, y a la acción destructiva del artificio químico, en otros.

Experiencia guiada.

Acostado en una cama, creo estar en la habitación de un hospital. Escucho apenas, el goteo de un grifo de agua mal cerrado. Intento mover los miembros y la cabeza, pero no me responden. Con esfuerzo, puedo mantener los párpados abiertos. Me parece que alguien ha dicho a mi lado que afortunadamente salí de todo peligro… que ahora todo es cuestión de descanso. Inexplicablemente, esas palabras confusas me traen un gran alivio. Siento todo el cuerpo adormecido y pesado, cada vez más flojo.

El techo es blanco y liso, pero cada gota de agua que escucho caer, destella en su superficie como un trazo de luz. Una gota, una raya. Luego otra. Después, muchas líneas. Más adelante, ondulaciones. Me doy cuenta que ahora el techo se va modificando, siguiendo el ritmo de mi corazón. Puede ser un efecto de las arterias de mis ojos, al pasar los golpes de sangre. El ritmo, va dibujando el rostro de una persona joven.

¡Eh, tú! me dice ¿por qué no vienes?

Claro pienso ¿por qué no?

…Allí adelante se desarrolla el festival de música, y el sonido de los instrumentos inunda de luz un enorme espacio tapizado de hierba verde y flores.

Estoy recostado en la pradera, mirando hacia el gran escenario. A mi alrededor hay una enorme cantidad de gente, pero me agrada el hecho de ver que no está apiñada porque hay mucho espacio. A la distancia, alcanzo a ver varios familiares y antiguos amigos de la niñez. Siento que están realmente a gusto.

Fijo la atención en una flor, conectada a su rama por un delgado tallo de piel transparente, en cuyo interior se va profundizando el verde reluciente. Estiro la mano, pasando suavemente un dedo por el tallo terso y fresco, apenas interrumpido por pequeñísimos abultamientos. Así, subiendo por entre hojas de esmeralda, llego a los pétalos que se abren en una explosión multicolor. Pétalos como cristales de catedral solemne, pétalos como rubíes y como fuego de leños amanecidos en hoguera… Y en esa danza de matices, siento que la flor vive como si fuera parte mía. (*)

Y la flor agitada por mi contacto, suelta una gota de rocío amodorrado, apenas prendida en un pétalo final. La gota vibra en óvalo, luego se alarga y ya en el vacío se aplana para redondearse nuevamente, cayendo en un tiempo sin fin, cayendo, cayendo en el espacio sin límite. Por último, dando en el sombrero de un hongo, rueda por él como pesado mercurio, para deslizarse hasta sus bordes. Allí, en un espasmo de libertad, se abalanza sobre un pequeño charco en el que levanta el tormentoso oleaje que baña a una isla de piedra-mármol. (*)

Alzo la mirada para ver a una abeja dorada que se acerca a libar en la flor. Y en ese violento espiral de vida, contraigo mi mano irrespetuosa, alejándola de aquella perfección deslumbrante.

Mi mano… La miro atónito como si la viera por vez primera. Dándola vuelta una y otra vez, flexionando y estirando los dedos, veo las encrucijadas de la palma y en sus líneas, comprendo que todos los caminos del mundo convergen allí. Siento que mi mano y sus profundas líneas, no me pertenecen y agradezco en mi interior la desposesión de mi cuerpo, como anuncio de eternidad.

Adelante se desarrolla el festival y yo sé que la música me comunica con esa muchacha que mira sus vestidos y con el hombre joven que acariciando un gato azul, se respalda en el árbol.

Sé que antes he vivido esto mismo y que he captado la silueta rugosa del árbol y las diferencias de volumen de los cuerpos. Otra vez ya, he advertido esas nubes ocre de forma blanda, pero como de cartón recortado en el celeste límpido del cielo.

Y también he vivido esa sensación sin tiempo en que mis ojos parecen no existir, porque ven todo con transparencia como si no fueran ojos del mirar diario, aquellos que enturbian la realidad. Siento que todo vive y que todo está bien; que la música y las cosas, no tienen nombre y que nada verdaderamente puede designarlas. (*)

En las mariposas de terciopelo que vuelan a mí alrededor, reconozco la calidez de los labios y la fragilidad de los sueños felices.

El gato azul, se desplaza cerca mío. Caigo en cuenta de algo obvio: sé que lo hace por sí solo; sin cables, sin control remoto. Lo hace por sí solo y eso me deja estupefacto. En sus perfectos movimientos y tras los hermosos ojos amarillos, sé que hay una vida y todo lo demás es un disfraz: como la corteza del árbol, como las mariposas, como la flor, como la gota mercurial, como las nubes recortadas, como la mano de los caminos convergentes. Por un momento, me parece comunicar con algo universal. (*)

…Pero una suave voz me interrumpe antes de llegar a esa dimensión.

¿Usted cree que así son las cosas? me susurra el desconocido. Le diré que no son de ese modo, ni del otro. Usted, pronto volverá a su mundo gris, sin profundidad, sin alegría, sin volumen. Y creerá que ha perdido la libertad. En realidad, este mundo es un anticipo torpe de lo que podría manejar de modo permanente… Por ahora no me entiende, ya que no tiene capacidad de pensar a su antojo, porque su aparente estado de libertad, es sólo producto de la Química. Eso le sucede a miles de personas, a las que aconsejo cada vez. Buenos días Y el amable señor desaparece.

Todo el paisaje empieza a girar en un espiral gris claro, hasta que aparece el techo ondulante. Oigo la gota de agua del grifo. Sé que estoy acostado en una habitación.

Siento diluirse el embotamiento de los sentidos. Pruebo de mover la cabeza y responde. Luego, los miembros. Me estiro y comprendo que estoy en perfectas condiciones. Me incorporo dando unos pasos, sintiéndome reconfortado y saludable, como si hubiera descansado por años.

Camino hasta la puerta de la habitación. La abro. Encuentro un corredor. Empiezo a caminar velozmente, en dirección a la salida del edificio. Llego hasta ella. Veo una gran puerta abierta, por la que pasa mucha gente en ambas direcciones. Bajo unos escalones y llego a la calle.

Es temprano. Miro la hora en un reloj de pared y comprendo que debo apurarme para cumplir con mis actividades diarias. Emprendo la marcha resueltamente. Un gato asustado cruza por entre peatones y vehículos. Lo miro correr y sin saber por qué, me digo a mi mismo: “Hay otra realidad que mis ojos no ven todos los días”.

Tengo la sensación de que me ha sucedido algo de importancia, algo referido a que hay otro

tipo de vida, otra forma de ser y sentir. Pienso que debo haber soñado con eso. Sin embargo, me siento feliz, como si asomara con el día, una nueva esperanza. (*)

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

En los días siguientes a la experiencia, intentar una visión nueva y entusiasta sobre las cosas y personas, para nosotros cotidianas. Aquí queda la recomendación: no se pretende incorporar una nueva forma de percibir.

Con una sola experiencia de este tipo es suficiente. Su ejercicio continuo, en cambio, no es útil para la vida cotidiana, ya que predispone a una contemplación inactiva que lleva al encerramiento mental. Ojalá esta experiencia ayude a comprender que tras la chatura de lo habitual, hay una dimensión de la mente cargada de esperanza.


La muerte

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo.

Esta práctica apunta al presentimiento de la trascendencia, apoyándose en imágenes y registros que cualquier persona, aún escéptica en estas materias, puede experimentar. Precisamente, el no creyente tiene oportunidad aquí de movilizar imágenes y sentimientos no habituales para él, elastizando su mecánica mental habitual. El creyente, en cambio, o aquél que ha tenido experiencias de este tipo puede encontrar en el ejercicio, un motivo reconfortante.

Experiencia guiada.

Sé que estoy muriendo. Con la velocidad del relámpago aparecen escenas de distintos momentos de mi vida. Veo también paisajes completamente nuevos; escucho sonidos y palabras que no están en mis recuerdos. Alcanzo a comprender que esos paisajes y sonidos son mis propios estados de ánimo: oscuras emociones que me llevan a cámaras grises, a hondos precipicios, a sonidos graves, a derrumbes lejanos. Y, cuando brilla la esperanza, las verdes praderas se alargan infinitas; los sonidos son himnos y palabras amables. (*)

Allí está mi cuerpo alejado y quieto, pero ¿cómo veo y escucho y tengo recuerdos e imagino si estoy separado de los que fueran mis sentidos, de lo que fuera mi cerebro, mi pulso, mi aire nutritivo? (*)

En esta confusión de espacios y de tiempos, me mantengo muy cerca del cuerpo. Así, cuando veo laberintos oscuros, estoy adentro de él; cuando asciendo a montañas doradas siento a mi cabeza yacente. Lo alto, lo bajo, lo profundo; lo que pasó y lo que creo pasará, tienen a mi cuerpo por punto medio. Todo lo que me apega es el pasado, así como la sombra se apega a los cuerpos sin ser cuerpo.

Tal vez por ello, estoy adherido a los momentos crueles de mi vida: a las frustraciones, a los resentimientos, a la venganza… como si fueran sólidos objetos que me quitan la luz. Cuando no hay objetos, la luz da en pleno y tampoco hay sombra y esto sólo es posible si los recuerdos no tienen ni frustración, ni resentimiento, ni venganza en qué detenerse. De otro modo, quedarán allí resolviendo lo que no puede ser resuelto.

Así, la vida es el medio que utiliza la mente para romper la red de sombras. Agradezco el haber conocido lo único importante: obrar con unidad. Agradezco haber comprendido que la vida tiene un sentido lejano, que no se agota en el absurdo de sí misma. Y agradezco haber ajustado mis acciones con la mirada siempre puesta en esa dirección.

Compadezco a aquellos que quedaron atrapados en la red de sombras creyendo que sus pequeñas ilusiones eran la única verdad. ¿Podrá alguien o algo, liberarlos?

Compadezco a aquellos a quienes llegó el mensaje de la liberación y lo degradaron, porque su confusión será enorme en su día, a diferencia de estos que le dieron a su vida el sentido y aún a diferencia de los que jamás lo conocieron y obraron con unidad interna… porque ellos también llegarán a la Luz.

Pero ahora es el tiempo triunfal de mi liberación y por ello sigo las imágenes que traduce mi guía con estas palabras: 

“Por el camino interno puedes andar oscurecido o luminoso. Atiende a las dos vías que se abren ante ti.

“Si dejas que tu ser se lance hacia regiones oscuras, tu cuerpo gana la batalla y él domina. Entonces, brotarán sensaciones y apariencias de espíritus, de fuerzas, de recuerdos. Por allí se desciende más y más. Allí están el Odio, la Venganza, la Extrañeza, la Posesión, los Celos, el Deseo de Permanecer. Si desciendes más aún, te invadirá la Frustración, el Resentimiento y todos aquellos ensueños y deseos que han provocado ruina y muerte a la humanidad.

“Si impulsas a tu ser en dirección luminosa, encontrarás resistencia y fatiga a cada paso. Esta fatiga del ascenso tiene culpables. Tu vida pesa, tus recuerdos pesan, tus acciones anteriores impiden el ascenso. Esta escalada es difícil por acción de tu cuerpo que tiende a dominar.

“En los pasos del ascenso se encuentran regiones extrañas de colores puros y de sonidos no conocidos.

“No huyas de la purificación que actúa como el fuego y que horroriza con sus fantasmas.

“Rechaza el sobresalto y el descorazonamiento.

“Rechaza el deseo de huir hacia regiones bajas y oscuras.

“Rechaza el apego a los recuerdos.

“Queda en libertad interior con indiferencia hacia el ensueño del paisaje, con resolución en el ascenso.

“La luz pura clarea en las cumbres de las altas cadenas montañosas y las aguas de los mil-colores bajan entre melodías irreconocibles hacia mesetas y praderas cristalinas. (*)

“No temas la presión de la luz que te aleja de su centro cada vez más fuertemente. Absórbela como si fuera un líquido o un viento porque en ella, ciertamente, está la vida. (*)

“Cuando en la gran cadena montañosa encuentres la ciudad escondida debes conocer la entrada. Pero esto lo sabrás en el momento en que tu vida sea transformada. Sus enormes murallas están escritas en figuras, están escritas en colores, están “sentidas”. En esta ciudad se guarda lo hecho y lo por hacer… Pero a tu ojo interno, es opaco lo transparente”.

Así habla mi guía. Así me dispongo y todo se hace transparente y quedo liberado de toda atadura… Estoy reconciliado, estoy purificado. Voy a la Ciudad de la Luz, esa ciudad jamás percibida por el ojo, nunca escuchada en su canto por el oído humano. (*)

…Siento que me detengo y que vuelvo a mi cuerpo. Mi corazón late, mis pulmones funcionan. Aquí estoy nuevamente. Pero esa verdad que alcancé a rozar, sé que obrará tarde o temprano, convirtiendo el sentido de mi vida.

Intercambio sobre la experiencia.

Los concurrentes discuten sus experiencias.

 

Recomendación.

No se sugieren trabajos de vencimiento de resistencias, porque éstas pueden estar ligadas a las particulares creencias del practicante y, por supuesto, que no es tarea nuestra modificarlas.


  1. Experiencias cotidianas y ocasionales.

Estas prácticas no responden a la mecánica de las experiencias guiadas. En rigor, se trata de procedimientos breves que el practicante utiliza con el fin de predisponerse positivamente en sus actividades diarias, y también para enfrentar situaciones de particular dificultad.

Las experiencias cotidianas y ocasionales se basan en la asociación de sentimientos positivos a determinadas imágenes.

Es de interés, tener en cuenta los siguientes requisitos:

1º Dada una frase a utilizar como experiencia, imaginar la escena que sugiere, emplazándose en ella como personaje central.

2º Al visualizar la frase como se ha indicado, asociarle el más fuerte sentimiento de certeza en cuanto al cumplimiento de la propuesta.

Veamos un ejemplo: “¡Voy hacia el día con fe!” Imaginarse a uno mismo, partiendo hacia las actividades diarias al tiempo que se experimenta la sensación de que el día es auspicioso.

Antes de dar una lista de experiencias de este tipo, debe advertirse que la misma no es exhaustiva sino ejemplificativa y que, por tanto, cada practicante podrá organizar las frases que utilice del modo que le resulte más conveniente. Por otra parte, las experiencias que incluyen al guía interno, serán provechosas únicamente si se ha configurado adecuadamente tal imagen efectuando previamente las experiencias guiadas que se refieren al tema.

1º EXPERIENCIAS COTIDIANAS

  1. a) ¡Voy hacia el día con fe!
  2. b) Tomo mis alimentos, para salud y fortaleza.
  3. c) Realizo mi trabajo con alegría.
  4. d) Descanso profundamente para equilibrio de cuerpo y mente.

 

2º EXPERIENCIAS OCASIONALES

  1. a) Esta injusticia que hoy sufro, me fortalece para mañana.
  2. b) Esto penoso que hoy me ocurre, es una enseñanza que agradezco.
  3. c) ¡Oh guía, dame fuerza, sabiduría y bondad!
  4. d) ¡Oh guía, acompaña mi soledad!
  5. e) ¡Oh guía, acompaña mi tristeza!
  6. f) ¡Oh guía, ilumina mi oscura senda!
  7. g) ¡Oh guía, fortalece mi amor!
  8. h) ¡Oh guía, fortalece mi alegría!

Por cuanto las experiencias cotidianas y ocasionales, son de elaboración y ejercicio individual, cada practicante verá de organizar su lista personal, utilizándola diariamente y en las situaciones especiales que hubiera previsto.


Notas ampliatorias

1 El Libro de La Comunidad, circuló inicialmente como un manual para instructores. Luego, como serie de apuntes en los que se simplificaban las complejas técnicas de Operativa, con la intención de hacerlas accesibles a personas no especializadas en el tema. Finalmente, a mediados de 1980 se dio por concluida la redacción definitiva del material y se oficializó su texto para toda La Comunidad.

Buena parte de la obra ha sido corregida en base a observaciones y comentarios recibidos desde distintos lugares del mundo, según los cuales los apuntes originales debían depurarse o ampliarse en puntos sustanciales. Por todo ello, aun cuando la redacción haya quedado a cargo de una persona, se considera al libro de autoría colectiva de La Comunidad. Consecuentemente, han sido registrados los derechos intelectuales a nombre de la Communaute pour I equilibre et le développment de l‟étre
humaln de París, prohibiéndose su reproducción total o parcial, a menos que ésta explícitamente lo permita.


2 La Mirada Interna, fue concluida por Silo, a fines del otoño (del hemisferio sur), de 1972. Es texto oficial de La Comunidad, habiéndose recomendado su traducción a las lenguas más importantes, con el objeto de ser difundida convenientemente. De particular importancia es su lectura, por la relación que guarda con los temas formativos del Libro de La Comunidad.


3 Autoliberación, fue concluido el 20 de Febrero de 1979, por Luis Alberto Ammann. En esa obra están ordenados los estudios y trabajos de Escuela que siguen los instructores en su capacitación para orientar a sus respectivas comunidades. El libro, es considerado texto oficial de La Comunidad. Ha sido recomendada su traducción a las lenguas más importantes, con el objeto de ser difundido convenientemente. Los temas de Operativa y Autotransferencia tratados en su parte final, son de especial interés por la estrecha relación que guardan con las experiencias guiadas del Libro de La Comunidad.


4 La exposición de la doctrina admite diferentes profundizaciones. Así, se le da un nivel distinto al presente comentario, respecto del que aparece en los temas formativos del capítulo II. En grandes rasgos, podemos decir lo siguiente:

A) El ser humano tiende al logro de lo que cree que es su felicidad;

B) El dolor y el sufrimiento se oponen a esa felicidad;

C) El dolor es físico y su retroceso depende del avance de la sociedad y la ciencia, mientras que el sufrimiento es mental y su retroceso depende del sentido de la vida que se tenga;

D) Se sufre por vivir situaciones contradictorias, pero también por recordarlas y por imaginarlas a futuro. Esas formas, son llamadas las “tres vías del sufrimiento”;

E) Puede haber provisorios “sentidos” de vida que permitan sobrellevar distintas etapas de la existencia, pero todos ellos están sometidos a esta definitiva verdad: “La vida no tiene sentido si todo termina con la muerte”;

F) El verdadero sentido de la vida surge con el reconocimiento de que no todo termina con la muerte. Este reconocimiento permite romper las tres vías del sufrimiento, dando unidad y dirección al ser humano. La vida sufre una conversión total y los problemas cotidianos aparecen dimensionados como problemas superables en el camino del aprendizaje y perfeccionamiento;

G) El reconocimiento de que no todo termina con la muerte, o lo que es igual, de la trascendencia más allá de la muerte admite las siguientes posturas: a) la evidencia indudable (aunque sea indemostrable e intransferible a otros), dada por la propia experiencia; b) la simple creencia dada por educación u ambiente como si fuera un dato indudable de la realidad; c) el deseo de poseer la experiencia o la creencia; d) la sospecha intelectual de la posibilidad de supervivencia sin experiencia, sin creencia y sin deseo de poseerlas;

H) Esas cuatro posturas y una quinta que niega toda posibilidad de trascendencia, son llamadas “los cinco estados del sentido de la vida”. Cada estado admite, a su vez, distintos grados de profundidad o definición. Tanto los estados como los grados son variables, pero en un momento dado de la vida, permiten definir la coherencia o contradicción de la propia existencia y, por tanto, el nivel de libertad o sometimiento al sufrimiento. Este es, además, un punto práctico, porque se puede examinar cualquier momento de la vida pasada ubicándolo en el estado que le correspondía, comprobando cómo la vida se organizaba de acuerdo a él. Lógicamente ese examen vale para comprender el momento actual;

I) Cualquiera sea el estado y el grado en que se encuentre una persona, puede avanzar o profundizar en él, merced al trabajo sostenido en la dirección que propone la doctrina. Resumiendo: La doctrina de La Comunidad explica que el verdadero sentido de la vida está relacionado con la afirmación de la trascendencia más allá de la muerte; que el descubrimiento de ese sentido, transforma a la vida influyendo en las tres vías de sufrimiento y que toda persona puede lograr o perfeccionar ese sentido cualquiera sea el estado y grado en que se encuentre respecto a él.


5 Silo, es decir: Mario Luis Rodríguez Cobos, nació en Mendoza, Argentina, el 6 de enero de 1938. Durante doce años fue educado en un colegio religioso. Posteriormente, se dedicó a la industria de oleaginosas. En la actualidad sigue radicado en Mendoza, ocupado en tareas agrícolas. Vive en un pequeño pueblo de los alrededores, con su mujer y su hijo. La designación de “Silo”, fue el sobrenombre que recibió por sus características físicas alargadas que hacían recordar a los silos de almacenamiento de trigo y otros granos, por lo demás muy frecuentes en su país de origen. Posteriormente, el apodo se convirtió en seudónimo al firmarse con él La Mirada Interna. Con ello, la corriente de pensamiento a que dio origen, comenzó a ser conocida como “Siloismo”.


6 Las primeras comunidades de estudio en torno a Silo, se organizaron en 1966 en Mendoza. Luego tomaron estado público en 1969 en distintos puntos de Argentina y Chile. Por aquel entonces, algunos grupos que se desarrollaban un tanto espontáneamente, asumían posturas diversas frente a la realidad que les tocaba vivir. Fueron numerosas las dificultades iniciales del movimiento, en ocasiones motivadas por el celo excesivo que las autoridades de aquellos países ponían sobre todo planteo inédito. Pero también, la falta de esclarecimiento de los nuevos miembros y la reacción natural frente a hostigamientos injustificados, contribuyó a la confusión original.

Más adelante, cuando las comunidades se desarrollaron en Otros países de América y comenzaron a funcionar en Europa, el proceso general había llegado aja etapa de madurez y coherencia necesarios como para sortear inconvenientes del tipo inicial.

Habiendo empezado la expansión de La Comunidad en los cinco continentes, no queda lugar a dudas en materia de doctrina y procedimientos. de los que el presente libro es un claro ejemplo. Hoy se forman comunidades espontáneas que son oficialmente reconocidas, en la medida en que cumplan con requisitos precisos. En tal sentido, ningún grupo puede arrogarse pertenencia a La Comunidad si no está encuadrado correctamente. La Comunidad, a su vez, no puede hacerse responsable de las
actividades de personas o conjuntos que no participan netamente del espíritu y estilo Siloístas.

En estos momentos, los miembros de La Comunidad están ya muy alerta sobre críticas que pudieran recibir de personas mal informadas. Por ello, siempre invitan a las reuniones de experiencia y a la consulta de los materiales oficiales. Es claro que La Comunidad no puede responder por cuestiones que nada tienen que ver con ella. Pero también existen aquellos que objetan, motivados por intereses extraños. En ese caso, siempre los miembros están dispuestos a aceptar mejores propuestas que las que hace La Comunidad, pero será necesario que los objetores expliquen qué es lo que ofrecen, para poder adherir a sus interesantes posturas. De esta situación, ha brotado en La Comunidad. una chanza que dice así: „más que la crítica, me interesa una buena oferta”.


7 Inicialmente, el libro de La Comunidad, presentó las reuniones semanales asociadas a fechas fijas, así: “primera semana de enero… segunda… etc.”. De ese modo, cada experiencia guiada quedaba determinada por el calendario. Pero la práctica demostró, dos cosas opuestas a esta manera de presentar el material: 1) que de aquel modo no se procedía de acuerdo a las necesidades que experimentaba una comunidad cualquiera en un momento dado, ya que de antemano estaba fijado el trabajo a realizar y, 2) que en caso de encontrar resistencias en una experiencia, aquel La Comunidad no tenía oportunidad de repetirla en la siguiente reunión, porque debía acometer nuevas
tareas fijadas de antemano.


8 Sobre catarsis y transferencia, consultar el capítulo de Operativa en el libro de Autoliberación.


9 Ver “pasos de la sesión transferencial” en la lección 32 del capítulo de Operativa en el libro Autoliberación, ver. 1981º, lección 7 del capítulo Practicas de Trasferencias de Autoliberación ed. 1991


10 Ver “pasos de la sesión transferencial” en la lección 32 del capítulo de Operativa en el libro Autoliberación, ver. 1981º, lección 7 del capítulo Practicas de Trasferencias de Autoliberación ed. 1991


11 En toda experiencia guiada hay una ambientación más o menos dilatada de acuerdo al “clima” que se necesita lograr para emplazar correctamente los núcleos de problema. Aún en la ambientación surgen, a menudo, resistencias. Sin embargo, no son ellas las que se tienen en cuenta, sino únicamente, las referidas a los núcleos mencionados. De acuerdo a esto, se podría preguntar: ¿Por qué no presentar directamente los núcleos, si ese es el meollo del trabajo? Tal cosa podría hacerse pero a riesgo de no profundizar el nivel de semisueño activo, con la emergente posibilidad de encontrar las mayores resistencias de racionalización, ocultamiento, u olvido. Para una mejor comprensión de este punto, consultar “indicadores” e “indicadores de resistencia” lección 30, del capítulo de Operativa en el libro de Autoliberación.


12 La experiencia guiada, además de constituir una novedosa herramienta de trabajo interno, irrumpe como un estilo literario totalmente inédito (por lo menos, de acuerdo a nuestra leal información). En efecto: reconocemos relatos, cuentos, historias, novelas y descripciones de todo tipo, escritas en primera persona, pero esa “primera persona” no es la del lector, sino la del autor.

En nuestro caso, sucede exactamente lo inverso. Por otra parte, en la formulación de los núcleos de problema, que representarían el “nudo” literario, la descripción sirve solamente de enmarque, llenando la escena el practicante con sus propios contenidos. Tal originalidad hace que en un conjunto de personas abocadas a la misma experiencia, cada uno de los partícipes construya su propio “nudo”, cosa que literariamente hablando destruiría cualquier argumento.

Por último, en toda producción, el lector o espectador (si se trata de representaciones teatrales, fílmicas o televisivas), puede identificarse más o menos plenamente con los personajes pero reconociendo en el momento o/a posteriori, diferencias entre dichos personajes que aparecen incluidos en la producción y el observador que, desde luego, está “fuera” de la obra y no es otro que él mismo. Pues bien, en la experiencia guiada el personaje no es sino el mismo observador, agente y paciente de acciones y emociones, que forman una estructura indisoluble. Podría llevarse más allá la diferencia, destacando que el “nudo” literario cambia no sólo para distintos practicantes sino para una misma persona a lo largo del tiempo, ya que al proponerse el vencimiento de las resistencias, se trata de modificar los núcleos de problema.

Por todo lo anterior, la experiencia guiada representa no sólo una interesante técnica de meditación dinámica sobre uno mismo, sino un género literario no explorado hasta el momento actual.


13 El cuadro por el que se penetra al parque de diversiones, está inspirado en la primera carta del juego del Tarot.

Al término de esta experiencia un joven de 27 años hizo la siguiente observación: “Durante casi toda la experiencia estuve alerta, como sobresaltado, esperando que los animales de la entrada despertaran, entrando al parque de diversiones. De pronto, al recordar una injusticia infantil, vi a dos cucarachas con las que me asustaba mi hermano mayor, (este hecho lo había olvidado hasta ahora, pero en cambio mi temor a las cucarachas ha sido constante). Al sugerirse la reconciliación con la injusticia, comprendí todo aquello como bromas infantiles sin importancia. De inmediato, desapareció el sobresalto por los animales de la entrada que eran, por supuesto, dos inmensas cucarachas. Tengo la seguridad de que este descubrimiento, acabará con mi fobia.


14 He aquí algunos comentarios hechos por jóvenes ingleses: 1.- “En la oscuridad experimento miedo, siento ratas que se aproximan, pero luego aparece el animal que temo: un perro alsaciano que me atacó una vez cuando estaba sola en el campo, lesionada. El registro es en el estómago y me siento desfallecer. Tengo el mismo registro, frente a situaciones difíciles con personas…, al final, aparece una rata nuevamente y logro tocarla”. 2.- “Temor terrible a la oscuridad y un escalofrío de color plateado que recorre mi espalda. Siento una culebra muy cerca mío. Sé que no puedo escapar porque hay un abismo. Cuando pequeña, mis hermanos tenían una culebra sobre la mesa en un frasco y no me dejaban comer. Mis padres no decían nada… También me doy cuenta de que mi hermano es mi enemigo y que mis padres fueron terriblemente injustos porque nunca dijeron nada a él y siempre me culparon a mí. Me quedo con la sensación de algo muy turbio todo eso. Ahora comprendo que debo trabajar con la injusticia y el enemigo”. 3.- “Soy muy niño, voy corriendo feliz por un enorme jardín y aparece esa araña peluda enorme. La siento en garganta y pecho. No puedo
respirar y me siento petrificado”. Sobre este caso, el instructor anota que el joven sufre de asma y que si en ella hubiera un componente síquico, el vencimiento de las resistencias daría al sujeto una distensión importante. 4.- “Al quedarse todo en silencio, salto. Aparece esa boa enorme con la boca muy abierta, intentando comerme. No puedo respirar bien y me quedo inmóvil. Inmediatamente aparece la escena de pequeña en un lago en el que casi me ahogo… Estoy bajo el agua, donde tampoco puedo respirar. Es exactamente la misma sensación. Luego salgo corriendo con facilidad y puedo respirar ampliamente, disfrutando del movimiento y de la hierba. Cuando traen al animal atado, ya no es más una boa, sino una pequeña lagartija que se tiende de espalda y ríe cuando le hago cosquillas en el abdomen. Me voy feliz dándome cuenta que en todas las situaciones difíciles, mi respiración cambia y quedo atascada. Si puedo cambiar mi respiración, puedo cambiar las situaciones y también mis sensaciones”. 5.- “En la oscuridad siento un temor muy fuerte. Siento la presencia y el sonido de culebras. Luego aparece la experiencia traumática de mi primer día de colegio y los niños que me persiguen con un frasco en el que hay una víbora muerta y en formalina.

Es una sensación de terrible repulsión estética, sobre todo por ese color violeta de la formalina. La profesora no hace absolutamente nada, y siento una horrible injusticia. Esta misma sensación de repulsión la experimento en aguas turbias donde no puedo ver el fondo y tal vez haya sapos, culebras y seres indefinidos. Conecto todo esto con el sexo y con el temor a que algo se exprese, algo de fuerte carga emocional que salga súbitamente. Al final, puedo tocar el cuerpo de la culebra pero no su cabeza… Me siento muy bien corriendo hacia la ciudad…, al correr, se me atraviesa una víbora, pero la salto y no me importa”.


15 Veamos algunos relatos, de personas de mediana edad: 1.- “La experiencia me sirvió mucho. Uno siempre piensa que si tuviera la oportunidad de hacer lo que quisiese haría mucho. Pero en este caso, enfrentado a la situación, comprobé que no sabía qué hacer. Estaba en un estado de confusión y sinceramente esperaba que alguien me dijera qué hacer”. 2.- “Creo que esta experiencia tiene mucho sentido, porque la veo relacionada con mi propia vida: mis amigos, son mis enemigos”. 3.- “Cuando mi enemigo se arrodilló, tuve una experiencia reconciliadora”. 4.- “Me di cuenta que el enemigo tenía mis propias características”. 5.- “Fue una experiencia natural, ya que las imágenes propuestas se deslizaban sin dificultad. Creo que cualquier persona puede reconocer que al confrontar a un enemigo “inmóvil”, dejan de sentirse las imágenes negativas anteriores y aparece un sentimiento reconciliador”.


16 La escena de los bomberos como agentes y ejecutores de la justicia está inspirada en el “Fahrenheit 451” de Bradbury. A su vez, los ancianos, como personificaciones del tiempo, recuerdan el “Apocalipsis” de Lawrence.

Sobre esta experiencia, recogemos el siguiente comentario de una señora centroamericana: “Durante mucho tiempo estuve creyendo que mi vida hubiera sido diferente si no me hubiera relacionado con “x”. Ahora comprendo que tal vez eso sea cierto, pero no puedo asegurar si las cosas hubieran derivado de mejor manera. En todo caso, comprendo que debo construir mi vida ateniéndome a la situación real que vivo y no a lo que imagino que hubiera sido “la mejor”.


17 Este fue el comentario de un afamado escritor argentino: “La exposición de La Nostalgia, me pareció de una cursilería irresistible. Luego comprendí que reflejaba situaciones que yo mismo había vivido. Ahora pienso que la experiencia está pintada en esos trazos chillones, con una clara intención (inclusive estética) por alguien que conoce muy bien el alma humana. En todo caso, reconozco que el trabajo me resultó beneficioso”.


18 El tema del gigante está inspirado en el “Gargantúa y Pantagruel” de Rabelais. En cuanto a la imagen de la pareja ideal, recuerda a las proyecciones holográficas de “El fin de la infancia” de Clarke.

Este fue el comentario de un hombre de edad, muy cultivado, dedicado a la producción industrial: “De pronto quedé sorprendido al sentir un fuerte tirón interno en el sexo, como si el aumento de la intensidad del fuego se produjera en mi cuerpo. Tengo la sensación de que nuestros gustos, amores, fantasías están relacionados con la educación pero sobre todo, con el propio cuerpo y su funcionamiento”.


19 El argumento está tratado dentro de un contexto clásico, aun cuando las escenas de la ciudad recuerden a Venecia o tal vez, Ámsterdam. El recitado de las primeras mujeres es una modificación del himno órfico a Tánatos, que dice así: “Escúchame, ¡oh, Tánatos, cuyo ilimitado imperio alcanza dondequiera a todos los seres mortales! De ti el plazo a nuestra edad concedido, depende, que tu ausencia prolonga y tu presencia ultima. Tu sueño perenne aniquila a las multitudes vivas y de ellas el alma gravita por atracción, hacia el cuerpo que todos poseen, cualquiera sea su edad y su sexo, ya que ninguno escapa a tu poderosos impulso destructivo”. El recitado del segundo coro, se basa en el himno a Mnemosina, que dice así: “Tú tienes el poder de despertar al aletargado uniendo el corazón a la cabeza, librando a la mente del vacío, vigorizándola y estimulándola, alejando las tinieblas de la mirada interna y el olvido. Ven, bienaventurada potestad. Despierta la memoria de tus iniciados en los sagrados ritos, y rompe las ataduras del Leteo”.


20 Un curioso comentario: “Al levantar la tapa del fondo del mar, vi que se trataba del sepulcro de mi padre. Súbitamente comprendí la extraña sensación que me acompaño durante años al tratar de bucear o simplemente sumergirme en el agua. También caí en cuenta sobre el significado de mi desconfianza a las bajadas en escaleras o en ascensor, y mi horror ante un posible “descenso” en el status. Creo entender que no he resuelto un fuerte sentimiento de culpa que experimento al evocar a mi padre, pero sé ahora que si viviera ya me hubiera perdonado. Por lo demás, tengo gran curiosidad por experimentar lo más pronto posible, qué sucederá cuando me sumerja en el agua”.

El instructor supo tiempo después por boca de practicantes, que éste había hecho todo tipo de pruebas en el agua, en escaleras y en ascensores, habiendo comprobado la superación de sus aprehensiones. Otro tanto había sucedido con su “horror a la pérdida de status”. El hombre explicó, finalmente, que lo más importante fue la sensación de que estaba reconciliado con su padre.


21 Ver “Sondeo catártico” y “Catarsis” en las lecciones 23, 24 y 25 del capítulo de Operativa en el libro de Autoliberación, ver. 1980, o lección1, 2 y 3 del capítulo de Operativa, ver, 1991.

En esta reunión de experiencia una joven había perturbado el trabajo conjunto con extrañas expresiones a media voz, acompañadas a veces, por llantos y bruscos movimientos. Al terminar el trabajo, dijo al grupo: “Les ruego que me disculpen si los interrumpí, pero sucedió algo muy importante para mí. Creo que por primera vez en la vida pude contar a otra “persona” unas cuantas situaciones muy aflictivas.

Cuando el deshollinador extrajo sus pinzas, salió de mi interior una especie de culebra que relaciono con todos mis problemas. Creo que comprendo muy bien el significado de los exorcismos y aquello de “sacar los demonios del cuerpo”. En esa frase figurada, hay un gran conocimiento…

Otra cosa que quisiera agregar, es que estoy sorprendida de hablar en público sobre mí misma, cosa que no recuerdo haber hecho jamás, con todas las consecuencias de apocamiento y timidez que todo el mundo me ha reprochado siempre. Les pido disculpas y también les agradezco la gran oportunidad que me dieron al no interrumpir este proceso, tan pero tan bueno para mí”.


22 La protectora de la vida, está inspirado en la carta 21 del Tarot. En las cartas “taroquis” aparece la imagen más aproximada a la de esta experiencia, no así en la primera recopilación de Court de Gebelin o del Tarot de los Bohemios, o por último del seudo Tarot egipcio. Sobre el “anima mundi” (llamada “el mundo” en el Tarot), hay un grabado muy ilustrativo en el libro de Fludd “Utriusque Cosmi Maioris”, publicado en 1617. Jung, se refiere también a este personaje en sus “Transformaciones y símbolos de la libido”. A su vez, las religiones no dejan de tener en cuenta estas vírgenes de las grutas. En ese sentido, la protectora de la vida, es una virgen de las grutas con algunos elementos del paganismo griego, tales la corona de flores y el cervatillo que lame su mano, recordando a Artemisa o su contrafigura romana, Diana. No sería difícil cambiar su corona por una de estrellas, o asentar sus pies sobre una media luna, para estar en presencia igualmente de una virgen de las grutas, pero patrimonio ya de las nuevas religiones que desplazaron al paganismo.

La ambientación del argumento, no obstante, es tropical por su aptitud distensadora. La calidad del agua, a su vez, hace rememorar al elíxir de juventud; temas todos muy diversos, pero que combinados sirven al mismo objeto de lograr reconciliación con el propio cuerpo.


23 Algunos comentarios: 1.- “Es interesante comprobar que mis movimientos, en la experiencia, son similares a los de mi vida diaria. La experiencia me confirmó mi inseguridad y falta de confianza en mí mismo, pero desde luego, con esto no bastará para que supere mis dificultades”. 2.- “Nunca había trabajado con imágenes de esta forma. Comprobé que muchos de los movimientos de avance y retroceso no los quería hacer deliberadamente. Fue importante darme cuenta de lo difícil que es para mí tomar una decisión y llevar la iniciativa. El ejercicio me sirvió para comprobar la falta de decisión, respecto a mis actitudes de todos los días”. 3.- “Como consecuencia directa de la experiencia y de los comentarios hechos, produje dos decisiones y acciones: a) reconciliarme y establecer un puente con alguien que me disgustaba y b) dejar mi trabajo y encontrar uno nuevo en el que me encuentro verdaderamente a gusto”.


24 Este trabajo toma el mismo nombre de la comedia que Aristófanes hizo representar en el 424 a.c. En toda la experiencia hay un trasfondo alegre y burlón en homenaje a la intención de la obra griega. La voz que se escucha al comienzo, contrae en una misma explicación, los “génesis” de tres obras importantes. Así, el cántico de la creación del Rigveda, nos dice: “Entonces, no había lo existente ni lo no existente; no había reino del aire, ni del cielo, más allá de él”. En cuanto a que “…las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”, es textual del libro primero de Moisés (Génesis 1,2). Y lo referente a “…no había ni seres humanos, ni un sólo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera,
piedra, caverna, barranca, hierba, selva”, corresponde al “Génesis” del Popol-Vuh (libro del consejo de los indios quichés, según el manuscrito de Chichicastenango).

Aquello según lo cual “No había galaxias ni átomos”, nos ubica ya en nuestra época y por último: “…tampoco había allí supermercados”, es la condensación de la explicación que diera una hermosa niña norteamericana de cuatro años. La anécdota es ésta: -Dime Nancy, ¿cómo era todo antes de que empezara el mundo? “No había papá, ni mamá -repuso la pequeña- tampoco había allí supermercados”.

En cuanto a los comentarios recibidos sobre esta experiencia, una señora de Múnich, explicó: “A medida que subía por la escalera mecánica volvía la cabeza hacia atrás, comprobando que el supermercado me seguía. Luego, llegué a las nubes y el supermercado continuaba pegado a mis espaldas. Comprendí que me sucedía exactamente lo que en la vida cotidiana, con los objetos de consumo. Entonces, me dije: allí veo a un buen amigo, debo interesarme por él. Gracias a ello, el supermercado desapareció y pude continuar con la agradable experiencia. Todo esto me ha dejado una inquietud: debo cambiar rápidamente mi dirección hacia las cosas”.


25 El hombrecillo de la mina es un gnomo, personaje de las profundidades muy difundido en leyendas y cuentos europeos. Desde el punto de vista de la interpretación alegórica que propone nuestra sicología, no es sino la traducción a imagen visual de impulsos cenestésicos viscerales.


26 Son numerosos los temas que evocan el “Alicia en el país de las maravillas” y el “A través del espejo” de Carroll. Recordemos las expansiones y contracciones de este paisaje: “Está bien, lo comeré -dijo Alicia-. Si me hace más grande, podré alcanzar la llave; si me hace más chica, podré colarme por debajo de la puerta. ¡De un modo u otro entraré al jardín, pase lo que pase!… Comió un pedacito y se preguntó ansiosamente: -¿En qué sentido?, poniéndose la mano sobre la cabeza para percibir si se alargaba o acortaba”. Y en este otro fragmento, los transformismos de espacio: “Supongamos que el cristal se volvió tan tenue como la gasa, de manera que podemos pasar a través de él. ¡Vaya, ahora se está convirtiendo en una especie de niebla! Será bastante fácil atravesarlo…”

También en “El señor de los anillos” de Tolkien, encontramos la modificación de las imágenes en el espejo mágico, como por otra parte sucede en casi toda la mitología universal. En cuanto a la transformación del ser humano en animal, una línea sin interrupción conecta las más antiguas tradiciones con “La metamorfosis” de Kafka. De manera que estos temas son ampliamente conocidos y, sin embargo, muchos participantes de las experiencias guiadas se sienten extrañados por su originalidad. Nosotros creemos como en el “Fedro” de Platón, que “los mejores escritos solo sirven, en realidad, para despertar los recuerdos de los que ya saben”.


27 El tema de las cuatro nubes está inspirado en el “Apocalipsis” de Juan de Patmos (6,2 a 6,9): “Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente que decía: Ven y mira. Y miré y he aquí, un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano… Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser
viviente que decía: Ven y mira. Miré y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía”. Esta experiencia guiada se basa en el esquema que siguen todas: 1) entrada; 2) aumento de la tensión; 3) presentación de los núcleos de problema; 4) solución de los núcleos; 5) distensión y 6) salida en un clima positivo.

El enrarecimiento general del argumento, se ha logrado destacando la indefinición del tiempo (“No estoy seguro si está amaneciendo, o cae la noche”); confrontando espacios (“Veo que el gigante separa netamente dos espacios: aquél del que provengo, pedregoso y mortecino; del otro, lleno de vegetación y vida”); cortando la posibilidad de conexión con otras personas que, sin embargo, sufren la misma situación (“Pregunto a mi compañero acerca de lo que está sucediendo. Me mira furtivamente y responde en una lengua extraña: ¡Rex voluntas!”) y dejando al protagonista a merced de fuerzas incontrolables (calos, terremotos, extraños fenómenos astronómicos, aguas contaminadas, clima de guerra, gigante armado, etc.).

Gracias a los recursos mencionados, el sujeto, saliendo de ese tiempo y espacio caótico puede reflexionar sobre su pasado y hacer propuestas de cierta solidez a futuro.


28 La experiencia está inspirada en “La Divina Comedia” del Dante. Así en el dintel de la famosa puerta, Dante y Virgilio, leen: “Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al dolor eterno; por mí se va a la condenada raza; la Justicia anima a mi Sublime Arquitecto; me levantó la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría y el Primer Amor. Antes de mí no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”.


29 La tercera vía que rompe la repetición, está inspirada en la “Andrómaca” de Eurípides. Recordemos: “…y de los caminos cerrados, siempre un dios halla salida”. Un comentario: “Me di cuenta que las cosas que quería eran contradictorias: brillar y hacer carrera, contra tener un hijo. Esa oposición es la misma que vengo arrastrando a lo largo de mi vida. Veo que si algo nuevo no alcanza a irrumpir, mi futuro será igual…, así hasta la muerte”.

Un joven que venía participando de las reuniones de experiencia, al terminar ésta, comentó: “Fue una experiencia muy bien integrada. La secuencia de imágenes coincidía con lo que estaba viviendo en ese momento. La necesidad de un cambio radical era exactamente lo que estaba advirtiendo desde hacía un tiempo, cosa que había tenido en cuenta sólo intelectualmente. ¿Cómo es posible realizar ese cambio? ¿De dónde salen estas experiencias poéticas que relaciono con mis sueños más profundos? ¿Es posible producir un cambio radical con sólo una práctica semanal que no pasa de la media hora? ¿Cómo profundizar la meditación sobre el sentido de la vida?  seguramente estas preguntas tienen su justa respuesta, entre tanto y pese a mi incertidumbre, el entusiasmo renace en mi interior”.


30 El veloz desplazamiento en la burbuja, recuerda ese viaje tan espléndidamente narrado por Stapledon en “El hacedor de estrellas”. La descripción del efecto Doppler en el cambio de coloración de las estrellas por acción de la velocidad, queda en la experiencia guiada, disimulado con esta frase: “Las límpidas estrellas van virando de color, hasta desaparecer en la oscuridad total”.

Un hombre maduro, albañil de oficio, comentó: “Cuando apoyé la esfera en mi frente sentí una especie de vibración eléctrica y luego vi luz…, era una luz diferente a la que estamos acostumbrados a ver. Era una luz que tenía un sentido distinto. No sé cómo describirlo. Siempre creí que había otra cosa, pero ahora sé que hay otra cosa”.


31 En “Cielo e infierno”, Huxley anota: “Para la mayoría de nosotros, el mundo de la experiencia cotidiana es casi siempre insípido y monótono. Sin embargo, para unos cuantos con frecuencia y para bastantes de cuando en cuando, algo de la brillantez de la experiencia visionaria se derrama, como si dijéramos sobre la visión corriente, transfigurando el universo cotidiano”.

En esta experiencia, un sicólogo comentó: “Vi que, efectivamente, podía inducirse un estado de “percepción abierta” sin apelar a drogas y otros procedimientos más o menos disociadores (pienso en las prácticas de sobre vigilia; ayuno, regímenes alimenticios de bajas calorías, encerramiento en inmovilidad y a oscuras, trance experimental y religioso, etc.). Este hecho, representa de por sí un gran avance por su inocuidad y por las posibilidades que brinda al investigador de los estados
especiales de conciencia. Pero además y desde el punto de vista de la práctica profesional, ¿no se podría contar con las experiencias guiadas como eficaces herramientas de terapia? Me explican que no están concebidas con esa intención, sin embargo pienso que no debería desdeñarse tal posibilidad.

Por último, viéndolas desde el ángulo de la Sicología Social, tal vez pudieran orientar a un número impresionante de personas que apelan a la droga y al alcohol como panacea sicológica. Estas son inquietudes que presento ante ustedes. En lo que a mí respecta, esta materia me abre un campo de estudio que no hubiera considerado hace solamente pocas horas atrás. Tal vez se deba a que he quedado fuertemente impactado por esta experiencia”.


32 Esta experiencia está inspirada en el capítulo XIV de La Mirada Interna (La guía del camino interno). Es recomendable consultar también: el Bardo Thodol tibetano; el Libro de la salida a la luz del día, egipcio (conocido como libro de los muertos), y el Tai ging hua dsung dschi, chino (del cual Wilhelm hizo una buena recopilación).

La experiencia parece afirmar lo que declarara Bergson en Las dos fuentes de la moral y de la religión: “El cuerpo, indudablemente, es para nosotros un medio de obrar, pero también un impedimento para percibir… Si este mecanismo se descompone, la puerta que mantenía cerrada se entreabre y algo pasa de un “de fuera” que es acaso un “más allá”.